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domingo, 14 de febrero de 2010

Normalidad completa

A partir del 22 de julio, la normalidad en Ferrol ha sido completa. El Comandante Esperante, encargado de la Alcaldía y delegado de la Autoridad Militar durante 48 horas, reorganiza rapidísimamente los servicios sanitarios, abastecimientos, transportes, alumbrado, servicio de aguas y demás servicios de seguridad y orden público, entregando la dirección y mando de todos ellos, el día 24, al Contralmirante en situación de reserva D. Antonio Vázquez Permuy, que con energía y tacto especial, continuó la obra de saneamiento y justicia social de la Nueva España, orientando, dirigiendo e impulsando en la población civil, las primeras aportaciones de Ferrol al Movimiento Nacional.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

sábado, 13 de febrero de 2010

Balance de la jornada

Es realmente asombroso que, dada la enorme cantidad de disparos que se hicieron en Ferrol durante los dos días de la revuelta, no hubiese que lamentar más de 40 personas muertas, incluyendo en este número un cabo y dos soldados de Artillería, los asesinados en los barcos de guerra y dos clases que se suicidaron en el Arsenal. Con todo, Ferrol, es una de las poblaciones de España que más han sufrido desde los primeros momentos. Pueblo esencialmente militar y marino, si no sufrió los horrores de la guerra en su campo, hubo de padecerlos en sus más caros sentimientos; si los sucesos desarrollados en la ciudad llevaron el luto sólo a contados hogares, los sucesos de España enlutaron a la población toda. ¡Muy contadas serán las familias que no tuviesen algún pariente próximo o lejano en los regimientos de Madrid, Málaga, Valencia, Cataluña o en alguno de los barcos de guerra en donde tantas tragedias se han desarrollado!

Además, en los primeros tiempos del Movimiento, fue Ferrol objeto predilecto de los bombardeos aéreos por parte de los rojos. Varias veces, en término de dos meses, recibió la visita del pájaro negro. La primera vez el día 15 de agosto con hora y media de bombardeo, habiendo ocasionado tres muertos y algunos soldados artilleros heridos. La segunda el 27 de agosto, lanzando como la primera vez bombas de más de 100 kilos, que cayeron en los alrededores, matando en la playa a un bañista; y, en septiembre, los tres últimos bombardeos (con bombas de 250 kilos esta vez) sin que los objetivos militares hubiesen sufrido lo más mínimo, acaso por operar siempre a más de 5.000 metros de altura.

Es de notar la coincidencia de que las incursiones a Ferrol de la aviación roja, se realizaban siempre cuando las baterías antiaéreas estaban en reparaciones o se procedía a un mejor emplazamiento de las mismas, o por cualquier otra circunstancia militar no podían ser utilizadas: prueba evidente de que el espionaje estaba bien llevado y hacía su obra.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

viernes, 12 de febrero de 2010

Lealtad del Velasco

¡Página gloriosa la escrita por el Velasco los días 20 y 21 de julio en Ferrol!

La Marina Española... aquella Marina que un día dijo querer más honra sin barcos que barcos sin honra, vio sus barcos batidos por el huracán masónico-soviético, y su honra en peligro de ser prostituida por soviéticos masones. Pero... el Velasco, con peligro de su propia vida, salvó denodada y valientemente en Julio del 36, la honra de la Marina, en aguas de Galicia.

¡¡A bordo del Velasco... había un Jefe!!

El Capitán de Corbeta Sr. Calderón, subiera a bordo del Velasco el primero de mayo anterior. Su primer cuidado fue estudiar la dotación, fijándose principalmente en el Contramaestre, hombre naturalmente noblote, al que trata de ganar a fin de que le sirviera de puente para llegar al resto de la dotación.

Días antes del movimiento, el Contramaestre trató de embarcar en el Canarias; pero Calderón -que ya descubriera las buenas cualidades de aquel hombre- se sincera con él y claramente le dice, que no está lejana la hora de un movimiento "que redima a España de la opresión ominosa y terrible en que la tienen sumida".

Calderón lo sabía. En el mes de marzo se lo había dicho en Valencia, estando él de tercer Comandante en el Cervantes, don Francisco Moreno.

-¡Quédese..., lo necesito! -dice a D. Amador, que así se llamaba el Contramaestre-. Vaya preparando la gente con consejos, haciéndoles ver las atrocidades que se están cometiendo en todas partes y... del modo que V. vea; pero procurando que esté dispuesta en todo momento.

¡Y el momento llegó!

Calderón, como el Comandante del España, obedecía órdenes de la Superior Autoridad de la base que, respecto al Velasco, eran las de defender a toda costa la puerta del Arsenal.

Mediado el día 20, manda dirigir los cañones enfilando la referida entrada, y arma a toda su gente incluso con bombas lacrimógenas, encargando al 2º que, cuando procediese al reparto de armas, tuviese buen cuidado de dejar sin ellas a un marinero llamado Hermo, fichado ya anteriormente como elemento comunista y peligroso.

Al inspeccionar el cumplimiento de estas disposiciones, observa el Comandante que el tal Hermo estaba también provisto de armas como los demás. Llama al 2º y... la pregunta natural:

-¿No le dije a V. que al marinero ese no le diesen armas?

-Sí... pues... no sé; pero, se le desarma.

-No, ahora no -dice Calderón- y llamando aparte al marinero aquel le dijo:

-Mira muchacho: yo te conozco. Sé como piensas y cuales son tus ideas. Yo podría encerrarte pero... no voy a hacerlo. Sólo te pido una cosa: que si por tus convicciones has de verte obligado a disparar contra alguien... que ese alguien sea yo.

-No, mi Comandante -responde Hermo entre confuso y avergonzado- V. tiene una idea equivocada de mí. Y... ¡lo que puede el permitir a las personas que alternen y proceder con ellas cariñosa, franca y noblemente! Hermo, fue uno de los que mejor y más valientemente se portaron.

En la tarde de este día, el Velasco, colocado a igual distancia del Cervera y del España, en medio de los dos, recibe en forma de balazos, los saludos, primero del Acorazado, y luego del Crucero. Tres marineros y un oficial que estaban al lado del Comandante, cayeron heridos sobre cubierta.

Calderón, que no esperaba esto, alarmado por el peligro que corría la dotación de su buque, ordenó que todos se refugiasen bajo cubierta. Momentos después bajó también él, y pudo observar algo sospechoso en la gente de máquinas; acaso algo de nerviosismo y desorientación tan solo, pero, lo suficiente para colocarles una arenga que los detuviese en sus reflexiones, si estas iban por mal camino.

Así estuvieron hasta la noche, guarecidos bajo cubierta y sin disparar, por orden del Comandante.

Este silencio del Velasco no dejó de intrigar al Cervera y España que, llegada la noche, hablan por Scot preguntándose mutuamente cual era la actitud del Velasco.

Les interesaba mucho conocerla, porque en sus planes estaba efectuar un desembarco por la puerta del dique precisamente, y hacia aquella puerta miraban los cañones del Velasco.

La situación del barco leal no era muy halagüeña que digamos; pero tampoco ofrecía mayores peligros. Ni el Cervera ni el España podían hacer uso de sus cañones; el uno por hallarse en dique y por carecer de proyectiles el otro. Esto lo sabían en el Velasco y por eso estaban relativamente tranquilos, cuando ven que el Cervera comunica al España: -"Voy a dar agua al dique para cañonear al Velasco y asaltarlo".

Ante la gravedad del caso, cambian impresiones el primero y segundo del Velasco y deciden mandar a la marinería a la Casa de Ingenieros, desde la que podía dominarse al Cervera e impedir que su gente saliese a abrir las bombas para dar agua al dique. En el Velasco no habían de quedar más que los heridos, el practicante y Calderón que, pensando en un posible asalto, tira al agua las cajas de pólvora, e inutiliza los cañones, cuyos cierres entrega al segundo y oficiales, que han de salir a tierra con el resto de la dotación.

Esto era lo convenido con el resto de los Comandantes. Pero, en el momento de abandonar el barco, el Contramaestre y ocho marineros se niegan terminantemente a dejar a su Comandante y... allí estuvieron, a proa toda aquella noche, esperando intranquilos, pero valientes y decididos, lo que pudiese traerles el día siguiente.

Lo que al día siguiente sucedió en torno al Velasco y en el Arsenal, consta ya en los anteriores relatos. El Cervera y el España no tiran ya al Velasco creyéndolo acaso totalmente abandonado, disparan en cambio con insistencia hacia la terraza, tenazmente defendida por la dotación de aquel, otras fuerzas leales y algunos Jefes como D. Francisco Moreno, que allí habían acudido buscando un puesto en los lugares de mayor peligro.

Hacia las ocho de la noche de este segundo día, rendido ya el Cervera, de la Terraza sale una voz cuyo eco llega hasta el Velasco: -Velasco ¡Abandonad el barco!

El Comandante, manda entonces al Contramaestre D. Amador Fernández, que fuese a enterarse de quien partiera aquella orden. Fue D. Amador, y volvió diciendo que la Terraza estaba abandonada y los alrededores también. ¿Qué había pasado? En el Velasco nada sabían. ¡Podían haber pasado muchas cosas y algunas muy desagradables!

Además, comenzaba a sentirse hambre, pues en el Velasco no habían quedado víveres de ninguna clase.

-Váyanse Vds. -dice el Comandante a los pocos hombres que quedaban en el barco.

-No señor, contestan ellos, ya que le acompañamos hasta ahora, le acompañaremos hasta el fin. ¡Lo mismo da morir aquí que morir en tierra! Y en tal estado de ánimo, dispuestos a morir su necesario fuera antes que entregar el barco, pasaron la noche toda del martes, turbada de cuando en cuando por los disparos que hacía aún la dotación del España. Y fue esta noche, cuando a bordo hicieron los defensores del Velasco la última comida, que era también la primera desde que había empezado el Movimiento.

¡Sentían hambre! No habían comido desde el mediodía del lunes. Pronto amanecería el miércoles... ¡Sentían hambre! Hablaban de como resolverían la cuestión de víveres si aquel estado de cosas se prolongaba, cuando, un galleguito de esos en quien Dios puso alma de héroes y corazón de madres, dijo en tono de triunfo cual si él hubiese acabado con el problema: -Eu teño o primeiro bolo que me deron no servicio, qu'o tiña para levalo â casa de recordo; bou a buscalo. -Y fue: y... metiéndolo en agua durante algún tiempo y adobándolo luego con aceite... ¡eso comieron la última noche de la revuelta en el Ferrol, los valientes y leales defensores del Velasco!

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

jueves, 11 de febrero de 2010

Móviles de la sublevación en Ferrol

Del relato que antecede referente a lo sucedido en los barcos sublevados, aparecen claros y definidos como móviles principales de la sublevación: la enemiga de clases y suboficiales a la Oficialidad del Cuerpo General de la Armada, y los sectarismo marxistas que, en los barcos, habían adquirido carta de ciudadanía, sin que nadie se preocupase de cortar sus avances destructores.

Allí donde los Jefes supieron imitar al viejo marino que, siendo el capitán de todos en su barco era también el padre y el amigo de todos; allí en donde clases y marinería sintieron constantemente sobre sí la mirada vigilante de los de popa junto con la debida consideración y el afecto paternal, que no excluye el castigo sino que lo transforma; allí en donde la gente de proa (cabos y marineros) se les servía en conversaciones y conferencias, el antídoto espiritual contra las doctrinas malsanas importadas de tierra, allí... ¡no ha pasado nada! No se oyeron los gritos tan repetidos en los barcos sublevados: "¡Hay que acabar con el Cuerpo General!" "¡Ahora comprenderán que no somos oficiales de cartón!" y otros por el estilo, en los que se reflejaba la envidia de las jerarquías y la ambición del mando, ni encontrar pudo el movimiento insurreccional y antipatriótico del Marxismo, caudillos de valía ni auxiliares eficaces.

¿Pruebas? Lo acaecido por ejemplo en el Destroyer Velasco del que pasamos a ocuparnos, y lo sucedido en el Polígono "Janer" de Marín, del que hablaremos en el lugar correspondiente.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Torpedero Número 2

El Torpedero Nº 2 que, en los primeros momentos pareció ser completamente leal a la causa de España, pronto se vio también marcado con la infamia de la sublevación.

Saliera en la madrugada del día 21 de julio de Ferrol para el puerto de La Coruña. Allí recibió un radiograma del Vicealmirante de la base, manifestándole que, de Ferrol, había salido el "Xauen" sin autorización, suponiéndosele por ello sublevado.

En vista de esta comunicación, el Comandante del Torpedero se hizo a la mar en zafarrancho de combate, cruzando hasta Cabo Prior. A la hora de haber salido advirtió en la boca de la ría la presencia de un Uad, y tomándole por el Xauen, mandó dar la voz de fuego que, al no ser cumplimentada, volvió a repetirse. Como entonces no lo fuese tampoco, bajó el Segundo al cañón de proa, donde el cabo Allegue, encargado del mismo, se disculpó, diciendo que no había disparado, porque... "no se distinguía bien el blanco". En aquel momento se comprobó que el buque no era el Xauen, y se ordenó "alto el fuego".

Pocos momentos después, aparecía el Xauen, y, al ver que llevaba enfundados los cañones, el Torpedero se le acercó, siguiendo con él viaje a La Coruña.

El cabo Díaz y el marinero Suárez de la dotación del Torpedero, infundieron sospechas al Comandante, razón por la cual éste, los hizo subir a cubierta para comunicarles una orden de la plaza, desarmándolos seguidamente. Esto levantó una viva protesta por parte del resto de la dotación, protesta que había de terminar con la detención del Primero y Segundo, en el momento mismo en que el Xauen abandonaba el puerto, pasando cerca del Torpedero, ya sin oficiales.

Inmediatamente el Torpedero levó también, haciendo rumbo a Ares en donde los sublevados pretendieron desembarcar a los dos oficiales detenidos, si bien, a petición de los mismos, lo hicieron luego en Puentedeume.

El 22 de julio regresó el Torpedero a Ferrol con su dotación, acompañado del Uad Martín y bajo el mando del segundo de este buque, pues los oficiales desembarcados en Puentedeume, no aceptaron volver a bordo del Torpedero, cuando a ello fueron invitados por la dotación, que enviara un bote a tierra para recogerlos.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

martes, 9 de febrero de 2010

El Contra-Maestre Casado

El Casado estaba también en aguas de Ferrol en julio del 36. Aunque los hechos en él ocurridos no revisten la gravedad de los del Cervera y del España, daremos sin embargo de ellos una sucinta referencia, que a nuestros lectores sirva de base y punto de partida, para enjuiciar conductas y personales actitudes.

A las tres de la tarde del día 20 de julio, formaba sobre cubierta la dotación del buque que, armada, pero sin municiones por orden del Segundo, escuchaba en esta posición la lectura de una arenga del Comandante, rompiendo luego filas y quedando por cubierta en espera de órdenes.

Al empezar el tiroteo en distintas direcciones dentro del Arsenal -entre el España y el Cervera, Cuartel Viejo, Brigadas de Marinería, y las escasas fuerzas de Infantería de Marina que custodiaban las puertas del parque y del Dique, correspondientes al Arsenal Militar- el Comandante del Casado ordena que todo el personal se resguarde a la banda de estribor, y allí permanezca en espera de nuevas órdenes.

A las cinco de la tarde, el Condestable, obedeciendo órdenes del Segundo, entrega a cada uno de los Auxiliares una pistola con sus correspondientes municiones, que saca de la Cámara de Oficiales en donde estas se guardaban.

Media hora más tarde, según atestigua el Auxiliar de Artillería, el Segundo Comandante ponía (por sí mismo esta vez) en manos de un tal Martínez, cabo de fogoneros, tres paquetes de municiones, y corría luego a encontrarse con el primer Comandante en la Cámara de Oficiales, a donde fueron convocados todos los Auxiliares, con objeto de inquirir el parecer de cada uno de ellos en aquellas circunstancias.

Como a la pregunta del Comandante: -"¿Qué les parece a Vds.?"- callasen todos; se dirigió éste concretamente al más antiguo, D. José Vázquez, quien opinó: "Lo mejor es continuar como hasta ahora, tener prudencia y esperar".

-Esa es mi opinión -dijo el Comandante- y la de todos los Oficiales.

Los Auxiliares todos, preguntados a continuación, opinaron de igual manera.

A nueva pregunta del Comandante, contestan algunos que, "el nerviosismo e intranquilidad de la gente, eran debidos sin duda, a no saber si se estaba al lado del Gobierno legalmente constituido, o no".

-Yo obedezco órdenes del General -dice el Comandante- y, puesto que éste no está destituido, supongo que las órdenes serán del Gobierno.

Todo marchaba bien a bordo. La postura... "permanecer como hasta ahora, tener prudencia y esperar", no sólo era la más cómoda, sino que efectivamente parecía la mejor: ¡eran las diez de la noche, y, sin alguien podía quejarse de haber recibido la más pequeña incomodidad en el Casado, era tan solo el barco, que mostraba las señales de algunos impactos en la superficie de su casco!

Sin embargo... los hechos iban a demostrar muy pronto, que la opinión expuesta por el Auxiliar Vázquez, no era precisamente la que mejor respondía a las circunstancias.

Poco después de las diez de la noche, llegaba al Casado una orden por la que se disponía el cese del Comandante y Oficiales, y se les conminaba a que entregase el barco a la dotación, y se entregasen ellos en calidad de detenidos. La orden, procedente del Cuartel de Brigadas, venía escrita en un simple papel sin firma ni signo alguno que permitiese identificar a la autoridad que la dictara, razón por la cual, el Comandante ordenó a los Auxiliares Vázquez y Noche, que fuesen a Brigadas a enterarse de este y otros extremos. En Brigadas, no supieron o no quisieron decir a los comisionados quien había enviado la orden de referencia; pero les hicieron sí, la advertencia, de que, si no se acataba, sería impuesta por la fuerza. En prueba de la firmeza de tal decisión, los emisarios del Casado son escoltados a su regreso, por una patrulla de 30 o 40 hombres que, al pie del barco, quedan esperando la noticia de que Jefes y Oficiales habían entregado las armas.

Cuando los Auxiliares Vázquez y Noche entraron en la Cámara de Oficiales, acompañaban al Comandante, y con él comentaban la extraña nota de Brigadas, D. Diego Romero, D. Julio Catalá y el Contador. Escuchan estos las referencias que aquellos hacen de la situación y, cuando ni tiempo habían tenido de pensar en la gravedad de la misma, irrumpe en la Cámara un grupo de marineros que, sin más ni más, comienzan a recoger todas las armas que estaban encima de la mesa y trinchero, así como unas cajas de municiones que allí había, y que se repartieron entre sí.

Aparte de esto, ninguna otra cosa que sepamos, digna de mención, ocurrió en el C. Casado, en donde el Comandante y Oficiales fueron tratados con todo género de consideraciones, desde el momento de su detención, hasta el día siguiente 21, en que a las tres de la tarde, la dotación depuso su anterior actitud un tanto levantisca, dejando armas y municiones.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

lunes, 8 de febrero de 2010

La tragedia del Acorazado España

El Segundo del Acorazado España, cumpliendo órdenes de la superior Autoridad de la base naval (1), dispuso en las primeras horas del día 20, que saliese a tierra la compañía de desembarco.

Cuando esta, formada ya, comenzaba a desfilar para cumplir las órdenes recibidas, el Oficial tercero de Artillería Sr. Mouriño a cuyas órdenes estaba la sección de fusiles de la misma, se dirige al Segundo D. Gabriel Antón, que desde la toldilla presenciaba el desembarco, y le pide explicaciones de a donde iba y a que iba la fuerza.

-A V. eso no le importa. Cúidese de cumplir las órdenes que vaya recibiendo y no se preocupe de otra cosa.

No quiso saber más el Mouriño y, rápido como una exhalación, sacó la pistola y, encañonando al Comandante, disparó al parecer contra éste, aunque sin resultado alguno por habérsele encasquillado el arma.

El Alférez de Navío Sr. Pedrosa, que a una distancia presenciaba la escena, trata de salvar la situación disparando a su vez contra el Oficial de Artillería, al que alcanza ligeramente, dando así tiempo a que D. Gabriel, que estaba desarmado, pudiese retroceder hasta la borda de estribor. Tras él corrió también Mouriño, rápidamente repuesto de la insignificante conmoción que le causara el primer disparo de Pedrosa, y libre ya de otros por habérsele encasquillado también a éste la pistola. Pronto alcanza al Comandante y con las consabidas palabras de: "manos arriba", le hace su prisionero.

Casi al mismo tiempo, y a pocos pasos, caía sobre la toldilla el Teniente de Navío D. Carlos Suances, víctima de los certeros disparos que, desde la torre cuatro, hacían varios individuos de marinería capitaneados por el segundo maquinista D. Pedro López Amor y el Auxiliar naval D. Alfonso Raja.

Con la detención del Segundo se había iniciado la cobarde y criminal caza de la oficialidad, y aquella se generalizaba en todas partes.

No se había apagado aún el fogonazo de los disparos que llevaran la muerte al pobre Suances, cuando en distinto sector se encendía siniestro el de aquellos otros, que habían de arrebatar la vida al Teniente de Navío Sr. Núñez de Prado. Este, que saltaba a tierra cuando sonó el primer tiro en el España, se vio de improviso encañonado por numerosos fusiles que, desde la batea o desde la escala del portalón, le apuntaban y disparaban contra él.

¡Inútil era toda resistencia; pero el bravo muchacho no había de entregar su vida sin defenderla!

Apoyado en la caseta de un transformador eléctrico, dispara con su pistola a una distancia de tres metros de la desembocadura de la plancha, que desde la batea acoderada del Acorazado, unía a este con tierra, encontrando allí gloriosa muerte, alcanzado por cuatro balazos.

¡En el Acorazado seguía corriendo preciosa sangre española! Una vez detenido D. Gabriel Antón, había sido llevado hacia proa por el maquinista López Amor, el Auxiliar Raja y un grupo de cabos y marineros. Allí... al llegar a la altura de las torres, recibe un fuerte machetazo en el cuello y, caído ya, sin conocimiento y desangrándose por la herida, acabó de rematarlo, traidora y villanamente, un fogonero conocido por "El Chiquito", paseando luego por la cubierta del barco la gorra ensangrentada del Capitán, como un trofeo de guerra.

La rebelión había triunfado ampliamente en el Acorazado. Los Oficiales Hernández Cañizares y Pedrosa, que no habían sucumbido aún, son recibidos, al asomar por la escala de la Cámara, con una descarga de fusilería, teniendo que entregarse, al igual del Comandante y Teniente-Maquinista. Todos ellos, entre procaces insultos de los sublevados, son conducidos a la enfermería unos, y otros al calabozo, en donde se hallaba ya encerrado el Teniente de Navío Sr. Escudero, que allí fue más tarde vilmente asesinado.

Curado Mouriño de primera intención en la enfermería de a bordo, de la herida causada por el disparo que le hiciera el Teniente Pedrosa, se pone nuevamente a la cabeza de la sublevación, y da comienzo a la segunda parte de la tragedia:

Forma a la marinería sobre cubierta y, después de haberla arengado en tonos vibrantes y exaltados, emplaza las ametralladoras y salta a tierra con parte de su gente. Recorre los talleres inmediatos; hace subir a bordo al personal llevándose prisioneros a un Jefe y un Oficial más; recoge a los restantes grupos sublevados, y destaca una partida de la enfermería del Arsenal, con orden de que se recogiesen un cañón de desembarco que allí había, mientras él, capitaneando el grupo más numeroso, se dirige a la puerta del dique con objeto de apoderarse de aquella entrada. ¡Inútil empeño! Aquella entrada, como las restantes del Arsenal, estaba bien defendida por fuerzas leales, que presentaron combate a las de Mouriño, haciéndolas retroceder hacia el barco, desmoralizadas en absoluto, al encontrarse sin jefe, que había muerto en la refriega.

Muerto el cabecilla Mouriño, ya nadie vuelve a salir del España en plan revolucionario. Continúan la lucha... pero sin atreverse a desembarcar. Disparan con las ametralladoras desde cubierta, desde popa y desde el puente. El fuego de fusilería sale de todas partes: de las casamatas y portillos, del cuerpo de guardia y de la torre de observación. Solo en este último lugar fueron recogidos centenares de casquillos, prueba evidente de la intensidad del fuego de fusil que los rojos hicieron desde el Acorazado.

El martes 21, fracasado el desembarco intentado el día anterior, se pone en plan de ejecución otro proyecto.

Preparado ya el Crucero Almirante Cervera, va a salir del dique para acoderarse al España, con objeto de recoger la gente de este buque y salir con todos a la bahía y a la mar. Para facilitar la operación, recógense en el España los cañones de las casamatas, y ve se ya por todas partes a los marineros, llevando a hombros los sacos de su equipaje producto de sus rapiñas por los camarotes, preparados y dispuestos a trasbordar. Pero el Cervera, lejos de salir del dique en donde los sublevados tienen puestos sus ojos, parlamenta para rendirse como ya hemos visto.

Es entonces, cuando el nuevo caudillo, el segundo maquinista López Amor, intenta convencer a los del Cervera de que no deben rendirse. Habla con ellos; pero fracasa en sus tentativas. Y... cuando pretendía conseguir por la fuerza (enviando una sección de marinería que asaltase el Crucero si fuese necesario) lo que no había conseguido por la persuasión, la rendición del Cervera viene a echar por tierra todos sus planes y a sembrar el mayor desconcierto y desaliento en toda la dotación del Acorazado, que acaba también por entregarse al día siguiente, miércoles 22.

(1) Esta había acordado que la Marina cooperase con las fuerzas del Ejército e Infantería de Marina, que luchaban ya en la calle, a sofocar el movimiento revolucionario que se había iniciado en Ferrol.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

domingo, 7 de febrero de 2010

Fracaso de la Marina. Sus causas generales y efectos en Ferrol

Se ha dicho muchas veces, y siempre en tono de censura, que en la Marina entraban solamente los hijos de los marinos. Esto, que en parte fue verdad, sin que ello nos autorice a afirmar que las puertas de la ilustre Marina Española hubiesen estado siempre herméticamente cerradas a hijos de comerciantes, industriales, etc., etc., no dejaba de ser muy conveniente, por constituir una garantía para el orden y la disciplina en los barcos.

La profesión de marino, más acaso que ninguna otra profesión, hay que sentirla; y para sentirla, es necesario antes haberse familiarizado con ella; y nadie con ella más familiarizado, que el hombre que, desde sus más tiernos años viene respirando su ambiente... el ambiente aquel que el viejo marino llevó al hogar una vez retirado, como lo había llevado antes ya en las múltiples visitas que a él hiciera, siempre que las necesidades de su barco se lo permitían.

El hijo de marino, ha oído de labios de su padre los cuentos aquellos en que el Contramaestre era en el barco un verdadero personaje, el hermano mayor por decirlo así de aquella numerosa familia, la persona de confianza del Capitán, jefe de aquella casa flotante, que corregía y castigaba al Contramaestre, como castigaba y corregía a la demás dotación, pero siempre en forma paternal y cariñosa que le granjeaba el aprecio, el respeto y la lealtad de todos.

Abiertas de par en par las puertas de la Marina, por ellas entraron a granel clases y mandos, que de la vida de mar, no sabían otra cosa más que lo que los libros les dijeran y... en los libros no encontraron el secreto de meterse en el corazón de sus subordinados, ni de hacerse querer y respetar de ellos. El aspecto familiar que en la vida del barco reflejaban los cuentos del abuelo Marino, no aparecía claro en las ordenanzas y libros de texto. Por eso, fuera de los actos de obligado servicio, cada uno hacía su vida... no sólo distinta, sino hasta extraña completamente a la vida de los demás, como si no vivieran bajo un mismo techo, ni tuvieran la misma misión que cumplir. Se tropezaban con frecuencia, se saludaban, pero... no se conocían. Tensos estaban si se quiere (al menos aparentemente) los lazos de la disciplina militar, pero completamente relajados, sino del todo rotos los lazos familiares.

Así fue, como clases y marinería, con un nivel de cultura inferior a la de los mandos; con una preparación deficiente e incapaz para distinguir los manjares venenosos de los que no lo son; faltos de la paternal vigilancia que enseña, que avisa, que corrige y que salva; y privados en absoluto de superior solicitud que contrarrestar pudiese perniciosas influencias, se dieron primero a la tarea de devorar primero, y asimilar después, todo cuanto de malo, revolucionario, inmoral y bolchevique les servían en periódicos, libros, revistas, cafés, conversaciones, tabernas, etc. etc.

Por otra parte, la masonería, atenta siempre a sacar el mejor partido de las más propicias circunstancias -esclavizados ya algunos Jefes de nuestra Marina- aprovecha el momento que le brindan la maldad de los unos y la inconsciencia de los otros, para uncir y sujetar a su carro de diabólicos planes, de siniestros y tenebrosos propósitos, y de crímenes y sacrilegios horrendos, a una gran parte, la totalidad casi, de auxiliares de la Marina Española. Y la Marina Española, a quien nunca franco y poderoso enemigo hiciera retroceder, retrocede al fin en su ruta gloriosa, ante el encubierto y solapado enemigo de la masonería, que clavó sus garras, con ferocidad especial, en el eslabón intermedio de la dotación de nuestros barcos, haciéndolo saltar violentamente, y produciendo con ello esa funesta desarticulación, causa inmediata del fracaso de la Marina en el Movimiento de 1936, y origen de los bárbaros asesinatos cometidos en muchos de sus barcos.

Ferrol ha tenido ocasión de comprobar nuestro aserto por lo que ha visto, no sólo en el Cervera del que hemos hablado ya con bastante extensión, sino también en el España, Casado y Torpedero Nº 2. Veamos por partes lo que ha sucedido en cada uno de estos barcos.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

sábado, 6 de febrero de 2010

Se entrega también el España

Rendidos el Cervera, el Cuartel de Brigadas de Instrucción que lo había hecho una hora antes, y parte del personal de la Constructora, apenas si quedaba en el Arsenal más enemigo que el acorazado España. En él estaban (aparte de la dotación) la compañía de Marina que, ya formada en el Parque, abandonara a sus jefes los oficiales leales, para pasarse al bando rebelde; el grupo de marineros que llevando una gran bandera salió ya rebelde de las Brigadas de Instrucción, y también el personal obrero de servicios técnicos del ramo de Ingenieros del Arsenal. Toda esta gente que había llevado muy a mal la rendición de los sublevados del Cervera, desatándose en insultos e improperios contra ellos, llamándoles cobardes, traidores y otras lindezas por el estilo, acabó por hacer lo mismo que "los camaradas traidores", entregándose sin condiciones el miércoles 22 a las nueve de la mañana, al ver los dos equipos de ametralladoras que, mandados por los Tenientes Pelayo y Montenegro, enfilaban la cubierta del viejo Acorazado, y al sorprender otros preparativos de serio ataque e inmediato abordaje.

El España, que había sido el primero en levantar la bandera de rebeldía, arrastrando consigo al Cervera, al Casado y otros pequeños barcos surtos en Ferrol, fue también el último en arriarla, cuando estaba ya empapada en sangre producto del crimen y vil asesinato, con que los piratas del mar quisieron manchar las glorias de la marina española. Pero esto... merece capítulo aparte.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

viernes, 5 de febrero de 2010

Hay que rescatar el Cervera

Anochecido ya, el barco rebelde era abandonado por 400 hombres de la tripulación, que desarmados, fueron conducidos, escoltados por una sección de Infantería, al cuartel de Dolores. El Cervera sin embargo, quedaba todavía en poder de los sublevados. Custodiándolo, o porque no quisieron entregarse, quedaban a bordo 30 o 40 hombres pertenecientes casi todos ellos al personal de máquinas, que no ofrecían garantía alguna. Era necesario desalojarlos de las casamatas en donde se habían atrincherados, y... devolver el barco a la Marina Española.

De ello se encargó el Capitán de Fragata D. Salvador Moreno, quien esta misma noche (del 21 al 22), intenta, seguido de una patrulla de artilleros provistos de bombas de mano, acercarse al barco para proceder a su abordaje. No lo consigue sin embargo, porque cuando ya estaban cerca, fueron descubiertos los asaltantes por los defensores del crucero, uno de los cuales ("El Coruña") individuo de mucho cuidado, grita sacando la cabeza por una de las escotillas:

-Don Salvador: Vd. sí, puede entrar; pero los demás no.

La operación, que por sorpresa podría resultar, prevenidos ya los del barco, ofrecía grandes inconvenientes por estar iluminada la explanada anterior al dique, razón por la cual se dejó por el momento para intentarla horas más tarde.

Fue el mismo Moreno quien acometió de nuevo la empresa, acompañado esta vez por fuerzas de Infantería de Marina, y entrando, no por la puerta del Parque como antes, sino por la de Batallones, vía no tan iluminada como la anterior. Fueron también esta vez descubiertos, y sobre ellos hicieron los del Cervera una descarga cerrada, que no consiguió detener a D. Salvador. Don Salvador Moreno, en un acto de temeraria audacia, se adelanta y entra al barco después de haber desarmado al centinela que estaba al final de la pasarela, teniendo la suerte de que le respetaran y se le entregasen los últimos rebeldes.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

jueves, 4 de febrero de 2010

Contesta inesperadamente el Cervera: Lucha de uno contra ciento y rendición del crucero

Dos horas llevaba de plazo Carrodeguas para volver a comunicar el resultado de sus gestiones en el barco, cuando, antes ya de haber transcurrido este plazo, mandó la contestación en forma violenta e inesperada.

El Cervera, que ya tenía agua en el dique, enfila los cañones de 15,24 de las torres a la Comandancia del Arsenal, y dispara sobre ella varias veces, sin que ésta hubiese sido tocada pues los tiros paraban en las dependencias de las oficinas.

¡Carrodeguas, había sido traidor a la palabra empeñada! En vez de proponer la rendición como había prometido, llegó al Cervera diciendo que el Ayuntamiento estaba en pie, que la Artillería se había sumado a los sublevados, y que sólo quedaban por rendirse el Regimiento de Mérida e Infantería de Marina. Se lo creyeron, pero... ¡bien pronto iban a convencerse de lo contrario!

La inesperada contestación del Cervera a la propuesta de "armisticio", no cogió desprevenidos a los Jefes y dirigentes del Movimiento en Ferrol. Estos -reforzada la defensa del Ayuntamiento con dos piezas "Placencia" y dos ametralladoras que vigilaban la puerta del dique- habían ordenado el taponamiento de las demás entradas del Arsenal, en la forma siguiente: La puerta del campo de batallones estaba guardada por una compañía de Infantería de Marina y dos piezas "Placencia"; la de la Academia de Maquinistas por una compañía de ametralladoras y dos secciones de Infantería, y la puerta del dique, pequeña, por dos piezas de desembarco de marinería adicta y 40 marineros, quedando además enfilada por una ametralladora instalada en la Casa-Romero, al mando del Teniente Pelayo. El Arsenal por consiguiente, estaba sitiado por tierra, y en condiciones de ser atacado cuando el Mando lo ordenase (1).

Tal era la situación, cuando sonaron los primeros cañonazos del Cervera acompañados por nutridísimo fuego de los fusileros del España, briosamente contestados por morteros de 50 mm, ametralladoras y fusilería, desde la terraza de Ingenieros Navales a donde se habían retirado los bravos marineros del "Velasco" como más adelante veremos, y desde otras dependencias ocupadas por las pocas fuerzas leales que había dentro del Arsenal, entre las que, es de toda justicia destacar las de la compañía de Guardias de Infantería de Marina que, mandadas por el valiente Capitán Suárez, estuvieron aguantando heroicamente desde los primeros momentos, hasta la completa rendición de los sublevados. Reñidísimo combate se libró entre los dos bandos contendientes, que si no fue sangriento en sus efectos, puso bien de manifiesto el temple y ardor bélico de los cuatro soldados que luchaban contra ciento, al tiempo mismo que testificaba la falsedad de las noticias de Carrodeguas.

Viendo los del Cervera que de tierra no les llegaba el auxilio que tenían derecho a esperar si la artillería, como dijo el emisario, estaba con ellos; comprobada la gran precisión con que sobre cubierta caían las granadas de los morteros de Infantería; acosados por los hidros que, sin temor a los disparos de la fusilería rebelde, surcaban constantemente el espacio con incomprensible desprecio de la vida; o, engañados tal vez por la feliz estratagema utilizada por los simpáticos marinos del Polígono Janer (2), decidieron al fin dar por terminada su resistencia, izando bandera blanca en señal de rendición, a las siete y treinta de la tarde de este día, martes 21 de julio de 1936.

A poco, el Cervera pedía nuevo parlamento. Concedido por el Almirante de la base, salen como parlamentarios un Teniente de Navío (Pinzón), una clase y tres cabos de marinería que, desfilando entre las fuerzas que defendían la puerta del Arsenal que da frente al Ayuntamiento, se dirigieron por el Cantón de Molíns hacia Capitanía General, en donde convinieron la entrega sin condiciones.

(1) Las murallas del Arsenal no tenían defensa alguna. Unos tambores que sobre ellas hiciera construir allá por el mes de abril el Comandante Calvar, fueron mandados demoler al pasar a la Comandancia el General Azarola, cediendo a la gritería de los socialistas, que alegaban ver en ellos unos parapetos para desde allí ametrallar al pueblo.

(2) Cuando el Cervera se vio atacado por los hidros de la base de Marín, lanzó un radio al Gobierno comunicando el hecho y pidiendo auxilio. Este radio fue captado en el polígono de Marín y, operando con la emisora a potencia reducida, le contestaron con el siguiente despacho: Ministro Marina a dotación Cervera. "Imposible mandar auxilio. Procuren evitar derramamiento sangre".

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

miércoles, 3 de febrero de 2010

El Arsenal de Ferrol objeto de preferente atención

A las doce de la mañana, rendido el Ayuntamiento y tomada la Casa del Pueblo últimos baluartes de los rebeldes en la ciudad, toda la atención militar se concentró sobre el Arsenal, cuya conquista se presentaba muy difícil, por tratarse de una fortaleza defendida por un número de hombres cuádruple al de las tropas de que se disponía. ¡Más de 1.300 hombres perfectamente equipados defendían el Arsenal!

Además, los cañones del Cervera podían en un momento dar al traste con todas las conquistas hechas en la Ciudad, siendo este sin duda alguna, el peligro mayor por que tuvo que pasar el Movimiento en Ferrol.

Falto de proyectiles el España, y fiel a la causa Nacional el Velasco, quedaba solo el Cervera como enemigo peligroso en las aguas ferrolanas (1).

Los rebeldes no tenían más que abrir las bombas del dique e inundar éste, para que, puesto el barco a flote, pudiese salir a la bahía y bombardear la población. ¿Lo conseguirían? Lo intentaron desde luego.

La noche del 20 al 21, fue aprovechada por los sublevados del Cervera para planear la inundación del dique y el bombardeo de Ferrol.

Previsto este peligro por el Mando leal, había este solicitado de la base de Marín el envío de dos hidros, los cuales, a media mañana del 21, evolucionaron sobre el Arsenal arrojando proclamas a los rebeldes, y lanzando unas cuantas bombas sobre el España, el Casado y el Cervera.

Grande debió ser la sorpresa y enorme el pánico que entre los sublevados causaron las salvas (2) con que fueron saludados por los hidros, a juzgar por la prisa que se dieron en pedir parlamento.

-"Puede salir -dice Ferrol al Cervera en radio-contestación al despacho emitido por el barco- puede salir parlamentario con bandera blanca, manos en alto y solo".

Momentos después, el cabo Carrodeguas enviado por el Cervera como parlamentario, era conducido a Capitanía General, en donde se hallaban ya -llevados allí para que aconsejasen la rendición al enemigo rojo- el Alcalde Santamaría, y el General Azarola detenido el día anterior.

La entrevista se celebró en el despacho del Almirante de la base, y a ella asistían también el Teniente Coronel de Ingenieros Sr. Blanco, el Teniente Coronel de Artillería Sr. Fano y el Comandante Sr. Vierna.

Azarola, trata efectivamente de convencer al Alcalde de que debía aconsejar la rendición, pero el Alcalde se resiste diciendo que él no tenía nada que ver con el Arsenal y los barcos de guerra. Entonces Vierna, de acuerdo con el Teniente Coronel Fano, propone una tregua de 48 horas. "Ferrol -decía él para convencer al Alcalde y al parlamentario del Cervera- no va a jugar una carta decisiva en la contienda entablada en España, y es tonto estar matándonos unos a otros. Cuarenta y ocho horas de tregua... y así daremos tiempo a que el triunfo de las armas en el resto de España, nos diga a que lado hemos de colocarnos".

Esto decía Vierna, pero... muy otra era la intención que llevaba al proponer esa demora. Si las circunstancias le hubieran permitido ser sincero, diría: ¡Cuarenta y ocho horas de tregua... y así daremos tiempo a que se prepare la batería de obuses de Bailadora, única que domina totalmente el Arsenal y toda la ría! ¡Cuarenta y ocho horas de tregua... y así daremos tiempo a que los hidros, agotadas las bombas que traen, vayan a La Coruña a provistarse de este material, que no pueden tomar en la Graña, por no ofrecer garantías la actitud de la dotación de aquella base.

Santamaría, animado por el General Azarola que apoyaba la proposición "Vierna", se tragó el anzuelo y dijo a Carrodeguas:

-"Si Vdes. reciben órdenes directas del Gobierno legalmente constituido, cúmplanlas; pero si obran por cuenta propia, creo debe aceptarse la tregua de las 48 horas".

-Pues... a proponerla voy ahora mismo a los comités del Arsenal y de los barcos -dijo el parlamentario del Cervera.

Y... se fue, quedando en volver muy pronto a Capitanía con la contestación de los camaradas.

(1) Otros barcos de la Escuadra habían salido días antes del puerto, con misiones especiales.

(2) No de otra forma puede calificarse este bombardeo de los hidros, puesto que las bombas que arrojaron no superaban los 10 kilos de peso.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

martes, 2 de febrero de 2010

Ayuntamiento y Casa del Pueblo de Ferrol en poder del Ejército

La situación, al amanecer del día 21, no podía ser más apurada ni el resultado más incierto.

Los 350 hombres de tropa -únicas fuerzas leales con que se podía contar en la Plaza- habían logrado imponerse en Ferrol acorralando a los revoltosos hacia el Ayuntamiento y Casa del Pueblo, pero estos edificios estaban todavía en poder de los rojos, y eran defendidos por fuertes contingentes (1) parapetados tras los muros y barricadas de sacos terreros.

En el Arsenal había dos importantes núcleos constituidos en franca rebeldía: uno en el Dique formado por 700 hombres de las dotaciones del Cervera y España, y otro en el cuartel de Marinería del Parque, integrado por unos 300 de las brigadas de Instrucción. Separando estos dos núcleos, había además otros 300 hombres de las Escuelas de Marinería que, aunque no se hallaban en abierta rebelión, tampoco podía disponerse de ellos para combatir a los primeros. ¡Tarea árdua y difícil para las tropas de España, el 21 de julio en Ferrol!

El General Morales acaba de ordenar que se proceda a tomar el Ayuntamiento y la Casa del Pueblo, y el Comandante de Artillería Sr. Esperante, de acuerdo con la Infantería de Marina, planea la operación en la forma siguiente:

El Capitán Pagola, con 20 artilleros, ha de dirigirse por la calle Rochel a la Plaza del Callao, manteniéndose al final de dicha Plaza, en las proximidades de la calle del Carmen, para impedir que los rebeldes del Ayuntamiento puedan escaparse por las calles de Manuel de Cal o del Carmen; el Comandante -con otros 20 artilleros, un camión blindado bajo las órdenes inmediatas del Capitán Calleja, y dos piezas de Montaña "Placencia" mandadas por el Capitán Taboada- bajaría por Galiano a la Plaza de Armas, para poder descargar allí las piezas fuera del alcance del fuego de los rojos; e Infantería de Marina, sin rebasar la Iglesia de la Angustia, barrería con sus fuegos la explanada que hay frente a la Casa del Pueblo, a fin de malograr cualquier intento de ataque a las fuerzas de Artillería.

Descargadas las piezas, entre una verdadera lluvia de balazos procedentes de la parte del Arsenal sobre todo, se ordena el avance de las mismas hasta llegar a colocarlas frente al Ayuntamiento y a 70 metros el edificio, en la unión entre la Alameda de Suances y Cantón de Molíns. ¡Ya estaba allí el heroico Teniente Morenés! (2) Subido sobre unos sacos terreros y escudándose en un árbol, gritaba a los numerosos habitantes de la Consistorial, intimándoles la rendición inmediata.

Convencidos los sitiados, más que por los gritos de Morenés, por las dos piezas de Artillería y demás aparato bélico que presenciaban, se rindieron, antes ya de transcurridos los cinco minutos que se les dieran de plazo. ¡De cuatro en fondo, con los brazos en alto y escoltados por un Oficial y 12 hombres, llegaron a la Comandancia Militar los 70 aspirantes a presidentes de la República democrática, cogidos en el Ayuntamiento! (3)

Rendido el Ayuntamiento, se dirigieron estas mismas fuerzas contra la Casa del Pueblo, que toman al fin, después de haber disparado sobre ella seis cañonazos y haberle lanzado unas cuantas bombas de mano (4).

(1) Guardias municipales, policías, algunos marineros que en los primeros momentos lograron salir del Arsenal, y paisanos.

(2) Muerto gloriosamente en el Guadarrama en los primeros días de la campaña.

(3) Se cogieron además en el Ayuntamiento, gran cantidad de armas y bombas de mano, cintas de goma del Almirante Cervera y algunos fusiles pertenecientes a la dotación de este barco.

(4) Es de advertir que la tan conocida frase "mucho ruido y pocas nueces", podía aplicarse perfectamente a las piezas con que los Artilleros de Ferrol metieron en cintura a los rebeldes. Se trataba de dos viejos cañones Krupp, que para salvas tenía el Regimiento de Costa, y que pudieron ser puestas en servicio con aquel objeto.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

lunes, 1 de febrero de 2010

Ferrol: salen el Regimiento de Mérida e Infantería de Marina

Casi al mismo tiempo que la batería del Capitán Gallego se internaba por la calle del Sol para desembocar en la Plaza de Armas primero y en la de Amboage después -en las que tiene que sostener vivos tiroteos con los rebeldes (1)- casi al mismo tiempo, salían también las fuerzas del Regimiento de Mérida número 35: una compañía mandada por el Capitán Arana, y una de ametralladoras sin máquinas, mandada por el Capitán Manday que alternó en los servicios de aquellos días con los Sres. Beceiro, Rojí, Malas y Permuy.

La Infantería de Marina se hallaba también en la calle, dispuesta a cubrir el sector que en el plan de defensa de la ciudad tenía ya señalado, y que comprendía, desde la esquina de la Plaza de la Angustia y cruce con el Cantón, hasta el campo de Batallones, incluyendo por consiguiente, objetivos tan importantes como la Casa del Pueblo, dos puertas de Arsenal, el Astillero y mucha barriada.

A ocupar esta zona salió el Capitán Auz con 60 hombres que, a poco de salir, son saludados con una descarga cerrada que, a la voz de ¡alto! de Auz, les hicieron los ocupantes de una camioneta que venía lanzada por la calle de Taxonera. Los soldados contestan a la agresión haciendo fuego e inutilizando el vehículo, uno de cuyos viajeros cayó herido, siendo inmediatamente evacuado por la fuerza (2).

Siguieron los infantes con su marcha, y, al llegar a la esquina del Cantón, son recibidos por una enorme muchedumbre de hombres, mujeres y niños, que dan muestras de regocijo, y vivas entusiastas a la Infantería de Marina y a la República.

El Capitán Auz y los bravos muchachos que le acompañaban debieron creer sin duda que estaban soñando: No podían esperar semejante recibimiento por parte de los revoltosos. Sin embargo, mayor fue seguramente la sorpresa de Auz, al ver que el Alcalde, seguido de varios números de Seguridad, se le acercaba y le saludaba atentamente tendiéndole la mano.

Toda la escena debió ser presenciada por alguien que, telefónicamente, le refirió el caso al General Azarola desde el Ayuntamiento, con quien este comunicaba momentos después de haber dicho a López Uriarte: "Espere V. que voy a informarme"; pues, Azarola, volvió a la sala en donde le esperaba el emisario de la Comandancia, totalmente cambiado y arrepentido de su anterior propósito de declarar el estado de guerra, como lo demuestran las siguientes palabras:

-La Infantería de Marina ha salido a la calle y confraterniza con el pueblo. Confieso que me hicieron impresión sus razonamientos, Comandante; pero es mejor que yo me inhiba... que no intervenga... y... hagan Vds. lo que quieran.

De pronto, cual si la decisión última del General hubiera sido una consigna, comienzan a sonar tiros por todas partes.

Ya el Capitán Auz había detenido a los guardias de Seguridad, escolta del Alcalde, y los había mandado al cuartel de Dolores; ya había desarmado y detenido a un grupo de marinos rojos que, puño en alto, salían del Arsenal; ya el pueblo se había dado cuenta de su engaño respecto a la Infantería de Marina, originado acaso, por el hecho de aparecer la bandera tricolor izada en el cuartel de estas fuerzas (3); ya se habían roto las hostilidades, y la ciudad toda era un verdadero campo de batalla.

Una vieja pieza de montaña muda ya desde hacía más de 40 años, recordaba sus buenos tiempos haciendo fuego sobre la Plaza de Toros, para impedir que allí pudiesen impunemente concentrarse los revoltosos e intentar un ataque a fondo; ametralladoras y fusiles servidos por las escasísimas fuerzas que habían quedado en el cuartel de Artillería, no cesan de disparar contra los marxistas que, aprovechando la salida de las fuerzas, habían desencadenado contra aquel un ataque violento y sistemático, desde las casas y huertos próximos y desde la estación del ferrocarril, Puerta Nueva, y otras partes; la Infantería del Ejército, que, al grito de ¡Viva España! saliera de sus cuarteles, bate briosamente a los rebeldes en la Plaza de Armas, demostrando en todo momento ser digna de llevar el nombre de "Infantería Española"; la de Marina tiene a raya a los de su zona, y domina por completo el barrio de Esteiro (4); los artilleros luchan bravamente en toda la parte E. de la ciudad hasta el muelle, protegiendo la Comandancia Militar, Capitanía General y Ferrol Viejo; baten con sus tiros el muelle (impidiendo así la llegada por mar de refuerzos que esperaban los del Ferrol), y dominan igualmente las escuelas de marinería que era necesario vigilar, y Brigadas de Instrucción sublevadas también.

El eco no lejano del ininterrumpido tiroteo de la ciudad, y el más próximo de los disparos procedentes de los barcos de guerra que comenzaban entonces un nutridísimo fuego de fusil y ametralladoras, llega hasta la habitación aquella en donde el General Azarola acababa de pronunciar su sentencia de muerte, inhibiéndose en una contienda en que se jugaba, con la salvación de España, el honor de su Ejército.

Alarmado Azarola, se asoma a uno de los balcones de la Comandancia del Arsena seguido de Uriarte y demás acompañantes, y, al ver sobre la cubierta del España y Cervera a los marineros empuñando los fusiles, profiriendo gritos y tiroteando al Velasco, pregunta:

-¿Por qué disparan?

-Se ha sublevado la dotación del España -contesta el Ayudante Mayor.

-Ya ve V. mi General -dice a su vez Uriarte- como he acertado. Y lo peor es que ahora ya no se puede hacer nada. Nos han ganado la mano y... ahora... a defendernos como podamos.

-Bien -dice Azarola- ahora... ya nada. Hagan Vds. de mi lo que quieran. Deténgame V.... aunque yo les agradecería me dejasen aquí porque tengo a mi mujer enferma. Con todo, desde este momento, me considero detenido.

-No, yo no tengo órdenes de detención contra Vd. Lo que estoy pensando, es como voy a salir de aquí.

-Yo le aconsejo que no se vaya. Y dicho esto, Azarola se retiró a sus habitaciones.

Continuaba el tiroteo por todas partes: volver a la ciudad era exponerse a una muerte segura: ¡Uriarte, estaba poco menos que sitiado en la Comandancia del Arsenal! Allí se quedó por el momento, comenzando la defensa de aquello con pocos hombres y escasas municiones que pronto se agotaron. Solicita telefónicamente (5) del parque el envío de algunas cajas de proyectiles, que llegaron... cuando ya el peligro no era tan inminente: a las diez de la noche y... media hora antes cesara el tiroteo.

Protegido por la fuerza que en un camión blindado (6) se acercara al Arsenal para custodiar las seis cajas de municiones servidas por el parque de Artillería, pudo al fin, salir Uriarte de la casa-residencia de Azarola, que quedó ya desde aquella noche, convertida en baluarte de defensa, guarnecida por una sección de Intendencia con dos ametralladoras mandada por el Teniente Fernández Herrerín, por los Tenientes de Artillería Pelayo y Montenegro con ametralladoras también, y por algunos otros patriotas pertenecientes a la marina de guerra.

El resto de la noche del 20 al 21, transcurrió en en un ininterrumpido paqueo dentro de la ciudad, y en un constante movimiento de tropas, que parecían multiplicarse para aparecer en todas partes.


(1) Sobre todo en la plaza de Amboage donde tiene que utilizar bombas de mano para tomar la casa de Bueno, directivo socialista.

(2) Como dato curioso revelador de la escasez de personal, anotaremos que los tres camilleros improvisados, eran músicos.

(3) La consigna entre los rojos era izar la bandera tricolor; e izada ésta en el cuarte el domingo, como estaba mandado, nadie, con tanto lío y confusión, se acordó de arriarla el mismo domingo, apareciendo por tal motivo izada el lunes.

(4) Del valeroso y leal comportamiento de estas fuerzas, habla bien claramente, el siguiente radiograma del Generalísimo al Vicealmirante de la Base Naval de Ferrol: "Enterado brillante comportamiento fuerzas Infantería Marina en los combates sostenidos en Arsenal de Ferrol y Carraca, le envío el entusiasta saludo de este ejército que ve con alegría como sigue la gloriosa tradición de tan brillante cuerpo, que una vez más, ha demostrado su eficacia y razón de ser, y cuyo premio ha de encontrar en nosotros su más ardientes defensores". "¡Viva España! y ¡viva la Infantería de Marina!"

(5) ¡Cosa rara! Los teléfonos funcionaron siempre admirablemente en Ferrol, y en casi todas las demás capitales de Galicia.

(6) Verdadero "coche fantasma" que aparecía en todas partes, causando gran sensación a los rebeldes. Coche blindado, construido previsoriamente por los artilleros, que prestó grandes servicios. Sale con el Capitán Calleja; acude a municionar a los marineros que estaban en las oficinas del Arsenal facilitando al mismo tiempo la salida del Comandante Uriarte; llega hasta Fene con la columna que el día 22 salía contra Puentedeume, y desempeña, en fin, otros muchos servicios, que le hacen merecedor de un ascenso.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

domingo, 31 de enero de 2010

La Artillería sale a la calle en Ferrol

A todo esto, habían sonado ya las tres de la tarde hora señalada por los marxistas para dar comienzo al movimiento revolucionario, y las tres bombas de palenque con que aquél había de iniciarse, habían llevado ya con su estampido espaciado y seco, la consigna a unos y a otros la inquietud.

Dada la señal, una multitud enorme de hombres armados, salidos de todas partes, empiezan a invadir las calles de la ciudad (1). Mientras unos corren en busca de los tejados y azoteas en donde apostarse estratégicamente, se dirigen otros en grandes masas al Parque del Arsenal Militar, y se encaminan algunos, con objeto de asaltarla, a la casa en donde vivía la madre de los señores Vierna.

No llegó a consumarse el atropello, porque los asaltantes -que ya habían derribado las puertas utilizando para ello una viga de madera, a modo de catapulta- fueron detenidos por D. Jesús Vierna a tiros de pistola, mientras no acudían las fuerzas de Artillería que no tardaron en llegar, pues, enterado el Coronel del Regimiento D. Antonio Corsanego del gravísimo peligro que estaban corriendo los familiares del Comandante Vierna, y del que pudieran correr los de la restante oficialidad seriamente amenazados: -Voy a ordenar -dice dirigiéndose al General Morales con quien se hallaba cuando recibió la noticia- que salga inmediatamente la batería de retén en auxilio de los sitiados, y que envíen aquí a la Comandancia una sección de Artillería (2).

Lo hizo así, y fue el Comandante Sr. Esperante quien recibió esta orden, no tardando ni cinco minutos en cumplimentarla, ya que de antemano había dispuesto la formación de la batería, y previsoriamente comprobado por el Capitán de la misma, que todo el material salía en perfecto estado.

Así pues, a las cuatro y minutos de la tarde, estaban en la calle la batería y sección de Artillería, mandadas la primera por el Capitán Gallego, y por el Teniente Pontijas la segunda.

Pasamos largo rato en busca del epíteto que la justicia reclama para los artilleros de Ferrol, y no lo hemos encontrado. ¿Bravos?... ¿Valerosos?... ¿Heroicos?... Más que heroísmo, valentía y bravura se necesitan, para lanzarse a la calle sin la menor esperanza de éxito. ¿En qué fundarla? El comisionado que se enviara a Azarola no había regresado todavía, persistiendo por consiguiente la creencia de que todo el Arsenal estaba en contra; de las restantes fuerzas de tierra..., a su lado estaban es verdad (eso al menos habían asegurado los Jefes) pero... ¿respondería la tropa? (3). De personal andaban muy escasos: poco más de setenta hombres que nada significaban ante millares y millares de enemigos; el material muy deficiente, con una cantidad de municiones que no respondía ciertamente a las posibles necesidades de tal empresa, aún contando con los doscientos mil cartuchos de fusil, que providencialmente habían llegado momentos antes de la salida de las fuerzas... ¿Cómo clasificar a los Artilleros de Ferrol? Eso:... ¡Artilleros!

(1) Las mujeres socialistas, en bandada repugnante y grosera, recorren en este momento la población, aporreando furiosamente las puertas de las casas, prudentemente cerradas por el vecindario.

(2) En la Comandancia estaban con el General Morales, además de los Jefes de cuerpo que allí quedaran esperando el resultado de la comisión de López Uriarte, el Capitán de Navío Sr. Vierna y el Capitán de Corbeta señor Suances, enlaces entre el Ejército y la Marina, que llegaran momentos antes dando muestras de entusiasmo y fe en el triunfo, aunque sin poder ocultar sospechas y temores de que la marinería llegase a dar un disgusto.

(3) En Intendencia hubo conatos de sublevación, cortados por el Capitán D. Javier González Cela, al ordenar la detención del Maestre de Artillería Plácido Carro Serantes, que estaba en connivencia con los revoltosos.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

sábado, 30 de enero de 2010

Comienza el desarrollo del plan revolucionario en Ferrol

Llega la tarde del día 20, y los obreros de Ferrol, en vez de entrar al trabajo, comienzan a dar muestras inequívocas de que se iniciaba el desarrollo del plan revolucionario.

Antes ya de las tres, hora convenida para anunciar mediante el disparo de tres bombas la huelga revolucionaria, se les ve trabajar afanosamente en la preparación y transporte a lugares estratégicos de sacos terreros y otros utensilios de defensa, indicio claro y evidente de la proximidad de la tormenta que amenazaba con ser desastrosa, si Azarola, Comandante General del Arsenal, persistía en sus propósitos de declararse en cantón independiente y repartir armas a los obreros de la Constructora como públicamente se decía. Esto significaba para los revoltosos un refuerzo importantísimo, que era necesario tratar de evitar a toda costa.

Para ello, los defensores de la España auténtica en Ferrol, deciden enviar al Arsenal un emisario encargado de explorar la verdadera actitud del General, actitud que su Ayudante dijera desconocer, en la anterior reunión de Jefes a que había sido convocado.

El Comandante de Artillería Sr. López Uriarte recibe y acepta, a las dos de la tarde de este día 20 de julio, la comisión nada fácil y menos agradable de entrevistarse con Azarola, trasladándose al efecto a la Comandancia del Arsenal acompañado del ayudante de aquél, y llevando de escolta al cabo Manuel Jorge y a los artilleros Serafín Maurín y José Rodríguez Núñez.

La puerta del Parque estaba cerrada, a pesar de la orden que diera Azarola de que permaneciese abierta. Paró el coche: y mientras se apean los ocupantes, y solicitan entrar, y se abre la puerta pequeña para darles paso, y discuten estos con los centinelas para que faciliten también la entrada del coche (1) etc. etc., aumentan extraordinariamente los grupos de exaltados y sospechosos, muchos de los cuales esgrimen pistolas que quieren disparar contra Uriarte y sus acompañantes. No lo hacen sin embargo, porque otros, cuya opinión prevalece, se oponen a ello (2), y la embajada arriba sin novedad a presencia de Azarola, a quien acompañaban en este momento, un hijo suyo, y el Ayudante Mayor del Arsenal, Capitán de Fragata Sr. Suances.

-Vengo -dice Uriarte- con la comisión de inquirir su parecer acerca de la declaración del estado de guerra.

-Bien -responde Azarola- que lo declaren si quieren. Yo no soy Autoridad. Yo dependo del Comandante Jefe de la base (3). Usted viene equivocado, Comandante. Vaya Vd. al Jefe de la base.

-Sí, tiene V. razón; tal vez esto haya sido una equivocación. Sin embargo, a mí me ordenaron que me entrevistase con V., y le agradecería, mi General, que hablásemos de este asunto, pues las circunstancias son gravísimas, y yo no puedo perder tiempo en tratar de entrevistarme con el Almirante. Además, no sé si lo conseguiría. Estoy seguro de que antes de llegar a él, me detendrían, o me acometerían al menos, retardando el cumplimiento de la misión que me confiaron.

Reflexiona el General, y al cabo de un rato pregunta: -¿Qué es lo que se quiere de mí?

-Que declare el estado de guerra.

-Pero, ¿vino orden del Gobierno?

-No hay Gobierno, mi General; el Gobierno está en crisis desde las cuatro de la mañana. Además... no se puede obedecer a un Gobierno que nos trata peor que a lacayos.

-Eso no. No hagan Vds. eso. No saben en lo que se meten saltando las órdenes del Gobierno. Yo creo que la masa popular no cometerá ninguna salvajada si nosotros no nos movemos, mientras que por el contrario, la declaración del estado de guerra puede exacerbarla, y lo que se busca como remedio, puede llegar a ser causa de sucesos sangrientos (4).

-¡Por Dios, mi General! Si no hay más que asomarse a la puerta del parque para ver que la tormenta que se avecina va a ser espantosa. Yo jamás, ni en mi vida militar en África, he tenido mayor sensación de peligro que la que experimenté al entrar. Me pareció estar delante de un pelotón dispuesto a fusilarme.

-El General, al oír estas palabras, da muestras visibles de reaccionar; pero... sin embargo contesta:

-Creo no pasará nada. ¡Dios no querrá que le pase nada a usted!

-Mi General: y, ¿si me matan a la salida, V. se quedará tan tranquilo?

-No -responde Azarola con energía-. Si a V. le pasase algo, yo intervendría.

En esto irrumpen en la sala dos auxiliares de la Armada y, cuadrándose ante el General le dice uno de ellos: -"Sobre nosotros mi General, acaban de hacer las turbas unos disparos cuando nos dirigíamos al Arsenal".

La noticia pareció impresionar vivamente al Sr. Azarola, y Uriarte, cuyas dotes de diplomático conocemos ya por lo anteriormente relatado, aprovecha el momento y vuelve a la carga, recordando los ultrajes recibidos por el Ejército en Ferrol, y los del Gobierno de Madrid no sólo al Ejército sino a todas las personas decentes, para terminar diciendo: "¡Ninguna persona digna puede considerarse obligada a obedecer a un Gobierno de esta naturaleza!"

Al fin, las atinadas reflexiones de Uriarte parecen haber dado al traste con la resistencia de Azarola. Este medita largo rato, y da por terminada su meditación con estas palabras que sonaron a orden militar: -¡A declarar el estado de guerra!

Encantado Uriarte al ver terminado tan felizmente su cometido, pensando con honda satisfacción en que acababa de ganar un General para la Causa y salvado la vida de Azarola, pidió a éste permiso para comunicar a la Comandancia la orden de que se declarase el estado de guerra. ¡Era ya tarde... a pesar de haber transcurrido sólo contados minutos! -Espere V. que voy a informarme, dijo el General. ¡En su interior debía estar desarrollándose una lucha terrible!

(1) A ello se oponían los centinelas porque temían que, abierta la puerta grande, se avalanzase por ella la muchedumbre.

(2) Más duchos, no querían comprometer con actos de salvajismo, el esperado reparto de armas a los camaradas.

(3) Era Jefe de la base el Sr. Núñez que, como ya hemos indicado, estaba del todo al lado del Ejército.

(4) Azarola había sido Ministro de Marina, y sólo la lealtad a los hombres que le encumbraron, puede disculpar su razonamiento. ¡Viejo razonamiento empleado desde el advenimiento de la República por todos los cobardes en nuestro campo, e invocado como pretexto por todos los fariseos del campo contrario! ¡No se debe provocar!: Máxima encubridora del miedo que nos dominaba cuando nos proponían la conveniencia de organizar o simplemente asistir a algún acto de propaganda social o religiosa. ¡Nos han provocado!: ¡Hipócrita disculpa, con que, despóticos gobiernos y masas ingobernables, trataron de justificar el asesinato, el incendio, el atropello y toda clase de infamias en nuestra Patria.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

viernes, 29 de enero de 2010

Preparativos revolucionarios y actividades antirrevolucionarias en Ferrol

Entretanto..., el Alcalde D. Antonio Santamaría hablaba telefónicamente con el Gobernador, y le manifestaba sus propósitos de declarar la huelga general y proceder a la incautación de armas (1). Ordena la requisa de éstas y manda sean depositadas en la Comisaría de Policía, desde donde, en la mañana del día 20, habían de ser trasladadas al Ayuntamiento y repartidas, por orden suya y en su presencia, a los paisanos del Frente Popular (2).

La efervescencia e inusitada actividad de la población obrera, manifestada en su desenfadada actitud, en sus frecuentes entradas y salidas al Ayuntamiento y Casa del Pueblo, en sus cabildeos y requisas de todo género, aumentaba de momento en momento cargando la atmósfera de preocupaciones y serios temores. Así transcurrieron en Ferrol el día y la noche anteriores al 20 de julio de 1936.

En la mañana del día 20, los obreros de la constructora entraban al trabajo (3) y... en los Centros Militares se trabajaba también.

La situación era gravísima. El conglomerado de fuerzas que guarnecían la Plaza, complejo en extremo. ¡Era necesario convocar a todos los Jefes de cuerpo, antes de tomar una decisión!

Estos se reúnen: los del Ejército (4) en la Comandancia Militar, y los de la Armada en Capitanía. Allí, todos están conformes en que hay que tomar, sin titubeos ni restricciones de ningún género, el acuerdo de salir a la calle para cortar cuanto antes los desmanes que se iniciaban. Aquí, en Capitanía,... hay diversidad de pareceres.

El Capitán de Navío D. Manuel Vierna, una de las más relevantes figuras del Movimiento en Ferrol, va preguntando a cada uno de los reunidos su opinión respecto a la conducta que debía observar la Marina en aquellos momentos. Casi todos los reunidos opinaron que procedía sumarse inmediatamente al Movimiento iniciado por el General Franco, menos uno de los Jefes allí presentes que dijo, que él tenía muchos hijos... que la cosa estaba todavía muy oscura... que era mejor esperar..., haciendo otras reflexiones por el estilo en las que fue secundado por el Comandante del Cervera.

Cuando se estaba celebrando en Capitanía este Consejo de Jefes de Cuerpo, llamó Azarola por teléfono al Almirante señor Núñez, diciéndole, que consideraba facciosa aquella reunión de Jefes y que, por tanto, procediesen inmediatamente a la detención de los mismos. Amenazaba, si así no se hacía, con soltar los presos (unos cabos-radios que estaban detenidos) afirmando con ello su decisión de ponerse en contra del Movimiento.

-¡Deténgase a Azarola! -dijo el Teniente Coronel de Infantería de Marina, al oír la referencia de la conversación telefónica. Sin embargo... Azarola no fue detenido entonces, ni lo fueron tampoco los Jefes cuya detención él había ordenado y que salieron de Capitanía sin haber acordado nada definitivo ni concreto, aun cuando los más, al volver a sus puestos, sabían muy bien a qué habían de atenerse.

En la Comandancia, sí; se había acordado por unanimidad cursar órdenes a los cuarteles, para que las tropas estuviesen preparadas a salir al primer aviso.


(1) Contestación del Gobernador: "El éxito depende de que no se aparente propósito ofensivo".....

(2) El Capitán de la Guardia Civil, Sr. Barba, se negó terminantemente a depositar las armas recogidas por sus fuerzas, en otro lugar que no fuera el propio cuartel.

(3) Seguían el consejo del Gobernador: "El éxito dependerá de que no se aparente propósito ofensivo".

(4) Coronel de Artillería Sr. Corsanego, Coronel de Infantería señor González, Teniente Coronel de Ingenieros Sr. Blanco, Teniente Coronel de Intendencia, Comisario de Guerra; Teniente Coronel de Estado Mayor señor Hernández, Teniente Coronel de Artillería Sr. Fano, Comandante de Artillería Sr. Iglesias, Capitanes Regalado de Infantería, Lobo de Artillería y otros.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

jueves, 28 de enero de 2010

Los marxistas acometen a un grupo de Artilleros en Ferrol

La campaña desatada contra el elemento militar, culminó en un cobarde atentado, que el 19 de julio llevó la indignación a los cuarteles.

El sábado 18, habían llegado a Ferrol unos 15 Tenientes de Artillería con objeto de asistir a un curso de costa, y al día siguiente 19, cuando en grupo marchaban algunos de éstos por la calle, advertidos ya de que era muy peligroso salir separados, se vieron de improviso acometidos a balazos por una numerosa partida de pistoleros. Cuatro oficiales cayeron heridos, uno de ellos de suma gravedad, pues le metieron nueve balazos en el cuerpo, y los otros, ante la superioridad de los atacantes, se replegaron como pudieron llevándose a tres de los compañeros caídos, mientras el otro, conducido a una casa por aquella manada de asesinos, recibía, tendido en una cama, las bárbaras caricias de las culatas de las pistolas humeantes todavía. De allí fue trasladado al Ayuntamiento, a donde fueron a rescatarlo el Capitán Calleja y otros Oficiales -que tuvieron, para conseguirlo, que amenazar al alcalde con bombardear la casa- al tiempo mismo que una batería al mando del Capitán López Sors, salía a dar una batida y efectuar algunos cacheos por un sector de la población (1).

Este hecho de incalificable barbarie, sacudió en tal forma los nervios de todo el regimiento (2), que, después de un cambio de impresiones entre Jefes y Oficiales, acordaron mandar aquella misma noche una comisión a entrevistarse con sus compañeros de Infantería de Marina, Infantería de Ejército y Marina de Guerra para, de acuerdo todos, solicitar del Gobernador Militar, General Morales, la inmediata declaración del Estado de Guerra.

El General Morales, dispuesto desde el primer momento a declarar el Estado de Guerra, con cuyo objeto había ya celebrado varias entrevistas con el Almirante Sr. Núñez (3), recibe con honda satisfacción la seguridad de que todas las fuerzas de tierra tienen un mismo pensamiento, compartido por Infantería de Marina, y la totalidad casi de los Jefes y Oficiales de la Marina en Ferrol. Sin embargo... era necesario esperar. Se conocían las noticias de África; "Radio-Sevilla" anunciaba que toda Andalucía estaba en poder de las fuerzas libertadoras; el Gobierno por su parte insistía en que el levantamiento estaba sofocado; de la División no había órdenes concretas y, sobre todo, en Ferrol había una incógnita que era necesario descifrar antes de decidirse a una empresa de tanta trascendencia: ¡El Arsenal! ¡La actitud de Azarola, de quien públicamente se decía que iba a constituirse en cantón independiente!... ¡Era necesario esperar!

(1) Contra esto que le parecía un abuso, reclamó el Alcalde Santamaría ante el Comandante Militar. Quería, por lo visto, que los Artilleros se dejasen matar impunemente.

(2) La indignación era general incluso entre las clases y la tropa a las que habían alcanzado también las agresiones.

(3) El Almirante, animado de los mismos deseos e iguales propósitos, forzosamente tuvo que verse detenido en ellos por múltiples sospechas que el tiempo vino a confirmar.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

miércoles, 27 de enero de 2010

Estado de Ferrol previo a las elecciones de febrero de 1936

El estado social de Ferrol en julio de 1936, era sencillamente lamentable y caótico. La población trabajadora e industrial, que en el censo de habitantes formaba mayoría absoluta, olía de lejos ya, a descomposición espantosa. Antes ya de las elecciones de febrero, se hacía una propaganda abierta y descarada contra la Religión y los Institutos armados (1). La vista de la causa que, por los sucesos de Octubre del 34, se instruía contra Morgado, Quintana y otros dirigentes socialistas, verificada días antes de las famosas elecciones, constituyó una verdadera exaltación de los procesados, a quienes las masas tomaron como mártires y veneraron como redentores.

A partir del 16 de febrero, la situación se agrava por momentos a medida que se acentúa el predominio socialista. El día 20, y para celebrar el ficticio triunfo electoral, se formó una nutrida manifestación en la que no faltaron ni el grito subversivo, ni el trágico resplandor de las teas incendiarias (2). El 23 de marzo, el Frente Popular de izquierdas formado por Galleguistas, Comunistas, Socialistas, Izquierda Republicana y Unión Republicana, eleva al Presidente del Consejo de Ministros una exposición de la que entresacamos las siguientes palabras: "Es preciso destacar el hecho de que en esta plaza, sólo se han significado en sus campañas de intervención política -fascismo- (3) en una forma casi colectiva, la Marina de Guerra y el cuerpo de Artillería del Ejército (4).

Efecto acaso de esta opinión de los zurdos, el insulto a los militares, artilleros sobre todo, era diario y constante. Más de una vez, en pleno paseo de la calle Real, tuvieron los Oficiales del Ejército que liarse a golpes con los desaprensivos provocadores, que eran ordinariamente los menos responsables. Ellos actuaban, pero los verdaderos culpables estaban detrás de la cortina. No necesitaban molestarse, ni exponerse a la réplica contundente de la injusta provocación. Habían formado su cuerpo de testaferros tomados del arroyo, y... para eso les pagaban: para que un día el "Piojo", vestido con traje talar, se pasease por las calles haciendo ridículas piruetas y profiriendo atroces groserías; para que otro día colocasen otros la bandera roja en el convento de la enseñanza y apedreasen a las hermanitas de los pobres, y... para que todos aprovechasen siempre la ocasión de zaherir y molestar a Jefes y Oficiales de la guarnición.

Ferrol, en el aspecto social, sería un doloroso purgatorio, si no hubiera sido un verdadero infierno.

(1) El Capitán Lobo y el Teniente Soances, tuvieron que hacer una penosa y larga peregrinación de autoridad en autoridad, para conseguir fuesen retiradas de la calle unas hojas soeces e insultantes contra un sacerdote de Burgos.

(2) La cola de esta manifestación hizo destrozos en el casino y convento de Misioneros, quemando además el Centro de Derechas y otros edificios.

(3) Todo elemento de derechas era considerado como fascista.

(4) Como indeseables eran señalados en esta exposición mandada al Gobierno y Frente Popular Madrileño, los Sres. Almirante Calvar; D. Manuel Vierna, Capitán de Navío; Comandante de quilla del Canarias, Sr. Vierna; Comandante de Artillería, Sr. Vierna; Ayudante Mayor del Arsenal, Sr. Suances; Teniente de Artillería, Sr. Vierna; Capitanes de Artillería Lobo y Calleja; Coronel de Artillería; Comandante Militar Sr. Morales, y Teniente Coronel de Ingenieros, Sr. Blanco.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.