miércoles, 19 de mayo de 2010

Becerreá: sucesos de julio

Hacía ya tiempo que los elementos extremistas de Becerreá venían perturbando la vida social, económica y religiosa de la Comarca.

Más de una vez habían hecho objeto de vejámenes y ultrajes a las personas de orden, y hasta a los propios agentes de la autoridad.

Poco necesitaban por consiguiente para desbordarse, y se desbordaron en julio de 1936, cometiendo del día 18 al 20, una serie de desmanes y atentados, en los que si intervinieron los hordas rojas como elemento ejecutor, tomaron parte muy principal como elemento inspirador, las autoridades del F. P. y nefastos dirigentes, entre los que destaca, por su perversidad, el Abogado Faustino Cela.

Los revoltosos de Becerreá tenían elaborado todo un programa que empezó con el desarme de los ciudadanos honrados; continuó con el incendio, la profanación y el saqueo de 14 Iglesias del partido (1), y no terminó con la total destrucción y exterminio que soñaran, gracias al Movimiento Militar y consiguiente declaración del Estado de Guerra.

(1) No respetaron ni la de la capital del Partido en la que penetraron en la tarde del día 19, apoderándose de imágenes, ornamentos e incluso las campanas, haciendo con todo ello, una hoguera en medio de la calle. Precursor de los esquimales de las columnas internacionales de los rojos, cooperó al incendio un pobre negro, que seguramente no tenía el alma blanca.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

martes, 18 de mayo de 2010

Becerreá

La población obrera de Becerreá se componía en casi su totalidad de trabajadores del campo, más reacios de ordinario a la sindicación, y menos expuestos de consiguiente al contagio de ideas socialistas y revolucionarias, tan de moda en nuestros tiempos entre los elementos constituidos en sociedades de trabajo.

Esto no quiere con todo decir, que los habitantes de la comarca estuviesen completamente limpios de la lepra bolchevique que corría por el suelo español. Lo que en ellos no hicieran las sociedades obreras, realizáronlo con creces los partidos políticos.

Estos, en su afán de hacer prosélitos, no dudaron en destrozar el alma ingenua de los trabajadores de la tierra, con criminales propagandas que halagaban sus apetitos, y la mentida promesa de que el triunfo de la doctrina marxista, implicaba respeto para los bienes que poseían, y acrecentamiento de los mismos, a expensas del despojo de que se haría víctima a las clases mejor acomodadas.

La droga así compuesta, gustó a una gran parte de la población campesina, que, de la noche a la mañana, se encontró envuelta entre las redes tendidas por uno u otro de los innumerables partidos constitutivos del F. P., al que ciegamente secundó, en la absurda intentona de oponerse al Movimiento Salvador de la Patria.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

lunes, 17 de mayo de 2010

Incio: un gallego benemérito

Don Juan Díaz González, Capitán del "Montecillo" de la Compañía general de navegación, natural de Incio (Lugo) llegó, procedente de Casablanca, al puerto de Bilbao, el mismo día en que surgió el movimiento en España.

Allí fue apresado y metido en la cárcel, por orden de las Autoridades rojas.

No se resignaba él a esperar inactivo en la prisión el fallo de los jueces, y empieza a poner en juego todos los resortes de su imaginación y toda su inteligencia, buscando el medio de escaparse de tan poco confortable vivienda, cuando, en uno de los patios de la cárcel, ve destacarse la figura del jefe de la F. A. I. de Bilbao, a quien en otro tiempo conociera casualmente en una tasca.

No lo pensó más. Se dirige a él, y con la mayor camaradería, no exenta de cierto aparente respeto le saluda:

-¿Cómo está Vd.?
-¡Hombre!... y Vd. ¿cómo vino a parar aquí?
-Pues, ya lo ve Vd... aquí estoy acusado de fascista, cuando mis ideas como Vd. sabe, son completamente contrarias al Fascio.

El otro no sabía nada: le había visto una sola vez, y esa vez no se cuidaran de hablar de política ni cosa parecida; pero... como el preso dijo con tanta firmeza que "él lo sabía", pues... debía saberlo; y... acaso fuera verdad.

-¡Vd. sale de la cárcel ahora mismo!
Y... de la cárcel salió. Ahora sólo faltaba confirmar con los hechos lo que con palabras afirmara, a fin de ganarse la confianza de los rojos que le permitiera huir en la primera ocasión, que no tardó en presentarse.

En agosto, después de haber llevado una temporada levantando puños, viniese o no viniese a cuento, había que conducir a Alicante un cargamento de municiones de guerra, que de allí serían reexpedidas a Madrid. Se entera Díaz González, y se ofrece a conducir el barco, solicitándolo con un interés que pudiera parecer sospechoso si, con tanto puño, no se hubiera ganado ya una marcada reputación de rojo, y si, para apoyar su petición, no hubiese dicho él mismo, "mandasen con él todos los milicianos que quisieran".

Le confían el barco, y el 27 de agosto se hace a la mar el "Montecillo" con un cargamento de 9.000 toneladas de material de guerra, llevando entre la tripulación ocho milicianos de la mayor confianza de las autoridades bilbaínas.

Al llegar a la altura de Gibraltar, el capitán, que ya madurara su plan, dijo a la tripulación, que había que entrar en puerto para carbonear.

Hácelo así, y pide el carbón necesario a una entidad cuyo jefe resultó ser amigo suyo, y a quien, poniéndole en antecedentes, le dijo: Vd. no dé carbón, mientras nosotros no soltemos dinero; y... como dinero no hay...

Efectivamente: -"Si Vdes. quieren carbón, traigan antes el dinero" -dice el de la compañía- y... surgió la dificultad, cuya solución había de car tiempo suficiente al capitán gallego para ultimar la urdimbre de su plan!

Enteran al Cónsul de la España roja en Gibraltar; éste se comunica con Madrid; Madrid le da instrucciones; acude a la casa proveedora; la casa quiere garantías, y... mientras tanto, un automóvil que marcha a todo gas hacia la Línea, y en él un hombre valiente y abnegado, un gallego, un español verdad, que se dirige a la ciudad fronteriza para decir al Comandante Militar de la plaza:

-Hacia las once de la mañana saldré de Gibraltar, con un importante cargamento de guerra consignado para Madrid. Voy vigilado, y no me es posible torcer el rumbo del barco sin hacerme sospechoso y sin malograr por consiguiente el salvamento de la mercancía. Creo conveniente que salga una escuadrilla de aviones a bombardearnos, con lo cual, tal vez consiga intimidar y rendir a la tripulación. Si no fuese así, no hay que preocuparse; yo me encargaré de que esas municiones no se empleen contra España: ¡Irán a parar con nosotros al fondo del mar!

Estas debieron ser poco más o menos las palabras del capitán que, terminada su misión, se volvió a Gibraltar, para salir de aquel puerto a las once de la mañana según lo convenido.

Alejado ya del puerto, no tardó mucho en comprobar que, a la exactitud matemática que él pusiera en la hora de salida, correspondía la de las autoridades militares, en la del envío de los aviones.

En el horizonte, se divisan unas manchas negras apenas perceptibles, que van poco a poco agrandándose a medida que se acercan, hasta presentar su verdadera figura de aviones en escuadrilla, que giran en torno del "Montecillo", y cerca de él lanzan las primeras bombas que levantan enormes columnas de agua, y producen un fuerte oleaje entre el cual baila el barco locamente, arrancando gritos de terror a los tripulantes.

Uno de ellos (primer oficial) se tira por la escotilla y se hiere gravemente; otros huyen en diversas direcciones, y todos temen, menos uno que, impasible, contempla el espectáculo.

Las bombas siguen cayendo, y ya en cubierta no se ve ningún hombre: ¡huyeron todos escondiéndose a la mirada de los aviadores, y con ellos está el capitán del barco desarrollando su plan!

-Acaba de recibirse un radiograma en que se me dice que Franco perdonará a la tripulación si nos entregamos. ¿Qué os parece muchachos?

-¡Que nos entreguemos!

-Subid pues a cubierta, que vamos a hacer la señal.

Y la señal se hizo. Una sábana blanca flotó al viento, en el instante preciso en que los aviones dejaban de lanzar metralla. ¿Habían visto la señal? Eso creyeron todos incluso el capitán, hasta que ven, llenos de terror, como los aparatos descienden rápidamente en dirección al barco, y empiezan a vaciar contra él sus ametralladoras, con manifiesta intención de barrer la cubierta. ¿Qué había pasado?

Que los aviadores no vieran la señal; que se le terminaran las bombas en el momento mismo en que sobre cubierta apareciera el capitán rodeado de la tripulación, y, temiendo que aquella fuera a matarlo, decidieron cargar sobre ella con las ametralladoras, como así lo hicieron, dando con esto ocasión a que el capitán viese ultimado su plan. La tripulación, al verse acometida por las ametralladoras, huyó tan velozmente como pudo, encerrándose en sus respectivos camarotes, cuyas puertas fue cerrando con llave el capitán, quedando así dueño absoluto del barco.

Un segundo oficial y el Radiotelegrafista que eran de toda su confianza, fueron los únicos que con el capitán pudieron ver con satisfacción como el barco que partiera para Alicante iba a rendir viaje en Ceuta, a donde se dirige a toda máquina, después de avisar al "Jaime" que le escoltaba, de que, "por bombardeo aviones nacionales tengo que regresar a Gibraltar", a fin de que el acorazado rojo le buscase en aquella ruta, mientras él seguía la de Ceuta, que había de llevarle a la liberación y a la gloria.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

domingo, 16 de mayo de 2010

Incio

Había en Incio desde el año 1934, una sociedad cuyos componentes eran obreros en su mayor parte, y que funcionaba bajo el nombre de "Centro de Izquierda Republicana", conservando en el fondo un matiz marcadamente comunista. Figura destacada dentro de esta sociedad era su presidente el médico D. Manuel Díaz González (a) "Raquítico", encargado de arrastrar al seno de la Agrupación, a un sinnúmero de incautos, valiéndose para ello del prestigio que le daba la profesión.

Esta sociedad, adquirió un auge extraordinario a partir de las elecciones de febrero del 36, y llegado el momento, quisieron sus componentes hacer también su poquito de revolución, llegando en sus afanes y locos propósitos a intentar, pocos días antes del movimiento, agredir a la fuerza allí concentrada. No lo realizaron, mirando sin duda por su seguridad personal, contentándose con visitar las viviendas de algunos significados derechistas, en demanda de armas y municiones que solicitaban con toda la delicadeza y corrección que suele tener con sus víctimas el vulgar salteador de caminos.

No se registraron en Incio durante los cinco días que estuvieron los pueblos de este Ayuntamiento a merced de los revoltosos, las salvajadas y barbaridades que éstos antes proyectaran, debido tal vez a la oposición que encontraron en el Alcalde D. Isidro Bellichasi, opuesto a toda clase de violencias, aunque con poco dominio sobre las masas.

El día 22 de julio, fuerzas de Falange del pueblo se adueñaron del Ayuntamiento, Juzgado y Teléfonos; y al día siguiente 23, entraban en Incio sin resistencia alguna, cuatro Guardias civiles que con treinta o cuarenta Falangistas salieran de Sarria, para pacificar y limpiar los contornos de aquella Villa.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

sábado, 15 de mayo de 2010

La Falange de Vivero y otras Milicias

Actuó muy eficazmente desde los primeros momentos de su organización, unas veces, bajo el mando inmediato de su jefe don Ramón Pita, otras, a las órdenes de fuerzas armadas, y siempre, con el brío y entusiasmo que a las almas buenas inspiran siempre las causas justas.

Así, el 15 de agosto, una patrulla de fascistas mandados por Pita, obligan a rendirse en las Grañas, a dos soldados (1) de Artillería, que con otros compañeros habían desertado, y se hallaban refugiados en una casa. Posteriormente, en las montañas de Ferreira, capturan, en expedición con la fuerza pública, a un marinero, desertor de un barco de guerra, hiriendo a otro soldado de Artillería, al que hacen prisionero y envían luego al Hospital de Ribadeo; y el 17 de agosto, queman los atributos masónicos (escuadras, martillos, espadas, etc.) que habían sido hallados en la casa del Pueblo, en donde además, habían antes recogido una caja conteniendo las Sagradas Formas, robadas probablemente del Sagrario de la Iglesia de Faro, que apareciera sacrílegamente profanado.

Otras muchas acertadas intervenciones tuvo en la retaguardia la Falange de Vivero, muchos de cuyos componentes había de demostrar luego en vanguardia que sabían batirse como los mejores.

La idea Carlista, que en Vivero mantenía el cronista D. Luis Noya, fecundizada con la sangre de los caídos en cien combates, ofrece a la Villa en noviembre del 36, sus frutos de esperanza y de promesa: los Requetés Vivarienses, que bien pronto habían de ser consoladora realidad en los campos de batalla.

En noviembre, también el poeta Francisco Leal Insua, con la colaboración de los obreros Jesús Álvarez y Vicente Gómez, ve coronados sus trabajos de patriotismo, con la formación, entre la clase proletaria, de un frente Antimarxista.

Esta labor de catequesis obrera, conveniente en todas partes, resultaba en Vivero absolutamente necesaria, ya por el grado de intoxicación y envenenamiento ideológico-social a que habían llegado sus trabajadores (2), ya por la mayor proximidad de los mismos a la zona roja de Asturias.

(1) Estos soldados que desertaron con armas, intentaban pasarse a los rojos de Asturas en compañía de algunos otros, de los que se habían separado por diferencias de criterio acerca del itinerario.

(2) Después de varios meses de continuos fracasos entre los "suyos", levantaban todavía el puño, saludando el paso de los aviones rojos.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

viernes, 14 de mayo de 2010

Vivero: estado social; sucesos de julio.

Vivero, ciudad de 14.500 habitantes es, entre todas las de la provincia, la que presenta el mayor contingente de población obrera.

Con un censo de trabajadores superior hasta al de la capital, había de ser necesariamente el blanco de las actividades de los líderes traficantes y explotadores del pueblo.

Esto unido a las injusticias cometidas por algunos desaprensivos patronos, dio origen a un profundo malestar social, que se revelaba en el planteamiento de frecuentes conflictos, los que no siempre se desarrollaban dentro de las normas legales y ambiente que fuera de desear.

Los efectos perturbadores de estos conflictos, se hacían sentir en la vida de la población entera; pero más directamente repercutían, en las fábricas de Cillero, las minas de Silvarosa y la industria automovilista de Chavin ayudando sobre todo, a crear el estado de honda agitación que se notaba en Vivero al estallar el Movimiento de julio.

Al conocerse en Vivero el levantamiento salvador de las tropas de Franco, las autoridades, puestas al servicio del Gobierno antinacional, trabajan a una con los dirigientes sindicales, en la obra nefasta de preparar una seria resistencia a todo intento y a todo propósito que emanara de los Centros militares. Al efecto, grupos de trabajadores recorren los pueblos en trabajo de requisa (1); asaltan el polvorín de la Silvarosa, apoderándose de grandes cantidades de dinamita; se incautan de todo el material existente en las armerías; disponen la fabricación de bombas, y nombran las comisiones encargadas de la recluta de milicianos, en el pueblo y sus contornos.

El día 20 de julio fue acaso el de mayor actividad revolucionaria en Vivero, por el día señalado para la salida de las partidas armadas que habían de acudir en auxilio de las ciudades "en donde se luchaba para salvar a España".

A plena luz, hombres, armas y dinamita son cargados en coches y camiones requisados al efecto, y que salen luego en distintas direcciones, formando verdaderas columnas motorizadas, entre las que fue sin duda la más importante, la enviada a la ciudad de La Coruña, mandada por Manuel Rodríguez (a) "Roxo de Vieiro", que llevaba como segundo a Jesús Bellas Cao (2).

En Vivero quedaba con todo, número suficiente de revoltosos para encarcelar aquella noche a unos valientes que custodiaban la Iglesia de Santa María del Campo, y para llevar a cabo a la noche siguiente, según lo convenido, el plan de terror que los primates rojos habían elaborado.

Sin embargo esto último no pudieron realizarlo porque, en la tarde del día 21, fuerzas de la Guardia Civil y Carabineros al mando del Teniente Vaamonde, entran en la Ciudad, apoderándose de la casa del Pueblo y del Ayuntamiento (convertidos por los rojos en verdaderos arsenales de dinamita) y empujando hacia los montes circunvecinos a la mayor parte de los revoltosos que, con las incursiones que con frecuencia hacían a los poblados, incendiando pajares y almiares, impidieron, durante algún tiempo todavía, el libre abastecimiento de la ciudad (3). Con todo, el orden no volvió a alterarse, gracias a la estrechísima vigilancia que sobre el pueblo ejercían las fuerzas de la Guardia Civil y Carabineros eficazmente ayudados por los muchachos de Falange, organización que en los primeros momentos, tuvo su principal base de aprovisionamiento en la "Juventud Católica", manantial fecundo en todas partes, del despertar glorioso de las virtudes ciudadanas.

(1) En el desempeño de su cometido, llegaron hasta el extremo incomprensible de amenazar con una escopeta al Cura de Luances, para que abriese el Sagrario, por ver si allí había armas escondidas.

(2) Las gentes de esta columna, asaltaron a su paso por Muras, la casa del Cura y destrozaron el mobiliario causando pérdidas valoradas en 1.500 pesetas.

(3) El día 24 de julio intentaron todavía, los revoltosos del Barquero, volar con dinamita el puente de este nombre sobre el Sor, teniendo que sostener con ellos la fuerza pública un vivo tiroteo.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

jueves, 13 de mayo de 2010

Ribadeo: estado social; sucesos de julio.

De todas las agrupaciones que en Ribadeo constituían el F. P. era la U. G. T. la que contaba con mayor número de afiliados. También la C. N. T. tenía su grupo que, por cierto, había aumentado considerablemente a partir de las famosas elecciones de febrero, no faltando tampoco representantes del comunismo, como José Gómez Álvarez (a) "El de la herencia".

Saliendo de la capital del Distrito, encontramos en los demás pueblos de la comarca, fuerzas sindicadas que se reparten diversas sociedades, llevándose desde luego la mayor parte, esas dos grandes ramas del marxismo, de las que muchas otras, sin tomar el nombre, participan del ideario. Sin embargo, la organización sindical de izquierdas, no era tan amplia en la zona de Ribadeo, que llegase a constituir un peligro decisivo, en caso de revuelta.

Desde el día 19 de julio del 36, los elementos afectos al F. P. se adueñaron de la población, organizando milicias rojas que hasta el día 23 actuaron libremente, llevando a cabo requisas y otros desmanes, entre los que merece destacarse la incautación del Hotel Lamas, desde cuya terraza hostilizaron los rebeldes a las fuerzas del Ejército.

Sabedora la Autoridad Militar de Lugo, de que algunos carabineros hacían en Ribadeo causa común con los revoltosos, y sabiendo además que allí se había refugiado el diputado Villamil, uno de los principales dirigentes revolucionarios de la provincia, apenas pacificada la capital, ordenó saliese una columna contra Ribadeo, columna que parte de Lugo el día 22, consiguiendo después de ligero tiroteo, que la mayor parte de los carabineros se uniesen al Movimiento, y deteniendo a otros que se empeñaran en llevar hasta el fin su adhesión a la República de las desgracias.

Esta misma columna bate al día siguiente a los rebeldes de Puente Nuevo, haciéndoles muertos y heridos, y regresa la noche del 24 a Lugo, con 113 prisioneros, sin nada más que lamentar por su parte, que un soldado herido de escasa importancia.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Mondoñedo

La ciudad de Mondoñedo, a pesar de su proximidad a los pueblos de Ribadeo y Vivero en donde los sucesos de julio revistieron no pequeña importancia, apenas si ofrece nada que merezca destacarse bajo el aspecto de oposición colectiva al Movimiento Nacional.

Ciudad pacífica y en su mayoría derechista, contaba sin embargo con sus centros de corrupción político-social, sin autoridad ni prestigio para organizar por sí solos una seria resistencia, pero con la suficiente fuerza para uncir al carro de la revolución asturiana, a más de un centenar de pobres desgraciados que esperaban tan sólo la llegada a Mondoñedo de los emisarios de González Peña, para unirse a ellos y acatar sus órdenes. Tales eran las intenciones de los socialistas mindonienses, que no pasaron a vías de hecho, porque los rojos asturianos, si penetraron en Galicia, no pasaron por Ribadeo, a pesar de las facilidades que encontraron en la mayor parte de los carabineros de aquella demarcación.

Por eso, nada pasó en la ciudad de Mondoñedo, ni tampoco en los demás pueblos del Partido: Abadín, Alfoz, Foz, Pastoriza, Riotorto, Valle de Oro... Sólo en Villanueva de Lorenzana hubo su poquito de revuelta, debido a las actividades revolucionarias de José Lorenzo (a) "Roque", que compartía con el "Camacho", con José Burgo (a) "Azaña", con el médico Donato Ron y otros compañeros de su misma maldad, la dirección de la sociedad sindicalista de Villanueva.

Esta agrupación que contaba con más de 400 asociados, miraba desde tiempo atrás, con malos ojos a la comunidad de Benedictinos de Lorenzana, en cuyo Monasterio pretendieran entrar a saco más de una vez los sindicalistas. No lo habían hecho hasta entonces; pero nunca tampoco les deparara la suerte mejor ocasión. -¿Entrarían ahora? Así lo había dispuesto el alto mando de la Sociedad; pero la prudencia y laudable energía del Alcalde don José Rodríguez López Somoza (persona honorabilísima y rara excepción entre los alcaldes del Frente Popular) supo impedirlo, como supo también salvar a la villa que, un día antes de la entrada de las fuerzas del Ejército, tomaran ya, intacta, los falangistas mandados por Marcial Minguillón.

La acción, por tanto, de la Autoridad militar de Mondoñedo, hubo de limitarse a la destitución en los primeros momentos del Ayuntamiento "Villamarín", a la detención de los elementos más destacados del F. Popular, y a la ordenación, fomento y dirección del entusiasmo, cada día creciente, de los 46.487 habitantes del partido, en favor de la Causa Nacional.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

martes, 11 de mayo de 2010

Quiroga: sucesos de julio; marcha sobre San Clodio

La inquietud que las noticias de África produjeron desde el primer momento en los centros social-comunistas de la comarca de Quiroga, se vio muy pronto transformada en desconocida actividad revolucionaria.

A San Clodio comenzaron a concurrir, desde el día 18, los revoltosos de los pueblos limítrofes, excepto Quiroga, Fisteus y otros de menor importancia. Concentración roja digna de tenerse en cuenta, no sólo por el número de bolcheviques que la integraban, sino también por la cantidad y calidad de armas de que disponían.

Por si ello fuera poco, esta fuerza se vio inopinadamente aumentada con unos 30 mineros de la comarca carbonífera de Fabero y Ponferrada, que, bien provistos de bombas fabricadas por una asturiana, llegaron a San Clodio huyendo de la puntería de la Guardia Civil de Ponferrada (1).

¡San Clodio era de los rojos, y continuaría siéndolo aún después de declarado el Estado de Guerra en Quiroga, hasta que las fuerzas de España se decidieran a rescatarlo! Esto sucedió el día 22 de julio.

Muy de mañana salieron de Quiroga las fuerzas de la Guardia Civil, las de Carabineros y unos 10 falangistas: llevaban la misión de limpiar de enemigos que pudieran obstaculizar la operación, los montes y alturas que rodean el pueblo de San Clodio. Al llegar al montículo que domina el puente de San Clodio, Quiroga, sostienen un ligero tiroteo con los centinelas que tenían los rojos vigilando la entrada del puente y carretera y, después de ponerlos en fuga, continúan hacia Nocedo en donde los revoltosos tenían un grupo fuertemente equipado, con la consigna de cortar el paso a las fuerzas de Lugo y Monforte que, en combinación con las de Quiroga, venían sobre San Clodio. Suponemos lo que harían ante las fuerzas de Lugo y Monforte, más numerosas que las procedentes de Quiroga, los que, a la sola presencia de éstas, encontraron el monte demasiado pequeño para escapar.

Hacia las cinco de la tarde y en el lugar de Espandariz, establecen contacto las tres columnas que habían de liberar a San Clodio. Toma el mando de toda esta fuerza el Capitán de la Guardia Civil D. José López de Haro, llevando el Teniente al de Monforte D. José Díaz, y ordena el avance sobre San Clodio, que se efectúa en medio del mayor entusiasmo y decisión, no contenidos ni debilitados por las barricadas que los rojos habían levantado hacía la parte media del puente, valiéndose de sacos terreros; ni por las alambradas construidas con hilo de pico por un marino a quien sorprendiera el Movimiento en San Clodio y que se vio obligado a trabajar para los revoltosos, bajo la amenaza de las pistolas de aquellos; ni tampoco por las naturales fortificaciones que ofrecían las casas del lado opuesto, ocupadas por mineros armados con botes de metralla y toda clase de pertrechos. Todos estos obstáculos fueron superados por los bravos falangistas, Guardia Civil y Carabineros (2) que, al grito de ¡Viva España! cruzan el puente, arrollando todo cuanto se opone a su marcha victoriosa.

Al brioso empuje de las fuerzas de España, contestaron los moscovitas con la más vergonzosa de las desbandadas, abandonando heridos, armas y municiones. El "Musolini", Armando Corzo, un tal Emilio (a) "Grano de Millo" y otros dirigentes, fueron los primeros en abandonar el campo, huyendo a toda prisa en una máquina que tenían preparada en la estación, mientras las fuerzas libertadoras reintegraban San Clodio a la España Tradicional.

(1) En una máquina con furgón, corrían hacia Monforte, creyendo que esta población estaba en poder de los marxistas; pero en la estación de San Clodio (Quiroga) les desengañaron, y decidieron quedarse allí.

(2) Merecen destacarse por su heroísmo en esta operación, los falangistas Carrosa y Julio Quiroga, y el Sargento de la G. C. Sr. Cámara.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

lunes, 10 de mayo de 2010

Quiroga: estado social

El ambiente de orden, paz y trabajo en que, desde tiempos inmemoriales venía desarrollándose la vida de la comarca toda de Quiroga, apenas turbado hacía unos doce años por la aparición de diversas sociedades agrarias, muertas cuando acababan de nacer, no pudo resistir los embates de la propaganda socialista, iniciada el año 31 en San Clodio de Ribas de Sil por un individuo que llegaba de América con la nota de indeseable en su pasaporte.

Este sujeto, fundó una sociedad de tipo socialista, a la que dieron sus nombres muchos vecinos de San Clodio y otros pueblos limítrofes, y que, incrementada en los años 32 y 33, fue, en el término de Quiroga, la base de los sucesos revolucionarios del Octubre de 1934.

Torveo, Nogueira, Rairos y otros pueblos, se alzaron entonces en armas, con objeto de lanzarse sobre San Clodio a fin de saquear e incendiar luego las casas de las personas significadas como derechistas. La oportuna intervención del Comandante del puesto de Carabineros de Quiroga D. José Dapena, primero, y la decidida actuación del Teniente de la Guardia Civil de Monforte Sr. Sarandeses y guardias a sus órdenes, después, impidió que aquellos bárbaros realizasen sus propósitos.

A partir de este momento (8 de octubre de 1934), no volvió a alterarse el orden (1) hasta que, con el ficticio triunfo del Frente Popular, volvió a dejarse ver el indeseable a quien antes nos hemos referido, Marcelino Fernández (a) "Musolini" que, de nuevo empuña la vara de la Alcaldía de San Clodio y, ayudado por el Procurador de los Tribunales Nicomedes Blanco y un hijo de éste, da principio a una interminable serie de persecuciones y atropellos de que hace víctimas predilectas a los sacerdotes de San Clodio, Quiroga, Bendollo, Bendillo, Hospital y otros, y a las iglesias de Sequeiros, Torveo, Nocedo, Rairos, San Pedro y Satordey, creando con estas y otras violencias (2), el estado verdaderamente caótico en que se hallaba Quiroga en julio de 1936.

(1) Para garantizarlo, permaneció en la comarca, por espacio de tres meses, una sección de Infantería del Regimiento de guarnición en Vigo, a la que varios vecinos de San Clodio rivalizaron en atender y obsequiar, empezando por D. Manuel Batanero que puso bodega y despensa a disposición de las fuerzas.

(2) Amenazaban con expulsar de la Sociedad a todos los que fuesen a Misa y bautizasen a sus hijos, o se casasen canónicamente. Más aún: a un joven afiliado a la Casa del Pueblo, cuando se hallaba gravemente enfermo, llegaron a amenazarle de muerte si se confesaba. Testigo el Párroco D. José Gómez Ferreira, que tuvo que pasar por la amargura de escuchar, de labios del enfermo aquel, cristiano y bueno en el fondo, estas terribles palabras:¡Ay D. José: no puedo confesarme! me han amenazado con asesinarme si me confieso". ¡A las pocas horas, aquel pobre joven, moría sin Sacramentos!

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

domingo, 9 de mayo de 2010

Samos: camisas azules

Ser fascista en los últimos tiempos de la República, era vivir siempre bajo la amenaza del puñal y de la Star. Sin embargo, en Galicia como en otras muchas regiones de España, no faltaron muchos valientes y decididos que no tenían el menor reparo en confesar sus ideales fascistas, cuando sabían que su confesión había de ser provechosa, y fecundo su sacrificio.

El mes de febrero sobre todo, fue en su primera mitad, testigo de actos verdaderamente heroicos, con que una parte de la juventud española probó cumplidamente, con su amor a España, su amor a la Falange y su generoso desprendimiento de la vida. ¡Había que dar la cara! ¡Era necesario preparar las elecciones y defender las urnas!

Pasó el momento. Un escrutinio del todo falso, caprichoso y desvergonzado, dio el triunfo a las izquierdas y, envalentonadas éstas, sino con la fuerza de la razón, con la razón de la fuerza, salieron de sus lodosos cauces en torrente desbordado, capaz de saltar todos los diques y romper todos los frenos.

¡Era inútil oponerse de momento a su marcha devastadora e impetuosa! ¡Sacrificio estéril, el de la piedrecita que intenta detener en su camino las aguas del ancho canal cuyas compuertas acaban de ser abiertas!

¡Mostrarse fascista en aquellos momentos era, más que un acto de heroísmo... un acto de verdadera locura!

Así, aquellos muchachos que sin antifaz lucharon antes y en las elecciones de febrero, se vieron descubiertos en sus ideologías, y, perseguidos como alimañas peligrosas, tuvieron que buscar refugios ignorados por sus enemigos, y permanecer en ellos hasta el momento en que el sacrificio de su vida pudiese resultar de alguna utilidad a la causa de su patria y al lema de su bandera.

Jesús Suevos, a quien su valor y excepcionales dotes habían de llevar a ocupar un día el más alto puesto dentro de la organización de Falange en Galicia, fue uno de esos muchachos, contra quienes, los esbirros del F. P. habían fulminado sentencia de muerte, y que pudo escapar de ella viviendo a la sombra del Monasterio de Samos, desde el 18 de febrero hasta el día 19 de julio, en que, el clarín de guerra anunciaba a los cuatro vientos que, el salir al campo de batalla, dejaba de ser una temeridad y una locura, para convertirse en acto de valor y patriotismo.

Suevos, acompañado de otro falangista, Armando Durán a quien los sucesos sorprendieran también en Samos, salió a Sarria y a Lugo después, abandonando la placidez de aquellos lugares, testigos acaso de la ofrenda de su vida a su Dios y a su patria, y en los que, los hermanos Chao habían de sostener y propagar el espíritu de Falange que iba él a llevar a otros pueblos.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

sábado, 8 de mayo de 2010

Samos

Remanso de paz situado en la provincia de Lugo a muy pocos kilómetros de Sarria y a 40 de la capital; lugar santificado por los ayunos, vigilias y penitencias de los monjes de San Benito, que a toda la comarca habían llevado el perfume de las virtudes claustrales, cuya benéfica influencia se dejaba sentir lo mismo en la vida privada que en la vida social de los moradores, se vio no obstante envuelto entre las agitaciones político-sociales de la época, empujado a ellas por los dirigentes del "Centro Republicano", feudo de Casares Quiroga, y manantial fecundo de propósitos tenebrosos.

Benigno Leirado, principal dirigente del Centro Republicano en Samos al advenir el Movimiento, busca apoyo de los camaradas de Sarria, poniéndose en contacto con ellos por medio de Jesús Villanueva.

Los de Sarria, que en el Monasterio de Samos ven un objeto muy apropósito para cebar sus ansias incendiarias y satisfacer sus odios antirreligiosos, no tardan en hacer acto de presencia en el pueblo, en partida de unos 20 revoltosos, capitaneados por "Tirabeque" hermano del alcalde de la villa.

Llegan a Samos, doblada ya la medianoche del 19 de julio.

Aunque el principal objeto del viaje era (según parece) el Monasterio, entretenidos en desvalijar de los materiales propios de su industria al pirotécnico Dorado, a quien obligaron a ceder en beneficio de la revolución dinamita y otros artículos por valor de 2.000 pesetas, aquél no pudo ser tocado, ya porque se enterasen los revoltosos de que dentro de sus paredes había, a más de capuchas monacales, tricornios de Guardia civil, ya porque las sombras de la noche, cuya protección buscaban en su cobardía, iban alejándose acosadas por los albores del nuevo día.

A Sarria tornaron pues las huestes de "Tirabeque", pero... para volver a las pocas horas entrado ya el día 20, con fuerzas reforzadas y no mejores intenciones.

La Guardia civil de Triacastela que hiciera noche en el Monasterio, corta en seco los propósitos de los expedicionarios, y "Tirabeque" manda retroceder a su pandilla, no sin antes amenazar a los civiles, diciéndoles con aire de niño malhumorado y caprichoso: -Ahora veréis: ¡Se lo voy a contar todo a mi hermano! Fue... y no volvió.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

viernes, 7 de mayo de 2010

Sarria: la Guardia Civil en la calle; detenciones; registros; tranqulidad absoluta; operaciones en el extrarradio; primeras autoridades

Mientras se desarrollaban los sucesos que acabamos de relatar, la Guardia Civil había permanecido acuartelada, teniendo debidamente organizada la defensa de la casa contra un posible intento de asalto por las turbas; pero al enterarse de la declaración del Estado de Guerra en la provincia, sabe ya a que atenerse, y el Comandante de la fuerza comunica inmediatamente al Alcalde que desalojen el Ayuntamiento, y depongan todos las armas. ¡Contestación digna de mejor causa la del Alcalde!: -La única autoridad en el pueblo soy yo, y me resistiré hasta morir.

Efectivamente, parece que la resistencia va a ser heroica y digna de figurar al lado de la de Numancia.

En el Ayuntamiento se habla, no sólo de resistirse, sino ya de tomar la ofensiva asaltando el Cuartel de la Guardia Civil. ¡Si los guardias tiraran con serpentinas!... pero, lo más seguro es que tiren con balas y... ¡cualquiera se atreve! Hay sin embargo uno, Casiano Quintana, que se ofrece a pasar en un coche por frente al Cuartel y arrojar al paso una bomba contra la puerta del mismo como iniciación del ataque. Pero... ni con eso prosperó el acuerdo.

Más fácil es, y menos peligroso, asaltar los comercios. Más fácil, y... más lucrativo. Para esto sí que hay innumerables voluntarios, y los asaltos se llevan a cabo entre la gritería ensordecedora de los asaltantes.

Poco dura sin embargo el trabajo, y bien pronto los gritos de: ¡Abajo los burgueses, mueran los capitalistas! etc. son sustituidos por otros más apremiantes de: ¡Ojo camaradas: que viene la Guardia Civil!

Efectivamente, era la una de la madrugada cuando la Guardia Civil enterada de que las turbas estaban asaltando tiendas y comercios, subía camino del Ayuntamiento, con el decidido propósito de apoderarse de él; y acabar con aquella situación.

Aventurada era la empresa, dado el gran número de hombres que lo defendían y merodeaban vigilantes por sus alrededores; pero quiso la Providencia que los revoltosos, poseídos de un pánico indescriptible a presencia de la fuerza, huyesen tan velozmente como les permitieron los medios de transporte con que contaban, dirigiéndose la mayor parte de ellos hacia Castro de Rey.

A las tres de la madrugada, la Benemérita era dueña del Ayuntamiento en donde encontraron cartuchos, algunas bombas y una caja de dinamita de la que los rojos habían robado en el polvorín de Samos.

Desde este momento, ya no volvió a alterarse el orden en la Villa de Sarria. El día 21, las casas de algunos significados extremistas fueron sometidas a un minucioso registro, encontrándose en la del Alcalde un pequeño depósito de armas, que sirvieron luego para dotar, en los primeros momentos, a las fuerzas de Falange que, organizadas, prestaron valiosísima ayuda a la actuación de la Guardia Civil, dentro y fuera de la población.

Algunos pueblos de la comarca en donde no había fuerzas, o a donde llegaron, ya en plan de refugiados, los elementos huídos de Sarria y otras poblaciones de más importancia, seguían todavía resistiéndose y cometiendo algunos desmanes. Para someterlos, salieron de Sarria Guardias y Falangistas, que llegaron en sus incursiones a Incio, Láncara, Paradela y Triacastela, recogiendo armas y organizando las personas afectas al Movimiento. En los últimos días de julio toman parte también, con fuerzas de Lugo (Capital) en la operación de batir en las parroquias de Villamayor (Sarria) y Castro de Rey (Paradela) diversos focos rebeldes, que dirigidos por el Alcalde de Sarria, se habían atrincherado en los lugares aquellos, que abandonaron luego huyendo hacia Taboada y Puertomarín, después de haber atravesado el Miño. Días más tarde reanudan la persecución de estos grupos llevando a cabo numerosas detenciones, y desbaratando por completo las huestes del cabecilla Alcalde, que consiguió huir en unión de algunos otros dirigentes.

Las primeras autoridades de la Nueva España fueron en Sarria: D. Francisco Bullón Baladrón, Comandante Militar; D. Castor Gallego, Alcalde, y D. Eduardo Gómez, Gestor del Ayuntamiento.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

jueves, 6 de mayo de 2010

Sarria: actuación desesperada

Este período de persecución contra todo lo que en Sarria significaba autoridad, orden o creencias religiosas, iba a culminar en los días 18, 19 y 20 de julio, en que el Alcalde, eficazmente secundado por otros elementos, se siente como nunca general en jefe de la comarca, y defiende desesperadamente una situación que agonizaba.

El día 18, enterados del levantamiento de África, recorren todos los centros obreros y visitan las agrupaciones políticas de izquierda, movilizando a la gente, que formada luego en diversas guardias y patrullas, recorren la Villa o vigilan las entradas de la misma, deteniendo a toda clase de vehículos, y registrándolos escrupulosamente, así como a todos sus ocupantes.

Estas operaciones siguen durante todo el día 19. En la noche de este día, los revoltosos extienden su actuación a las parroquias circunvecinas, en donde se dedican a la requisa de armas y recluta de milicias, conduciéndolas a la Villa, que en la mañana del día 20 aparece convertida en un hervidero de pistoleros y escopeteros, muchos de ellos improvisados. Estaban sin embargo animados del mayor entusiasmo, y si la guerra se hiciera con gritos y manoteos, difícil sería encontrasen dignos rivales.

Una columna formada por extremistas de Castro de Rey y demás parroquias de Paradela, Incio, Triacastela, Samos, Páramo y Láncara, mandada por Vicente Páramo, se dirige en las primeras horas del mismo día 20, y en diversos coches, a la ciudad de Lugo, portando armas muy variadas y buena cantidad de dinamita.

En Sarria quedaban unos 400 hombres armados, dirigidos y capitaneados por el Alcalde, el médico D. Manuel Maceda, los gestores Casiano Quintana, Manuel Díaz Vázquez, Rogelio Tarí, Manuel Durán, y los Guardias Municipales Pedro Díaz y Cándido Maurín.

Toda esta fuerza espera en Sarria las noticias que de la capital habían de transmitir los expedicionarios, y para no aburrirse, mientras unos se dedican a presionar inútilmente a la Guardia Civil para que ésta les entregue las armas que tiene en depósito, otros pasan el tiempo paseando por la población y sus alrededores en coches y camionetas, exhibiendo armas y lanzando estentóreos gritos de U. H. P. y otros similares.

Las noticias que de Lugo trajeron los pobres infelices que allí fueron con objeto, les decían, de ayudar a sus hermanos, eran muy poco satisfactorias: En Lugo se había declarado el Estado de Guerra, y de toda aquella ingente masa revolucionaria que los pueblos había volcado sobre la capital, no quedaba en ella más que los detenidos por las fuerzas del Ejército, al iniciarse la desbandada general. Esto enfrió notablemente el ardor bélico de los revoltosos de Sarria, que reducen el frente de combate, haciéndose fuertes en el Ayuntamiento y sus inmediaciones. Sin embargo, la resistencia había de durar muy poco.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Sarria: estado social

A partir de las célebres elecciones de febrero de 1936, y nombrado Alcalde el joven abogado D. Antonio Páramo Sánchez significado siempre por sus ideas extremistas, comenzó en Sarria una campaña de odios y persecuciones contra toda persona de orden, instigada y dirigida por el Alcalde mismo, que hacía objeto preferente de su animosidad a la Guardia Civil a la que tachaba de fascista, y cuyo traslado a Asturias propuso a Casares Quiroga.

Acentúase el malestar a partir de unos sucesos ocurridos en Sarria en los últimos días de junio, sucesos que sirvieron de pretexto a los elementos de izquierda para organizar una gran manifestación que, presidida por los diputados Sres. Villamil, Gasset y Ouro, desfila en actitud levantisca y amenazadora, por las calles de la Villa.

Al pasar los manifestantes frente a la casa del Sr. Saco situada muy cerca del Casino, suena un disparo que Gasset y los manifestantes atribuyen al dueño de la vivienda, con objeto de justificar la formidable pedrea que descargan sobre ella, y cuyos efectos habían de alcanzar también al Casino.

Las turbas se dividen, y mientras unos acometen la casa del Sr. Saco, se dirigen otros al Casino, destrozando éstos todo el mobiliario, y pretendiendo aquellos linchar primeramente al dueño por haber reclamado auxilio de los vecinos, y quemar luego el inmueble.

No tuvieron tiempo para ello. En este momento aparece el jefe de la Guardia Civil con toda la fuerza a sus órdenes, y a su presencia inician los amotinados un movimiento de retroceso.

Se rehacen no obstante muy pronto al ver que el Alcalde se adelanta al encuentro de los guardias, para ordenarles que se retiren, pues "allí no pasa nada, y él responde del orden".

La pedrea con todo continuaba, y en vista de ello, avanzan los guardias desatendiendo las órdenes del Alcalde que les amenaza con el Ministro de la Gobernación, y la decidida actitud de la fuerza, modifica la de los revoltosos que acaban por disolverse, terminando de este modo una jornada que pudo haber sido sangrienta, a no haber mediado la oportuna y prudente intervención de la Guardia Civil. Esta cumplió con su deber: restableció el orden; impidió que las huestes del Alcalde cometiesen mayores desafueros, y comunicó luego todo lo ocurrido al Gobernador de la provincia, que mandó a Sarria un delegado encargado de abrir una amplia información de los sucesos.

Disgustado el Alcalde al ver frustrados todos sus propósitos, respirando odio contra los causantes de sus desventuras, y maquinando nuevos planes (puesto de acuerdo con los demás alcaldes del Partido para que secundasen su actitud) se dirige directamente a Casares Quiroga, Presidente entonces del Gobierno, quejándose del Gobernador y pidiendo la fulminante destitución de éste y de la Guardia Civil de Sarria; advirtiéndole que, de no ser atendido en sus reclamaciones, se vería obligado a dimitir con todos los demás alcaldes que, como él, "habían visto con disgusto el nombramiento de un delegado especial, por redundar esto en desprestigio y menoscabo de la autoridad municipal". A Casares no le convenía indisponerse con tan buenos servidores: el Gobernador es trasladado, y promete hacer lo mismo con la Guardia Civil de Sarria, lo que sin duda hubiera hecho, a no haberse precipitado los acontecimientos.

Todavía tiene tiempo el Alcalde para desahogar su mal humor y el disgusto que le causara la detención de un tío suyo. Vicente Páramo, y otros tres dirigentes en los sucesos que hemos relatado, ordenando en venganza, el ingreso en la cárcel de las más significadas personas de orden, que no llegó a efectuarse, por no haber encontrado motivo para ello el Juez especial que se hallaba en funciones.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

martes, 4 de mayo de 2010

Plan revolucionario: ¿Cómo se salvó Monforte?

No tenemos noticias exactas y completas de todo el plan de los revolucionarios de Monforte. Suponemos sería el desarrollado por los marxistas en aquellos pueblos de España que tuvieron la desgracia de pasar algún tiempo bajo su dominio.

Lo que sabemos es, que tenían en su poder y debidamente preparados, los más variados instrumentos de martirio: garfios de hierro en forma de anzuelo para desgarrar las carnes; punzones; uñas de metal, y cadalsos levantados ya en el depósito municipal, esperando todo ello, el momento de ser utilizado y experimentado en el crecidísimo número de personas (casi todas las que significaban algo en Monforte) incluidas ya de antemano en la lista negra de los condenados a muerte.

Al que conozca Monforte; al que sepa la decisiva influencia que desde tiempo atrás venían ejerciendo allí las sociedades obreras; al que considere la importancia de sus componentes, no sólo por el número sino también por la calidad; al que haya vivido en Monforte los últimos tiempos anteriores al Movimiento de julio, o simplemente haya escuchado el relato de las vejaciones, insultos y amenazas de que era objeto toda persona decente, tiene necesariamente que extrañarle la falta de resistencia observada en julio en la masa revolucionaria, la total ausencia de actos de sabotaje y delitos de mayor cuantía, y la facilidad en fin, con que los dueños de la calle, abandonaron el campo y se dieron a la fuga. Extrañeza que necesariamente habrá de manifestarse en esta parecidas palabras: ¿Cómo se salvó Monforte?

Nosotros, colocados claro está en el terreno puramente humano, nos hicimos desde él la misma pregunta y, prescindiendo de la desbandada de los primeros momentos -que atribuimos única y exclusivamente a la cobardía, unida si acaso a la falta de conocimiento exacto de la fuerza contraria- creemos sinceramente que Monforte se salvó de los efectos de una sangrienta reacción, merced a las fuerzas organizadas por el propietario y abogado don Andrés Gil Municio; a la "Sociedad Agraria de Lemus" afecta en política al desventurado Martínez de Velasco, y a los campesinos aquellos que, desde los primeros momentos, dejaron su familia y la tranquilidad de su aldea, para acudir en socorro de la ciudad amenazada.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

lunes, 3 de mayo de 2010

Monforte: la plaga de los mosquitos; huelga general; operaciones de limpieza.

De "plaga de los mosquitos" calificarían sin duda los marxistas de Monforte la llegada al Ayuntamiento de una comisión, que pide entrevistarse con el Teniente de la Guardia Civil, dos horas después de haberse hecho éste cargo del mando de la plaza.

La forman Luis Romero Rodríguez (a) "Mosquito" y todos sus hijos, cuyo número ignoramos, pero cuya laudable actuación conocemos.

Pertenecen a la "Sociedad Agraria de Monforte", y son acaso los primeros que acuden a ponerse a disposición de la autoridad Militar, asegurando a ésta que hay en el campo cientos de hombres que piensan como piensan ellos.

Decían verdad: sale esta familia de la Comandancia, y a las cuatro de la mañana empiezan a llegar a Monforte labradores y más labradores armados, que, en número de 400 y en colaboración con la Guardia Civil, sostienen desde entonces el orden en la población.

Los dirigentes marxistas, en su precipitada fuga, o no habían ido muy lejos, o habían dejado órdenes concretas a sus dirigidos para que, en un momento determinado, fuesen a la huelga general. Este momento fue el día 21 de julio en que todos, como un solo hombre, abandonaron el trabajo observándose la más completa paralización en todos los aspectos de la vida comercial e industrial.

La huelga duró varios días. Ocupadas las autoridades en otros menesteres que reclamaban atención principal (como la detención de los socialistas más significados que pasaron a ocupar el lugar que en la cárcel dejaran vacío los derechistas libertados) no se propusieron acabar desde el primer momento con una huelga que, por otra parte, se presentaba del todo pacífica, debido en gran parte a la presencia en Monforte de los valientes y leales campesinos que, parapetados en las azoteas y otros lugares estratégicos, se mostraban dispuestos a probar a todo el que intentara perturbar el orden ,que, con la misma maestría y destreza con que manejaban el azadón, sabían también manejar un fusil.

La huelga duró varios días, y... terminó, cuando la autoridad quiso que terminase. Un bando militar ordenando la vuelta al trabajo fue suficiente para que cada uno se reintegrase a su puesto, notándose solamente la falta de dos municipales y 200 ferroviarios, muchos de los cuales hubieron de sufrir más tarde las consecuencias de su rebeldía.

Apenas transcurridos ocho días, empezó a circular el primer tren afianzándose la normalidad que ya no volvió a alterarse.

Normalizada la situación en el pueblo -merced a las acertadas disposiciones del Teniente de la Guardia Civil D. José González Díaz, primer Comandante militar de la plaza, y a la actividad desplegada por el Teniente Coronel retirado Sr. Cortés, sucesor de aquél en el mando de la Comandancia-, dieron comienzo las operaciones de limpieza en el extrarradio.

Una columna formada por 10 Guardias civiles y unos 40 voluntarios, opera sobre el Ayuntamiento de Sober con tan buena fortuna, que logra copar al Comité revolucionario -que tenía aterrorizada a toda la comarca con las salvajadas cometidas, amenazas, saqueos de tiendas y comercios, implantación de vales, requisas, etc. etc.- haciendo además dos muertos al enemigo.

Fuerzas de Monforte operan también sobre Toiriz, Ayuntamiento de Pantón, en donde los revoltosos, con menos corazón o más suerte que los de Sober, logran internarse en los montes.

Marchan más tarde sobre la Puebla de Brollón para libertar a significados derechistas que los rojos tenía en rehenes, y, en unión de elementos falangistas de Lugo, hacen una incursión por tierras de San Clodio, sosteniendo vivo tiroteo con los revoltosos, y causándoles varios heridos.

Después, y en combinación con fuerzas de Lugo y Sarria, operan elementos de Monforte sobre Castro de Rey; y, por último, combinados con fuerzas de Castro Caldelas y San Clodio, caen sobre Torbeo en donde los rojos son seriamente castigados, abandonando en el campo varios muertos, entre ellos, uno que, protegido por las paredes de un roble que estaba hueco, disparaba insistentemente su rifle hasta que, descubierto, una bala, atravesando la defensa, lo dejó sin vida dentro mismo de tan original parapeto; y otro, que, alcanzado en la cabeza por el plomo, cae repentinamente al suelo; para incorporarse luego, y no pudiendo hablar, levantar el puño, con gesto amenazador que simula la mueca última de una vida, alimentada con el veneno de la revolución.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

domingo, 2 de mayo de 2010

Monforte: Movimiento de julio; requisas e incautaciones; ¡Hay autoridad en el pueblo!

Al conocerse el día 18 de julio la noticia del levantamiento de las tropas de África, obsérvase en los elementos del F. P. cierto revuelo, cabileos y conciliábulos, que duran hasta muy avanzada la noche, y se transforman, a las dos de la mañana, en órdenes urgentísimas que el comité -formado por Tizón, Chapel, Urbano, Núñez, Manuel Abeledo, Ceide y Espinosa (comunistas a sueldo del Socorro Rojo) y otros- transmite a los más significados socialistas de Monforte, para que inmediatamente se apresten a tomar las armas.

Armas no habían de faltar. Aparte de las que ya ellos tenían en depósito, ordena el alcalde sean incautadas todas las que se encuentren en la armería de Martín Cachaldora y en las demás tiendas de venta, y se recoja además toda la dinamita que encuentren en los establecimientos expendedores.

Al mismo tiempo, suenan las sirenas y pitos de las máquinas de la estación convocando al pueblo; se cursan órdenes a los campesinos socialistas de los ayuntamientos colindantes, para que se reconcentren en Monforte a la mayor brevedad; requisan los autos del pueblo y, a las ocho de la mañana, tienen ya convenientemente armados a unos doscientos hombres que, en varios camiones, transportan a Lugo, después de haber sido arengados por el alcalde que, desde los balcones del Ayuntamiento, los despide diciéndoles que disponía en aquel momento de 500 hombres armados, dispuestos a defender el honor de la República y del Frente Popular.

No exageraba el alcalde en cuanto al número; exageraba sí en cuanto al valor y decisión de sus guerreros que, -ya porque careciesen de ambas cosas, ya porque no les diesen tiempo a manifestarlas, o acaso más bien, porque no estuviesen convencidos de la existencia de un honor que se les mandaba defender- arrojaron las armas, empleando todo su valor y decisión, en ponerse a cubierto de la vista y presencia de la Guardia Civil, que asomaba ya sus tricornios al exterior de sus cuarteles.

A las cuatro de la tarde del día 20, se enteran en Monforte de que en Lugo se había declarado el Estado de Guerra, y la Guardia Civil sale inmediatamente a la calle formando una pequeña columna de 20 hombres mandada por un Teniente, que se dirige al Ayuntamiento tomando éste sin resistencia, y apoderándose de los lugares estratégicos, hace huir en diversas direcciones al alcalde y concejales, sin darles tiempo siquiera a despedirse de las respectivas familias.

No es de suponer que con esto desapareciesen del todo del ánimo de los monfortinos, temores y zozobras que a ellos habían llevado los camaradas del Frente Popular en aquellos tres días de amenazadora actuación; pero, puede sí asegurarse, que desde entonces, empezaron a sentir la sensación de tranquilidad y bienestar, que da siempre la presencia de la Autoridad.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

sábado, 1 de mayo de 2010

Monforte: antecedentes; estado social.

También en Monforte, como en otros muchos pueblos de la provincia de Lugo, tuvieron representantes y satélites los revolucionarios del año 34, que habían de ser, dos años más tarde, los supremos dirigentes de una desgraciada aventura, abortada en su nacimiento mismo, por la oportuna intervención de los buenos patriotas.

Mucho pudieran contarnos, si hablasen, las cuatro paredes de aquella casa en donde los conjurados del 34 se reunieron para, a altas horas de la noche y cuando los pacíficos monfortinos se entregaban al descanso, preparar ellos su plan revolucionario, y fabricar las innumerables bombas que, de triunfar el movimiento en Asturias, habrían de llevar a Monforte la destrucción y la muerte. No pudieron entonces ver satisfechos sus maquiavélicos deseos; pero no por eso desmayaron en sus propósitos. Siguieron trabajando en la obra de nutrir y engrosar cada vez más los cuadros de sus huestes, aprovechando las ocasiones todas de exhibirlas, ya en correcta formación militar, ya en abigarrada y tumultuosa manifestación, como sucedió el día en que, al líder monfortino Juan Tizón Herreros, amnistiado de Octubre, le fueron abiertas las puertas de la cárcel, para caer en los amorosos brazos de sus correligionarios, y ser paseado en hombros por las calles del pueblo entre gritos y aplausos de la levantisca muchedumbre.

Desde entonces se sucedieron con mayor intensidad los trabajos preparatorios del cien veces anunciado movimiento comunista de España.

En mayo del 36, la casa aquella a que antes nos hemos referido, vuelve a ser antro de ocultas maquinaciones y tenebrosos propósitos. Alguien, jugándose la vida propia por salvar la de los demás, puede sorprender en ella diversas reuniones y observar, tendido a lo largo de una viga de la techumbre, como proyectaban los reunidos volar el Ayuntamiento y hacer un minucioso registro en conventos e iglesias, para, con el pretexto de ver si allí encontraban armas, beneficiarse todo lo posible con los resultados del registro.

Por aquellas reuniones sabemos, que ya en el 34, tenían los elementos revolucionarios de Monforte armamento en abundancia, pues, terminadas las liberaciones, hacían con frecuencia el recuento de armas, y cargaban grandes cajas de municiones que fueron a parar, una a Escairón, y otras... aún hoy no se sabe a donde.

A partir de esta fecha, mayo del 36, crece de modo alarmante la agitación obrerista en Monforte y su zona, manifestada en diversos actos de alardes y violencias.

Las milicias organizadas en la población, no se recatan ya de hacer instrucción públicamente, y lucir por las calles en frecuentes desfiles la clásica camisa roja; hace su aparición la guardia roja armada, encargada de los registros; aparece sobre la Iglesia de Rivasaltas la bandera comunista y allí ondea por espacio de 15 días sin que nadie se atreva a arriarla, hasta que, por orden del Gobernador, es retirada por la Guardia Civil que detiene a los autores y los conduce al Cuartel de Monforte. Acompaña a estos una muchedumbre numerosa, que a las puertas del Cuartel permanece estacionada y en actitud levantisca, hasta que un toque de atención la disuelve, no sin antes haber proferido gritos e insultos contra el alcalde a quien llaman traidor, por no haber salido a su defensa.

Unos días antes del movimiento de julio, dos concejales, capitaneando a un grupo, asaltan el Casino, tiran los muebles por el balcón, e intentan asaltar también la casa de un significado derechista, no consiguiéndolo porque en la casa aquella había hombres.

Se suceden los registros domiciliarios a altas horas de la noche; los elementos de orden viven en continua zozobra y en constante peligro; encarcelan a unos, multan a otros y los más, se ven obligados a huir ante las frecuentes amenazas. No satisfechos con esto, experimentan también el asesinato, y, traidoramente, le hacen tres disparos de pistola a un pobre infeliz, a quien dejan en estado gravísimo.

¡Caso raro!: en Monforte apenas si se conocían las huelgas. Y no se conocían porque Tizón, jefe supremo de las masas, no las quería. Era alcalde, y no le convenían conflictos de este género; aparte de que para mantener en pie de guerra a su gente, tenía como hemos visto, otros procedimientos menos humanos, pero más eficaces. Quiso sin embargo, aleccionado por el Octubre del 34, reprimir la agitación de los suyos cuando ésta marchaba a pasos agigantados camino del frenesí y de la locura revolucionaria; pero con el único y exclusivo objeto de que las cosas no se precipitasen, como se precipitaron, y poder así ganar tiempo para, con calma, preparar un movimiento serio a cubierto de cualquier fracaso.

Por lo que antecede, se ve claramente el estado de descomposición y desorden a que había llegado Monforte (pueblo), en julio del 36. El 80 por cien de la población militaba de modo más o menos activo en el frente de izquierdas, en el que entraban los socialistas con un 60, Izquierda Republicana con un 15 y la Confederación Nacional del Trabajo con un cinco por cien.

En cuanto a la población rural, reflejaba por decirlo así los caracteres más o menos modificados de la ciudad.

La parroquia de Rivasaltas, sector ferroviario con unos 1.000 habitantes, era feudo de los comunistas; Penela y algunas otras, daban a los socialistas, de 20 a 30 afiliados; en Villamarín, el pueblo de la Peciña era casi todo él socialista; Chavaga, tributaba también, aunque en corto número, al socialismo; Reigada, daba a éste la mitad o más de sus habitantes, y en las demás parroquias del contorno, las izquierdas no encontrarían partidarios más allá de un quince por cien.

Tal era la situación de Monforte y su zona cuando surgió el Movimiento Patriótico que, con lágrimas y sangre, había de purificar el suelo de la Patria y que, en Monforte, se desenvolvió en medio de una casi absoluta tranquilidad.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

viernes, 30 de abril de 2010

Lugo (capital): organización de fuerzas.

¡Labor tan meritoria cuanto necesaria y difícil la de los Jefes y Oficiales encargados de la organización militar en los primeros días del Movimiento, y que nunca podrá ser debidamente recompensada!

La organización de fuerzas, tuvo en la plaza de Lugo extraordinaria intensidad y extensión. El primer batallón del Regimiento de Zaragoza, de guarnición en Lugo, había movilizado, a los tres meses de campaña, 5.801 hombres, despachado algún día hasta 7 trenes de fuerzas militares, para cuyo aprovisionamiento llegó a tener la provincia más de 800 camiones y ómnibus en los distintos frentes de combate, Huesca, Guadarrama, Soria, Asturias, León, Somosierra, etc. etc.

**********

Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.