sábado, 10 de abril de 2010

Vimianzo: Ayuntamiento del Frente Popular; Comienza la farsa; detenciones caprichosas; Sacerdotes a la cuadra.

Hay en Vimianzo un Ayuntamiento del F. P.: un Alcalde que no pincha ni corta, porque corta un hermano suyo y pincha el secretario; concejales de "Unión Republicana", esclavos de Miñones; de "Izquierda Republicana", patrocinados por su jefe inmediato, D. Evaristo; un correligionario de Miñones que, aunque es relojero, bien a las claras demuestra con su conducta que "no da la hora" ni mucho menos, y otros de menor importancia y de distinta significación en el conglomerado.

Todas estas figuras, están bajo la jefatura política de un "figurón" (1), Manuel Albores Gándara (a) "Cordas", representante de Casares, como pudo haberlo sido de Gil Robles, si a éste se le hubiese ocurrido llamarle "D. Manuel".

La primera preocupación del Ayuntamiento a que aludimos, fue desprenderse del Secretario D. Salvador Blanco Corbacho ¡No querían hombres honrados que fiscalizasen sus actos!

Para ello -en presencia de un coro de matones que habían preparado, para asustarle acaso- intiman a D. Salvador a que firme la renuncia al cargo, obteniendo como respuesta, una sonrisa entre burlona y de lástima, que aparece ligeramente sombreada por unos largos bigotes.

No dio resultado la intimación, y en vista de ello... ¿tentaron el asesinato?

D. Salvador acostumbraba a ir todas las noches al Ayuntamiento después de cenar, y, encerrado en la Secretaría, trabajaba hasta horas muy avanzadas.

La noche siguiente a la encerrona de que hemos hablado, faltó a la costumbre de todos conocida: D. Salvador se acostó, y... a la mañana siguiente, pudo comprobarse que una de las ventanas de la Secretaría había sido abierta violentamente, y que por ella penetraran al interior nocturnos visitantes, cuyas intenciones pueden adivinarse.

Depuesto al fin, el Sr. Blanco Corbacho, quedó ya libre el camino para que a la Secretaría fuese un hombre que, por sus condiciones, no desdijera de la factura de aquel Ayuntamiento. Fue este, D. Andrés García Ferreiro, que llega a Vimianzo con una brillantísima ejecutoria masónica, conquistada con sus entusiasmos por la "causa de la Humanidad", manifestados en burlas, calumnias y múltiples denuncias de personas honradas, a las que despellejaba ante las supremas autoridades de la gran masonería española.

¡Ya tiene "Cordas" y cuenta el Ayuntamiento con un asesor, que es el verdadero "Maese Pedro" ante el retablo de sus muñecos, a los que maneja caprichosamente desde los primeros momentos, y con los cuales da comienzo a la farsa.

El 18 de abril del 36, acuerda el Ayuntamiento proceder con toda energía contra el Juez Municipal D. Romualdo Noguera de Artaza; contra los párrocos de Castrelo, Salto y Baliñas; contra el hijo del Farmacéutico Sr. Posse; contra un hijo de Lamela; Augusto Romero; los Sres. José y Maximiliano Rivera y otros, acusados de elementos dirigentes o al menos destacados de las J. O. N. S., C. E. D. A. y J. A. P. en este Municipio y de "boicotear la República por todos los procedimientos".

Lo primero no era un delito, pues se trataba de organizaciones legalmente constituidas y que actuaban dentro de la ley, y lo segundo... no era verdad. Nótese que lo decimos, cuando afirmar lo contrario sería un honor para los acusados.

Sin embargo, fueron detenidos junto con los Sres. Martínez Mourelle, Posse Vázquez, Dopico Rodríguez y Vázquez Rivera, sin que se les comunicase el motivo de su detención, y sin que se hubiese tenido la menor consideración, ni aún para con aquellos que desempeñaban cargos públicos, como el Sr. Noguera de Artaza, Juez municipal suplente en funciones.

Más tarde, son objeto de las iras municipales, el párroco de Bayo D. Juan Astray Vidal, el médico D. Daniel Vázquez Paz y D. Celestino Mouro, tan injustamente tratados como los anteriores, y no más afortunados en la investigación de las causas justificantes de su detención.

Como la otra vez, también ahora había representantes del clero en el número de los acusados. ¡No podían faltar! Siendo, como era, masón en cuerpo y alma el inspirador de las actuaciones todas del Municipio, se explica perfectamente que, las de carácter persecutorio, se desatasen de modo especial contra los sacerdotes, que, en alguna ocasión, hubieron de sufrir los vejámenes y escarnios más bochornosos y de mayor vilipendio, que sufrir pudieron en aquellos tiempos, en ningún otro pueblo de la región gallega.

No lo hemos oído: lo sabemos por información directa. Con el corazón traspasado de dolor e hirviente de indignación el alma, hemos visto, a través de un diminuto tragaluz -único medio que nos fue dado utilizar después de haber burlado la vigilancia de los carceleros- hacinadas en inmunda cuadra refugio de animales, un grupo de ocho personas: siete sacerdotes, venerables algunos por su edad y todos por la sacerdotal dignidad de que no pudieron despojarles, y un seminarista teólogo, D. José Noya Rodríguez, que cometiera el gravísimo delito de presentarse a visitar a su párroco. ¡Lo hemos visto!... Merced a una escala improvisada, ganamos la altura del estrecho ventanuco que apenas si dejaba pasar a los presos los últimos rayos del sol poniente y, desde allí, pudimos estrechar la mano de aquellos sacerdotes que, sólo por serlo, y por defender los derechos de la Iglesia oponiéndose a la incautación ilegal y arbitraria de los cementerios de sus respectivas feligresías, hubieron de sufrir las mayores humillaciones. Les quitaron los libros de rezo como si fueran armas peligrosas; no les consintieron cama ni colchón, teniendo que dormir en el suelo húmedo y frío, los que esperaban o consumieran ya el turno de hacerlo sobre unos cajones, que utilizaban como asientos por el día, y disponían a modo de camastros por la noche; no tenían servicio alguno en que pudiesen hacer ni las pequeñas necesidades, viéndose obligados a usar para ello unas latas de pimiento vacías, y otros envases por el estilo.

Cerca de una semana estuvieron sometidos a estos y otros ultrajes -que no pudieron ser recogidos en acta notarial por haberlo impedido los esbirros del Frente Popular- los Sres. Reino Becerra, párroco de Vimianzo; Almeida Sardina, párroco de Salto; Regueiro Suárez, párroco de Baliñas; Sendón Casais, párroco de Castrelo; Guinarte, párroco de Cambeda; Boo Romero, párroco de Puente del Puerto; Nemiña Durán, ecónomo de Cereijo y Pérez Cambeiro, párroco de Berdoyas.

(1) Así llaman en Portugal al músico mayor.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

viernes, 9 de abril de 2010

Vimianzo: estado social

No tiene el Ayuntamiento de Vimianzo industria ninguna capaz de sostener un núcleo importante de obreros que facilite la sindicación en masa. La inmensa mayoría de la población obrera se dedica a las faenas agrícolas, y está diseminada por las múltiples aldeas de las diversas parroquias. Esto, unido al espíritu conservador de nuestros paisanos, y al fondo religioso de la Región, ha impedido llegase a todos la activa y constante propaganda revolucionaria de los partidos de izquierda, y ha dificultado la eficacia de la misma en aquellos a quienes llegó; razón por la cual, Vimianzo, en julio del año 1936, no era una comarca perdida para la causa del orden, ni mucho menos. Había sí, centros de perversión político-social, que, a pesar de tener apoyo decidido de los Gobiernos de la República, nunca lograron hacer prosélitos en la cantidad que sus propagandas y descarado favoritismo podía hacer esperar. Tales eran: el "Sindicato de Oficios Varios", Sociedad "Radio Comunista" y "Agrupación Socialista".

Del seno de estas organizaciones salieron, con aplauso y beneplácito de los partidos "Izquierda Republicana" y "Unión Republicana", acuerdos vergonzosos e incalificables atropellos que más adelante relataremos, y que dieron lugar a que, una muy crecida porción de vecinos y honrados trabajadores del campo, intentasen formar una sociedad de resistencia, que contrarrestar pudiese la fuerza de que alardeaban los políticos de izquierda, y que en realidad tenían, no en el número, pero sí en el descaro, la desvergüenza y la osadía. Parecían los más, porque eran los que más chillaban y los que, en la satisfacción de sus anhelos, de sus deseos de mando, y de sus instintos de venganza, opresión y tiranía, no reconocían traba de ninguna clase, ni les importaba la Ley, ni el temor de Dios les detenía, ni el respeto y consideración a sus semejantes podía obstaculizarles.

De esta manera, si no consiguieron convertir la comarca en feudo de la revolución, crearon sí, un ambiente de relajación social, que iba empezando a notarse en la vida familiar y religiosa. A ello contribuyeron también, y en notable escala ciertamente, algunos maestros y maestras del contorno, pertenecientes al número de aquellos, que habiendo nacido para repugnantes Herodes, fueron por una equivocación de la suerte, para educadores de la niñez.

Vimianzo pues, en su aspecto social, sin ser un modelo de paz Octaviana, no acusa graves trastornos, ni ofrece esas profundas convulsiones producto de la agitación en toda la masa. Alguna superficial marejada debida principalmente a la acción lunática de un hermano iniciado en la "Fraternidad Humana" de Ribadeo, y a la estúpida ambición de un contratista de carreteras, que, no contento con esto, busca en la política otra personalidad social. Vamos a los hechos.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

jueves, 8 de abril de 2010

Cee: julio del 36; huida de revoltosos; autoridades.

En julio del 36 y, secundando las órdenes del Gobierno del F. P., los obreros de Cee se reúnen en los centros sociales, para trazar sus planes de oposición y resistencia al Movimiento glorioso del Ejército Español.

Terminada la reunión y avanzada ya la noche del día 18, elementos socialistas salen en manifestación por las calles del pueblo, haciendo sonar trompetas y tremolando al viento las banderas de la Sociedad y comunista. Salían en plan de recluta y caza de incautos. Por eso, en los puntos céntricos de la población, se para la comitiva y callan las trompetas, para que hablen los jefes.

Teófilo Mejuto Leis, Manuel García Moledo, Roberto Magán González, José Granado y Perfecto Trasmontes, todos hablaron en tono de conquista y exaltación revolucionaria, sobre todo el Trasmontes, que cerró su peroración con estas palabras: -"Camaradas, todo el que se sienta obrero debe seguirnos. La victoria es nuestra pese a quien pese y caiga quien caiga".

Terminada la manifestación y entrada ya la madrugada del día 19, un grupo capitaneado por Teófilo Mejuto, penetra violentamente en la Central Telefónica. La telefonista reclama el auxilio de la Guardia Civil, y a la presencia de ésta huyen los asaltantes.

A las cuatro de la tarde de este mismo día, se desplazó a La Coruña una comisión integrada por Moledo, José Insua Magán, Jacobo González Ovidio, Mejuto Leis y el Teófilo, único de la comisión que se quedó en la capital, mientras los otros, a las tres horas del día siguiente, regresaban al pueblo con no muy buenas impresiones, y las manos vacías de las armas que fueran a buscar.

El Gobernador, debió sin duda contestar a la demanda de armas hecha por los comisionados de Cee, diciéndoles que en Cee mismo les serían suministradas por la Guardia Civil. Lo deducimos, de la conversación que la primera autoridad de la provincia sostenía por teléfono con el Sargento, Comandante del puesto, poco después de su entrevista con aquellos:

-¿Cuántas armas tiene Vd. en el Cuartel?
-Varias Sr. Gobernador.
- Bien, dentro de poco se presentará el Alcalde a recogerlas. Usted, si no le entrega recibo no se las dé; ahora que... si deja recibo, entrégueselas inmediatamente.
-Lo siento Sr.; pero... sin órdenes de mis jefes no entregaré las armas.
-Sin órdenes... ¿qué? ¡Ya se las darán!

Las órdenes no llegaron. Lo que sí llegó fue, por el semáforo de Finisterre que estaba en comunicación con una extracorta de la Estrada, la noticia de que en la Provincia estaba declarado el Estado de Guerra.

Puestos de acuerdo los sargentos de la Guardia Civil y Carabineros, desalojan con sus fuerzas el centro de la Sociedad "Oficios Varios", y establecen vigilancia en el polvorín de explosivos de la fábrica de carburos que, al fin, fue asaltada el día 21, poco después de haber sido sacadas de allí, por la fuerza pública, catorce cajas de dinamita, única mercancía que en él se guardaba.

Hasta entonces, creyeron sin duda los revoltosos tener de su parte a la Guardia Civil y Carabineros que guarnecían la plaza, como lo demuestra el hecho de que nada hubiesen intentado contra ellos. Pero ahora, conocida ya la actitud de estas fuerzas, buscan y preparan los medios de inutilizarlas.

Para ello, a las veintitrés horas del día 21, el médico D. José Asorey celebra una conferencia con los directivos de la sociedad "Oficios Varios", y en ella acuerdan mandar un delegado a la fábrica de carburos, con la misión de sacar a los obreros del trabajo y conducirlos al asalto del cuartel de la Guardia Civil. El tal delegado -mientras los directivos de la sociedad esperaban detrás de la muralla de la fábrica- entra a los talleres, y con voz fuerte gritó:

-"Camaradas, venid todos conmigo al Cuartel. Nuestros directivos están presos, y los Guardias los están matando a palos".

Los "Camaradas", o no creyeron la impostura, o temieron a las dificultades de la empresa. El caso fue, que siguieron trabajando hasta el día siguiente en que abandonaron el trabajo, ante las reflexiones de una nutridísima comisión que fue a arrancarlos de la fábrica.

Este día, 21 de julio, el Sargento de Carabineros salió con su fuerza a concentrarse en Noya.

En Cee quedaban sólo unos cuantos números de la Guardia Civil (1) frente a varios cientos de obreros (2), que adoptaron una actitud levantisca, manifestada en frecuentes reuniones en la casa de la Sociedad, donde un aparato de radio les servía el veneno de las falsas informaciones transmitidas desde Madrid; en la toma por asalto el día 25, de la Casa-Ayuntamiento, desde cuyos balcones incitaban al pueblo a que se desbordase y acudiese a la violencia; en el desacato a los bandos de guerra, que arrancaron a las pocas horas de haber sido fijados, y en un proceder, en fin, que recordaba al libertad y tolerancia acostumbradas en las huelgas revolucionarias de los tiempos de la República.

Duró este estado de cosas hasta las cinco de la tarde del día 25, hora en que hace su entrada en Cee una pequeña columna de Guardia Civil mandada por el Teniente Rodrigo. Entra sin resistencia, y ordena D. Rodrigo Santos sea desalojada la casa del Pueblo, de los muchos obreros que allí se habían refugiado.

A cumplir la orden avanza el Sargento de Cee con un grupo de guardias que, hostilizados con disparos, piedras e insultos, hacen fuego, hiriendo a Pedro Ozón, tan gravemente, que falleció a los pocos días en Santiago a donde fuera trasladado.

La descarga hecha por los civiles fue la señal de la desbandada. Casi todos los revoltosos buscaron la salvación en la huida, retirándose una gran parte al bosque de la "Armada", así llamado por la resistencia que a los franceses hicieran, desde él, los vecinos de aquellos contornos, dirigidos por el Cura de Moriquintián.

D. Guillermo Quintana, profesor del Colegio "Fernando Blanco", fue el encargado de orientar y dirigir como Delegado de Orden Público, los primeros pasos de la villa de Cee, en el camino de la Nueva España.

(1) Los puestos de Cee, Finisterre, Camariñas y Mugía.
(2) 718 afiliados a la U. G. T. y 386 a la C. N. T. incluyendo a los trabajadores de Brens, Ameijenda y Ézaro.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

miércoles, 7 de abril de 2010

Cee: estado social

Presentaba Cee en julio de 1936, en el aspecto social, idénticas características a las que ofrecía la vecina villa de Corcubión, aún cuando el contingente obrero en Cee era muy superior, debido a la industria de carburos, y a que los trabajadores todos de la comarca, incluso agricultores, estaban afiliados a la U. G. T. que tenía su centro en aquel pueblo.

Había algunos Sindicatos Católicos (1); pero, con vida tan lánguida, que en nada desfiguraban la acentuada tendencia izquierdista de los trabajadores del campo, ni en nada alteraban tampoco la crecidísima votación que, en las urnas, daban a Miñones los agricultores, capitaneados por Juan Bujeiro.

Tampoco en Cee había verdaderos conflictos sociales: algunas dificultades en la fábrica de carburos, que siempre se resolvían sin huelgas ni grandes estridencias. Fuera de esto, las actividades del importante grupo socialista, quedaban reducidas a actos de propaganda mitinesca, y ostentación de fuerzas con banderas rojas, gritos y puños en alto, en la fiesta del primero de mayo sobre todo.

(1) En Pereiriña, Salgueiros (Dumbría) y Lires.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

martes, 6 de abril de 2010

Corcubión

Aunque en Corcubión radicaban los primates de la funesta política del F. P., no era allí en donde, socialmente, manifestaban su mayor actividad los esbirros que tenían aquellos a sueldo, para entorpecer toda propaganda contraria, religiosa o política, y para cometer desmanes y atropellos con que, a falta de méritos personales, querían imponerse y hacerse respetar. Otros pueblos había en el Distrito, en los que, como iremos viendo, se manifestaba más claramente el fondo ponzoñoso de una política que, al morir, había de arrastrar en su desgracia a los ambiciosos o engañados que no supieron resistir a la tentación de ponerse a su servicio.

Dos organizaciones había en Corcubión: F. A. I. y C. N. T., distintas en el nombre, pero, tan hermanadas en fines y procedimientos, que muy bien podíamos decir: Una sola organización había en Corcubión; la C. N. T., con marcada influencia de la F. A. I.

Contaba esta organización con unos 400 inscriptos que, con otros elementos incontrolables, venía a dar a la causa de izquierdas en Corcubión (pueblo), el 80 por ciento de sus habitantes.

Socialmente templados estos elementos, no habían dado ocasión a graves conflictos de este orden, mostrando en cambio su aversión a la política de derechas y a la Religión Católica representadas en el diputado de la C. E. D. A. Sr. Molina Nieto, en ocasión en que éste intentó dar una conferencia en la villa de Cee. ¡No fue posible! Cuando en la plaza se celebraba el acto, los faístas de Corcubión con silbidos, insultos, pedradas, etc. etc. disolvieron a los reunidos, dando así por cumplidas las órdenes que llevaban de sus dirigentes.

Aparte de estos esporádicos actos, la vida en Corcubión se desarrollaba en un ambiente de paz y de trabajo.

Los sucesos de julio del 36, apenas si ofrecen en Corcubión nada destacable. La masa izquierdista, falta de dirigentes varones que -al menos una vez- se decidieran a salir de la emboscada, se mantuvo a la expectativa, esperando de La Coruña armas y dirigentes, que no habían de llegar.

Sólo el día 25 -avisados por Teófilo Mejuto comerciante de Cee, de que aquella villa estaba ocupada por fuerzas de España- armados con los aperos de las obras del puerto, picos, palas, etc. etc. intentaron cortar la carretera a la entrada de Corcubión, en el puente de Santa Isabel, sin que pudiesen lograr su propósito por haberlo impedido la oportuna llegada de las fuerzas, ante las cuales escapó cada uno por donde pudo, dando así fin a la tan decantada resistencia, que Corcubión "había de ofrecer" al Movimiento Nacional.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

lunes, 5 de abril de 2010

Laracha

Próxima esta comarca a la ciudad de La Coruña recibía, como Arteijo y otros pueblos limítrofes, las influencias sociales de la capital.

El elemento trabajador estaba organizado, y adherido por consiguiente a la C. N. T., que era la organización que allí predominaba.

Centro comarcal de la C. N. T. en Laracha, era Cabo-Vilaño, a donde acudían los sindicatos de Laracha, Lestón, Golmar, Cayón, Monteagudo y otras parroquias, en busca de dirección y orientaciones (1).

No eran desconocidas las huelgas para los sindicatos de la comarca, y aún a veces se permitían el lujo de condimentarlas con su poquito de revuelta, tumultos y explosivos.

Imitaban, como podían a los de la ciudad, celebrando las fiestas de 1º de mayo con manifestaciones y puños en alto.

Fervientes defensores del Sindicato, miraban con malos ojos a todos aquellos que se manifestaban contrarios a él. Por esto, los hermanos Freire fueron vilmente asesinados en la Granja (Laracha) a últimos de junio de 1936 (2).

Por lo anteriormente expuesto, claramente se deduce que la agitación de julio había de repercutir necesariamente en Laracha y sus contornos, en donde la revolución, de triunfar, habría de tener muchos defensores.

Desde luego, durante los días 19 y 20 se observa una paralización completa, que aprovechan los sindicatos para movilizar su gente y concentrarla en Laracha para, de allí, enviarla como refuerzo a los camaradas de La Coruña.

Ultiman los preparativos de la expedición en medio del mayor regocijo, cuando, de regreso a Carballo, llegó un coche cuyos ocupantes, escopeteros todos ellos, dijeron que no habían podido entrar en La Coruña, razón por la cual desistieron de sus intentos los de Laracha, y depusieron su actitud levantisca, no sin haber cometido antes algunas salvajadas, como la de haber colocado una bomba en la casa del Párroco de Monteagudo, D. Eduardo Mato Toja.

(1) Dirigentes principales en Cabo-Vilaño eran: José Esmorís (a) "Abeleiras"; Rodríguez Cambón, dirigente "Intelectual"; Pedro Varela y "El Portugués".

(2) El pueblo señala como asesinos a los de la lejía, traídos acaso por elementos de la comarca.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

domingo, 4 de abril de 2010

Carballo: sábado triste

De tal calificaba uno de nuestros informantes en Carballo (1), el sábado 18 de julio del 36.

-¡Fue terrible! -nos decía-. ¡No puede V. figurarse que horas tan angustiosas hemos pasado!

Estas exclamaciones prometían llevar tras de sí, un interesante relato de hechos truculentos que, si lamentaba como ciudadano, me halagaban como historiador.

No fue así sin embargo. En Carballo no ha pasado nada que no sea común y corriente por los mismos días en los distintos pueblos de Galicia -excepto las capitales y otros muy contados- lo que no obsta para que juzguemos completamente justificadas las exclamaciones a que acabamos de aludir: El miedo, la preocupación, la intranquilidad y otros afectos de la misma índole, mejor que a presencia del peligro, se sienten ante la sospecha y amenaza del mismo; y, mejor que por los hechos consumados, se miden por la responsabilidad que a cada uno pueda caber en ellos.

El sábado 18, desde las primeras horas de la noche, comienzan a concentrarse en Carballo, previamente avisados por los dirigentes de la Villa, los más exaltados elementos de las parroquias circunvecinas que, formando un grupo de unos 150 hombres provistos de armas cortas y largas, recorriendo estuvieron las calles toda la noche, profiriendo maldiciones y gritos de: ¡Viva el Comunismo! ¡Mueran los Regueiros! ¡Abajo el fascio! ¡Mueran los militares! etc. etc.

A las cuatro de la madrugada había aumentado ya el contingente de los manifestantes al número de 350 a 400, y, a medida que el grupo iba siendo mayor, crecía también la gritería salpicada de amenazas, en que se vislumbra el incendio, el asalto y la matanza.

Así transcurre todo el día 19, sin que ninguna de las temidas amenazas hubieran pasado a vías de hecho (2).

A las siete de la mañana del día 20, tres grandes ómnibus entran en Carballo, con objeto de transportar a La Coruña a todos cuantos pudieran meter en la recluta. Fueron pocos: unos ocho o doce que pudieron coger en los trabajos de la carretera.

A las tres de la tarde hay una nueva expedición, que ya merece los honores de tal: medio centenar de individuos de Carballo, Coristanco, Budiño y otros pueblos marchan, en un "Castromil" requisado por los rojos, camino de La Coruña, dejando en la Villa buen número de camaradas, dispuestos a convertir en vías de hecho lo que habían anunciado con palabras.

A las tres y media de la tarde se dirigen estos en masa, unos 500 hombres, al cuartel de la Guardia Civil, no sabemos si para dar un paseo y hacer la digestión, o si, para incendiar -como habían dicho- y destruir con dinamita la casa de los guardias. Desde luego, esto último no pudieron conseguirlo: llevaban armas, pero... les faltó el valor.

Los guardias vieron desde lejos a las turbas que avanzaban, y, jugándose el todo por el todo, hacen una salida, que termina con la precipitada fuga de los presuntos asaltantes que, ante siete hombres (seis guardias y el Teniente) abandonan las armas y escapan velozmente, sin cuidarse ninguno de mirar atrás, para ver la suerte que pudieran haber corrido los restantes. En el que pudo ser campo de batalla y no fue más que... pista de carreras pedestres, recogieron los guardias pistolas, escopetas, bombas de mano, cartuchos de dinamita y otros juguetes por el estilo.

Ya no se volvió a alterar el orden en Carballo. Siguió la Guardia Civil haciendo cacheos y detenciones y, sabedores ya de la proclamación del Estado de Guerra en la capital, fijan en Carballo el primer bando a las 4 y media de la tarde del mismo día, lunes 20.

Es nombrado Delegado de Orden Público y Comandante militar el Teniente de la Guardia Civil D. Eduardo Alfonso Cruz, que organiza las milicias de Falange y Milicianos; consigue se restituyan todos al trabajo, y secunda la actuación de la justicia, deteniendo a los principales promotores y culpables de la torcida orientación social de Carballo y sus contornos. Eran estos: Baldomero Varela y un hermano suyo; Castor Monteagudo; un hermano de éste llamado José que desempeñaba la Alcaldía, y el primer Teniente Alcalde, Francisco Bolón.

(1) Persona muy enterada y muy apropósito además, porque en la narración de los hechos transparentaba la emoción de las horas vividas.

(2) Impidieron sí, la celebración de la Misa parroquial el domingo 19, y prohibieron el toque de campanas, medida que acentuaban el miedo y alarma del pacífico vecindario.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

sábado, 3 de abril de 2010

Carballo: estado social

Villa de Bergantiños rodeada de una comarca rica en su suelo y sana en sus habitantes.

No habían penetrado en el corazón de la inmensa mayoría de los bergantiñáns las disolventes doctrinas que, desaprensivos y celosos ministros de la revuelta, sembraran más de una vez en diferentes pueblos del partido.

Había sí, en todas y cada una de las parroquias, algunos elementos que, o por haber pasado por las aulas superiores, o por haber gustado el pan de la emigración, o por hallarse dotados de un espíritu aventurero, o por querer en fin, pasar plaza de intelectuales a la moderna se creían los representantes legítimos de la política redentorista pregonada por los Gobiernos de izquierda, y no dudaban en poner cátedra en la taberna, en la casa del vecino, en las tertulias de la suya, en el campo de la romería o de la feria y aún, no pocas veces, en el atrio mismo de la Iglesia parroquial.

Ordinariamente, las prédicas y consejos de estos sacamuelas de tribuna libre, de estos propagandistas de cerebro vacío y alma empobrecida, no prendían en el corazón recio y profundamente religioso de los hombres de ayer, de los viejos que, sin saber por qué, las recibían casi siempre con una sonrisa escéptica y un gesto de desdén. Sin embargo, en los jóvenes y en algunos también que pronto dejarían de serlo, no dejaban de encontrar eco unas doctrinas que halagaban las pasiones y encendían momentáneos entusiasmos, y que iban creando en la comarca un ambiente muy parecido al que se respiraba en las aldeas contaminadas.

De estos elementos, fáciles a la conquista, se nutrían principalmente las listas de afiliados a "Oficios Varios" de Carballo, sociedad afecta a la C. N. T., con sucursales en Sofán y en Verdillo.

Muchos -en número- los sindicados en la "Oficios Varios de Carballo", no tenían ciertamente el espíritu de disciplina colectiva que en ellos desearían sus dirigentes. Sin embargo, el primero de mayo consiguieron reunir un crecido rebaño, y formar su fiestecita del trabajo con manifestación y desfile por las calles, algún que otro grito subversivo, y el correspondiente ensayo iconoclasta que no llegó a cristalizar por falta de ambiente en la masa: alguien propuso, hacia el fin de la manifestación, terminar la fiesta con el asalto a una pequeña ermita e incautación de la misma, para dedicarla luego a Casa del Pueblo. La idea fue acogida con entusiasmo al principio, entusiasmo que enfrió muy pronto, antes ya de haber llegado al templo los manifestantes que, poco a poco, fueron desertando a la voz de: "Eu non vou..." "Eu tampouco", con que acompañaban el gesto de volver la espalda, y la decisión de dar allí por terminada la impía aventura.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

viernes, 2 de abril de 2010

Puentes de García Rodríguez

Pacífico este pueblo entre los más de la provincia, como casi todos los pertenecientes al partido de Ortigueira, no hubiera tal vez conocido las inquietudes de las disensiones políticas y societarias, ausente la labor del Maestro Nacional que, unos días antes de las últimas elecciones, organizó en la comarca la sociedad "Oficios Varios", afecta a la C. N. T.

Con todo, la naciente sociedad no ha logrado en momento alguno alterar el orden gravemente, ni tampoco en ella ha de buscarse la causa de aquellos breves momentos de ansiedad y peligro por los que hubo de pasar el vecindario de Puentes en julio del 36.

Se hallaba el vecindario en plena fiesta con motivo de la solemnidad de la Virgen del Carmen, que allí se celebraba el domingo 19 de julio, cuando, a las cinco de la tarde, hacen su entrada en el pueblo cuatro camiones totalmente abarrotados de hombres con armas y abundante cantidad de dinamita. La aparición y actitud poco tranquilizadora de tales huéspedes (mineros de Vivero) alarma grandemente a los pacíficos moradores de Puentes, que inmediatamente se recluyen en sus casas cerrando puertas y ventanas.

Ya los mineros han saltado a tierra y se disponen al asalto de tiendas, establecimientos y domicilios particulares, cuando se ven importunados en sus intenciones por el comandante del puesto de la Guardia Civil, Cabo D. Román Sillero que, con dos guardias, única fuerza de que disponía, salió del cuartel y, adelantándose a los forasteros, les pregunta quienes son y a donde van.

-A La Coruña vamos, llamados por el Gobernador para defender la República.

-¡Hombre: muy bien! -les dice el Cabo- pues allá nos veremos porque los guardias vamos también a salir muy pronto con esa misma dirección.

-Vénganse con nosotros.

-Muchas gracias; pero... tenemos que ultimar todavía unas cosas aquí en el pueblo: ustedes váyanse que no tardaremos en alcanzarles.

-Sí, pero... antes queremos gasolina para los coches y para nosotros también.

Así fue como, merced a la coba que les dio el Cabo Sillero y a la intervención del Alcalde D. Servando López (1), después de haber comido y una vez provistos los coches de gasolina, salieron con dirección a La Coruña los mineros de Vivero, sin haber cometido atropellos de consideración.

(1) Alcalde del F. P.; pero persona digna, como lo demuestra el hecho de que, conociendo el refugio de unos fascistas de Ortigueira, no quiso revelarlo a pesar de las amenazas.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

jueves, 1 de abril de 2010

Cedeira

Pueblo situado a 35 kilómetros de Ferrol, venía sufriendo desde hacía ya bastante tiempo, la influencia de los elementos revolucionarios de la ciudad departamental.

La mala semilla de allí importada, era distribuida entre la población marinera de la Villa, por el Veterinario Antonio Castillo, un tal Bernabé Maestro de Santalla, Isaac Forneiro y el Administrador de Correos. Estos tenían como fuerzas de choque, que utilizaban en todos los conflictos y actuaciones sectarias, a Constante el "Chulo"; al "Manco" y a otros muy conocidos en la comarca.

Las primeras noticias del Movimiento produjeron en el elemento izquierdista de Cedeira aplanamiento y sorpresa; pero, alentados por los rebuznos de Radio Madrid, bien pronto cambiaron de actitud y se dispusieron a obedecer las órdenes emanadas del Gobierno de la República.

Proceden a la requisa de armas y a la detención de significadas personas de derecha que, en número de 20, son conducidas a Ferrol, con objeto de ingresarlas en la cárcel de aquella ciudad. Allí no pudieron ser alojados los detenidos por estar ya completamente llena la prisión y, quiso la suerte que los llevasen a Ortigueira, pues si llegan a traerlos de regreso a Cedeira, mal lo hubieran pasado, a juzgar por la actitud en que estaban los revoltosos, y por las manifestaciones que hacían, reveladoras de la intención de matarlos tan pronto como llegasen.

Entre tanto, en Cedeira, habían publicado los comunistas un bando en el que se amenazaba con la muerte a todo aquel "que a las siete de la tarde no esté con nosotros y a nuestro lado", bando que si no sirvió para aumentar el número de revoltosos, sirvió en cambio para acabar de poner en guardia a los fascistas y demás elementos de orden, advirtiéndoles del peligro que corrían, permaneciendo por más tiempo en el pueblo.

El día 26, una columna que al mando del Capitán de la Guardia Civil Sr. Barba y los Tenientes señores López Alonso, Herrerín y Pérez Peña saliera de Ferrol para Ortigueira en labor policíaca, entraba en el pueblo de Cedeira sin resistencia, y devolvía a la Villa la tranquilidad y confianza de que estuviera privada unos cuantos días.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Ortigueira

En el partido judicial de Ortigueira, nada de particular ofrecen los sucesos de julio del 36. Sólo Cedeira por su proximidad a Ferrol, y Puentes de García Rodríguez estación en tránsito de los mineros de Vivero, pasaron por momentos de seria preocupación que recogemos en las páginas siguientes.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

martes, 30 de marzo de 2010

Mugardos

Municipio del Partido Judicial de Puentedeume, situado en una caleta al O. de la punta de Leiras en la orilla izquierda de la ría del Ferrol (con cuya ciudad sostienen los mugardeses constante relación, ya por servirles de plaza de comercio, ya porque en gran número acuden a ella en busca de trabajo) estaba, naturalmente, contaminado por las ideas socialistas, y participaba del ambiente revolucionario que en aquella ciudad se respiraba.

No es extraño, por consiguiente, que en Mugardos tropezase con dificultades e inconvenientes cualquier obra encaminada a cortar las demasías y atropellos de los Gobiernos marxistas, y a impedir el triunfo definitivo de la revolución en España.

Así fue. El Comité comunista, que en Mugardos actuaba desde la subida al poder del Frente Popular, y que estaba en relación constante con todos los partidos de izquierda (1), al enterarse el 18 de julio del levantamiento de las tropas de Franco, ordena la detención y encarcelamiento de las personas de orden (2), y hace acopio de armas y dinamita que manda transportar al Ayuntamiento, a donde convoca a los camaradas todos de Mugardos, Cervás y otras parroquias vecinas. Estos, acuden en tan gran número, que no es suficiente la casa consistorial para albergarlos, incautándose entonces los dirigentes del casino, que convierten en Cuartel general revolucionario.

Nada tenían ya que hacer los bolcheviques en Mugardos. Puestas a buen recaudo las personas de orden; aumentado su estoc de armas con las requisas a los vecinos y las recogidas en el Cuartel de la Guardia Civil (3) y, organizada con colchones y sacos terreros la defensa del Ayuntamiento contra una posible y temida acometida de la Artillería de guarnición en Montefaro, podían ya extender sus actividades a los contornos.

En efecto, la noche del 21 al 22, en manada de lobos hambrientos e intenciones de perros rabiosos, se lanzaron contra la casa que en la parroquia de Piñeiro habitaba el médico Sr. Otero con su familia, asesinando villanamente a un hijo de éste y al cura de Camouco que allí se había refugiado.

No satisfechos con esto, quisieron incendiar la casa y matar a todos sus habitantes; pero el cabo de Carabineros Eladio Ramos -que con otros dos números igualmente coaccionados por los revoltotos, figuraba en la patrulla de asaltantes- logró disuadirlos, con la promesa de que al día siguiente, toda aquella familia sería puesta en prisión. No hubo tiempo para ello, como ya lo suponía el cabo al hacer una promesa que no pensaba cumplir: al día siguiente, 22, conocido el triunfo del Ejército en Coruña y Ferrol, y ante el insistente rumor de que sobre Mugardos avanzaba una batería procedente de Montefaro, huyen los revolucionarios en distintas direcciones, dejando una bomba de 90 cartuchos colocada en el Puente del Baño que minaran con intención de cortar el paso a los artilleros, y otras varias, que tampoco llegaron a explotar, en diversos lugares del pueblo.

Nombrado Delegado de Orden Público D. Manuel Vázquez Fariña el día 23 de julio, inicia con la fuerza de Carabineros (única que quedaba en Mugardos pues la Guardia Civil se hallaba concentrada en Puentedeume) una labor de pacificación y limpieza, que había de continuar con el auxilio de la sección de Artillería que, al mando del Teniente D. Manuel López Sors, llegó el día 25 a Mugardos; encauza y normaliza la vida de todo el sector, y fomenta e impulsa las suscripciones patrióticas y la aportación de Mugardos al Movimiento Nacional, de cuya eficacia da idea, el hecho de que, ya en los primeros días, saliera de este pueblo para el frente de Villablino indicado por la División, un importante convoy de víveres.

(1) Formaban este Comité, entre otros: Juan Priero Balsa, Alcalde en funciones, el médico Eduardo Sánchez Fraga, Manuel Ríos Sordo, maquinista retirado de la Armada, y José Tenreiro Salgado, de I. Republicana.

(2) Repetía la proeza que hiciera ya el F. P. en el mes de abril, metiendo en la cárcel, como preparación de la Fiesta del Primero de Mayo, a varias personas de derecha, entra las que se hallaban tres señoras de la localidad, el abogado D. Manuel Pazos Valiña, y los Sres. Zárate Martínez, Lara Novo, García de Paredes, Cortizas Vilar, Vázquez Fariña, Gerpe Martínez, Fontán Cartelle, Zárate Deus y Borrás Torrado.

(3) Ante una orden escrita del Gobernador, les fueron entregadas las armas que en depósito tenía la Guardia Civil.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

lunes, 29 de marzo de 2010

Partido de Puentedeume

El Partido de Puentedeume, enclavado en la mitad septentrional de la provincian de La Coruña, ofrece en todos y en cada uno de los nueve municipios (1) en que se distribuyen sus 45.411 pobladores, datos curiosísimos y graciosas anécdotas para la historia del Movimiento en Galicia. Sin embargo, consultando a la brevedad y habida cuenta de la importancia de los hechos, referiremos tan sólo los acaecidos en la capital y en Mugardos.

Puentedeume, villa situada a 44 km de la ciudad de La Coruña, en la carretera de Betanzos a Jubia y en el litoral de la pintoresca Ría de Ares, ha pasado del 18 al 25 de julio, por momentos de viva ansiedad e inminente peligro.

Las dos organizaciones en que se dividía la población obrera -U. G. T. ("Oficios Varios"), y C. N. T., (marineros)- se habían juntado para formar el F. P. y, surgido el Movimiento, habían estrechado más y más sus lazos de unión con objeto de llevar a cabo la obra de resistencia al Ejército, forjada por el Registrador D. Ángel García Toribio, Sr. Zamorano, Vigilante de Pesca, Alcalde D. Manuel Seijo, Teniente Alcalde Sr. Ares, Secretario del Ayuntamiento de Ares D. Rodrigo Álvarez y otros.

Para ello, se formó un Comité que desde el primer momento se adueña del pueblo, y comienza la recluta de armas y gente necesaria para atender a la defensa de la Villa, en espera del triunfo revolucionario en Coruña y Ferrol, momento que aprovecharían ellos, para poner en ejecución todo su plan de revuelta. Como aquel triunfo afortunadamente no llegó, tampoco en Puentedeume hubo que lamentar graves sucesos.

Sin embargo, el martes día 21, llegan a Ferrol alarmantes rumores acerca de la situación en Puentedeume. Se decía que los revoltosos habían puesto asedio a la Casa de la ilustre dama doña Pilar Franco, y ante el temor de que esto fuera verdad, organízase inmediatamente una pequeña columna que, al mando de López Alonso, salió con dirección a aquella Villa.

En Fene, donde un grupo capitaneado por un tal Souto se había dedicado a requisar armas, radios, balines, trozos de metralla, etc. etc., la carretera aparecía cortada en tal forma, que, por lo avanzado de la hora, no era posible salvar el obstáculo, decidiendo entonces el jefe de las fuerzas retornar a Ferrol, llevándose, detenidos, al Alcalde de Fene y a ocho camaradas más.

No pudieron pues las fuerzas de Ferrol llegar aquel día a Puentedeume, pero no por eso se desentendieron de la preocupación causada por las noticias que de allí habían llegado. En Ferrol, ponen al habla al alcalde de Fene con su homónimo de Puentedeume, a fin de que entere a éste de que, "la Autoridad Militar del Ferrol, le hace a él responsable de todo cuanto pudiera pasarle a la hermana del General Franco".

Al día siguiente, 23, sale con la misma dirección una columna mejor organizada (aunque mixta también) mandada por el Comandante Iglesias.

En Jubia dejan estas fuerzas la carretera directa y, tomando por la del Rojal, van a salir a la de Puentes de García Rodríguez para continuar a Puentedeume.

Al llegar al Puente y ser divisadas por los rebeldes de la Villa, huyen éstos en su mayor parte, mientras un Alférez de la Guardia Civil con su personal, un Cabo de Asalto con seis números, y cuatro Carabineros, acuden al encuentro de las mismas y se suman a ellas.

Se dirigen al Ayuntamiento y, sin resistencia alguna, se posesionan de todas sus dependencias, entre aplausos, vítores y lágrimas de la población honrada y pacífica que, a pesar de no haber estado más de cinco días a merced de los revolucionarios, lloraba de emoción al verse rescatada.

El Registrador D. Ángel García Toribio, se presenta a poco al jefe de la columna, diciendo que él se hacía responsable políticamente de todo lo actuado por el F. P. El Vigilante de Pesca que fuera el encargado de tratar con el Comité acerca de la detención de la hermana del General Franco, se entrega también, y, con estos y algunos otros detenidos -entre ellos el Alcalde de Mugardos asesino del pobre Cura de Camouco- regresan a Ferrol las fuerzas expedicionarias, dejando en Puentedeume a Dª Pilar Franco que, a pesar de los múltiples requerimientos que se le hicieron, se opuso terminantemente a abandonar la Villa, probando de modo claro y evidente el gran temple de su alma, al posponer su tranquilidad y seguridad personal, a la conveniencia de dar en aquellos momentos sensación de confianza en el Movimiento iniciado por su hermano el General.

(1) Ares, Cabañas, Capela, Castro, Fene, Monfero, Mugardos, Puentedeume y Villarmayor.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

domingo, 28 de marzo de 2010

Sada: sucesos de julio

Los sucesos de julio en la Villa, quedan reducidos casi exclusivamente a la requisa de armas, efectuada durante los días 19 y 20 por orden del Alcalde Antonio Fernández Pita, y al asalto de la casa Rectoral de la que, a falta del Cura que parece intentaban llevarse y se hallaba convenientemente escondido y guardado, se llevaron unos jamones.

No cometieron en Sada los revolucionarios otros desmanes a pesar de haber quedado el pueblo desguarnecido, pues la Guardia Civil y Carabineros salieran el día 20 para Betanzos. En cambio, en los pueblos circunvecinos desarrollaron mayor actividad, tomando algunos parte el día 19 en el asalto a la casa del Comandante Molina de que ya hemos hablado, y realizando otras visitas desagradables a personas de los contornos.

La Rectoral de Lubre fue testigo de una de estas amabilidades de los rojillos de Sada. Pistola en mano entraron un día en ella los atentos visitantes, amenazando al Cura hasta conseguir que éste les entregase una cartera en la que guardaba 500 pesetas. Cuenta uno el dinero mientras siguen los otros apuntando al dueño con las armas, y, una vez contado, inician todos la retirada en el momento en que el Cura se lamentaba diciéndoles: -¡Vaya hombre, vaya: y me dejáis sin dinero ninguno! El depositario entonces, movido acaso a compasión, se vuelve, saca la cartera del bolsillo en donde ya la había guardado, extrae de ella 400 pesetas, y se la tira con el resto al Cura diciéndole: -¡Ahí lle quedan vinte pesos! y, dejándoselos, se marcharon.

La noticia de este hecho corrió no sólo por la parroquia de Lubre, sino también por las inmediatas, llegando también a conocimiento del Cura de Ouces que inmediatamente se trasladó a Lubre, entre otras razones, creyendo acaso estaría allí más seguro, después de haber sido visitada ya por los revoltosos aquella Rectoral.

Allí pasó la noche sin que ocurriese nada; pero, a las siete de la mañana llaman a la puerta. Se acerca a la ventana el Cura de Ouces y, viendo a un grupo de hombres armados, corrió a avisar a su compañero de la presencia y actitud poco tranquilizadora de los visitantes.

-Nada, ayer vinieron a buscarme el dinero, y hoy vienen a buscarme a mí para matarme sin duda. Tal fue el comentario del Cura de Lubre.

No había tiempo que perder. Se dirigen los dos sacerdotes a la puerta trasera de la Rectoral, y por ella salen al campo con intención de huir; pero, con tan mala fortuna, que son descubiertos por los revoltosos que empiezan a hacerles fuego, obligándoles a detenerse y a regresar luego junto a ellos. ¡Afortunadamente, las sospechas del Cura de Lubre no se confirmaron! En el grupo no pudo reconocer a ninguno de los del día anterior: aquellos eran de Sada e iban a buscar dinero; estos eran de Betanzos y Bergondo, y al parecer, sólo buscaban armas.

Entre los dirigentes principales del Frente Popular en Sada, aparecen el famoso Monzo, Justo Rodríguez, Antonio Fernández Pita, Antonio Suárez Picallo y D. José Pubul, médico, que con su posterior actuación valiente, noble y decidida, tanto en los campos de batalla como en la retaguardia, borró cumplidamente su actuación de leader izquierdista en la Villa.

Fuerzas de Coruña entran en Sada el día 23, sin encontrar resistencia alguna en su camino. Se nombra Delegado de Orden Público a D. Eustaquio de Diego que funda las Milicias y da vida a la Falange, siendo a poco, por motivos de salud, sustituido por D. Eminio Molina Carreño, que lo fue luego por D. Toribio Pollán Nieto, primer Alcalde propietario de la Nueva España en Sada.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.


sábado, 27 de marzo de 2010

Sada: estado social

Las Américas, manantial de cuantiosas fortunas, fueron también cuna de no pocas desgracias para Galicia.

Una gran parte de las ideas malsanas y revolucionarias, tuvieron sus más eficaces propagadores y panegiristas en los gallegos americanizados. Haber estado algún tiempo en América, fue muchas veces, título más que suficiente para que pudiese, el que lo ostentaba, sentar entre sus convecinos plaza de sabio y entendido, desarrollando -valido de ese falso prestigio que le daba siempre el traje planchado, la corbata estirada, los zapatos de charol y el adulterado castellano de que tontamente se envanecían y vanagloriaban- campañas verdaderamente demoledoras, que empezaban en el campo moral y religioso, y terminaban casi siempre en el campo social.

Muchos son los pueblos de la Región Gallega que pueden señalar uno de esos tipos, como causante de sus desventuras. Uno de ellos, es sin duda alguna la villa de Sada, pueblo laborioso, trabajador y pacífico, hasta que, de Norte-América, llegó José Monzo dispuesto a sembrar entre los suyos las doctrinas anarquistas y anarquizantes de que traía henchido el corazón, ayudado por Justo Rodríguez, tan malo como él, aunque más recatado y más zorro sobre todo.

De allí arranca la organización obrera en Sada, muy justa, muy necesaria muchas veces, y muy laudable siempre y en todas partes, si se hubiese mantenido dentro de sus límites, procurando el mejoramiento de la clase, y protegiéndola contra las ambiciones de patronos explotadores, que los había también. Pero... salieron de su órbita, y, lejos de ser sociedades en favor del obrero, no eran más que sociedades obreras en favor de los dirigentes.

Tal era la "Sociedad Recreativa Cultural de Sada", a la que convergían los diversos sindicatos de la comarca, y de donde emanaban las órdenes de mítines, huelgas, boicots, etc. etc. que, después del advenimiento de la República, abundaron de modo extraordinario y violento.

Así, los Cafés "Terraza" del Sr. Fariña, y el de D. Francisco Babio, boicoteados durante un año, fueron víctimas de la barbarie de los boicoteadores que, en julio de 1933, hicieron explotar una bomba en la "Terraza" a las tres de la tarde y cuando el café se hallaba lleno de gente, y otra en el café de Babio, en momentos en que el local estaba también abarrotado, por estar celebrándose en él un baile.

Por la misma época, y secundando un movimiento de La Coruña, colocaron otro artefacto en un transformador, y otros en diversos lugares.

En septiembre del mismo 1933, boicotearon también las fábricas de salazón que se vieron obligadas a cerrar durante 4 o 5 meses, y emprenden, envalentonados e impuestos ya por el terror, una campaña violentísima para las célebres elecciones de febrero, en la que, públicamente y con el mayor descaro, hablan de revolución y de reparto social.

Después de las elecciones de febrero, a medida que en otras partes aumentaban los disturbios y violencias, en Sada, por contrario, disminuyen, por creer acaso las izquierdas que ya tenían todo conquistado. El ambiente sigue no obstante enrarecido, y se espera pueda sobrevenir en cualquier momento el estado caótico y revolucionario, anunciado para muy pronto, 4 o 5 meses antes del julio salvador por Monzo, a su regreso de la Asamblea de Zaragoza, a donde asistiera como delegado de la comarca.

Un mes antes de los sucesos de julio fuera asaltada la casa del Cura de Meirás, repartiéndose los asaltantes, muebles, ganado, tablas de las divisiones que arrancaron y algunos objetos de la Iglesia.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

viernes, 26 de marzo de 2010

Oleiros

No existían en este pueblo organizaciones obreras verdaderamente tales. Tributaban algunos a las de San Pedro de Nos, se entendían otros con la Sociedad Recreativa de Sada, y se relacionaban todos con la C. N. T., la U. G. T. y otras organizaciones de la capital.

En Oleiros había sí, un centro comunista de reciente creación, con pocos asociados y escasa importancia.

En diciembre de 1933, con motivo de una huelga que había en Coruña y para distraer fuerzas de la capital, se habían realizado en el extrarradio no pocos actos de sabotaje y se prepararon diversos golpes, entre los que fue sin duda el más importante, el del asalto al Cuartel de la Guardia Civil de Oleiros, intentado por elementos no sólo de Oleiros, sino de otras muchas parroquias de la comarca. No pasó de intento. La Guardia Civil, al verse atacada, se defiende con tal brío, que pone en fuga a los numerosos asaltantes, después de haber dejado en el campo al cabecilla Llerena.

Este hecho tuvo fuerza aleccionadora para los vecinos de Oleiros, donde, fuera de una frustrada tentativa de incendio contra la iglesia Parroquial, y una bomba al parecer destinada a la misma, pero que tiraron luego a la Casa Ayuntamiento, ya no volvemos a encontrar hecho alguno delictivo, que pueda creerse procedente de una masa organizada. Más es; cuando en los primeros días del Movimiento aparecieron en el pueblo elementos extraños para requisar hombres, se encontraron con que éstos, en gran número, habían huido a los montes, escapando de sus mismos hermanos del frente popular, para no verse obligados a acompañarles; y cuando algunos más exaltados que se quedaron en el pueblo e intervinieron en la requisa de armas, oyeron de sus dirigentes que había que matar a "todas las derechas", tuvieron un gesto de rebeldía, nacido acaso del recuerdo de lo acaecido el año 33 en el asalto al Cuartel de la Guardia Civil, y expresado con una condición que bien sabían ellos que no había de realizarse: "Si vos vades diante, xa está; pero sinon... estáte por ahí que xa te chamarei".

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

jueves, 25 de marzo de 2010

Cambre: sucesos de julio

Salvo un corto número de exaltados, puede decirse que los trabajadores de Cambre se mostraron en esta ocasión menos propicios que nunca a obedecer a sus jefes, como lo demuestra el hecho de que muchos de ellos, en lugar de concurrir a los centros de concentración que tenían señalados, se escaparon al monte de la Virgen o al Castro, en donde pasaron la noche del 20 al 21.

El martes 21, a las nueve y media de la mañana, llegan a Cambre dos coches con obreros armados procedentes de La Coruña, a donde regresan después de enterarse de la situación en Cambre, y de dejar acaso algunas órdenes.

A las once de la mañana, se ve sorprendido el vecindario por un grupo de 25 a 30 individuos que, capitaneados por el "Montañés", desfilan por las calles armados con tercerola, escopetas de caza, pistolas y bombas de mano.

Este grupo, deja de serlo muy pronto. Se dividen, y marchan, unos a unas casas y otros a otras, pertenecientes todas a personas de derecha, dedicándose en todas ellas al registro y requisa de armas. Tratan también de incautarse de un ómnibus que necesitaban -decían ellos- para que los trasladase a Asturias, no efectuándolo al fin, por haber llegado a ellos rumores de que la Guardia Civil se les echaba encima.

Por la tarde del mismo día, reciben los de la requisa nuevas ayudas. Al pueblo acaban de llegar dos coches cargados de gente extraña, y son éstos los que, en su actuación requisadora, llegan hasta el Molino, de donde se llevaron, entre otras cosas, un fusil de 16 tiros.

El miércoles día 22, amanece como los dos anteriores bajo el temor y pesadilla de posibles salvajadas, pero afortunadamente no pasa mucho tiempo sin que la población honrada y pacífica reciba la tranquilizadora sensación de Autoridad, al ver cruzar por sus calles un camión con fuerzas del Ejército, a cuya presencia todos los revoltosos se desbandan y desaparecen.

No tardan mucho sin embargo en rehacerse. A los dos o tres días, un grupo capitaneado por el "Ferranchín", quema la iglesia de San Juan de Pravio reduciéndola totalmente a cenizas, después de haberla rociado con más de 20 litros de gasolina que recogieran en casa del camarada Pernas. No contentos con esto, se dirigen luego a la casa rectoral e intentan forzar la puerta pinzándola con una palanqueta. No lo consiguieron, porque el miedo o la nerviosidad, no les permitió enterarse de que estaban trabajando por el lado de las visagras. Esto dio lugar a que el Cura advirtiese la faena, y enterado (después de haberles preguntado desde dentro que querían) de que buscaban armas, les tiró la pistola por la ventana, con lo cual se dieron por satisfechos. De allí marchan con dirección a Armental, "a reclutar gente -dicen- para enfrentarse con el Ejército".

Queman también la Iglesia de Santa María de Vigo destruyéndola totalmente, y sobran todavía materias inflamables, que abandonan, cuando vieron la causa totalmente perdida (1).

Caso curioso: mientras en otros pueblos pagaban con vales las mercancías que adquirían, o no las pagaban; en Cambre, encontramos indicios de que pasaba todo lo contrario. Unos individuos piden en la Casa-Eiroa unas zapatillas, un peine y no sabemos si otros objetos más. El dueño de la tienda les convida con pan y vino que ellos no aceptan, y, al intentar satisfacer el precio de los objetos adquiridos, les dice, que se los regala: "De ninguna manera -contestan ellos- nosotros pagaremos mientras tengamos dinero, después... iremos a robar".

(1) Fueron halladas, en la parte posterior de la huerta de Pernas, varias bombas, algunas de hasta 7 kilos de peso.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Cambre: estado social

Es Cambre otro de los pueblos en que más se nota la influencia de la capital. Una gran parte de su población obrera, trabaja en La Coruña o sus inmediaciones, importando de allí los avances coruñeses en el campo social.

Dos organizaciones, como en Coruña, se disputaban principalmente la hegemonía en la sindicación: la C. N. T. y la U. G. T.; siendo aquella la que en los últimos tiempos aparece más próspera y floreciente. Una y otra estaban en constante contacto con sus similares de la capital, y puede decirse que no hacen otra cosa más que ejecutar las órdenes que de allí reciben, y secundar ciegamente los movimientos que allí se producen.

La más insignificante revuelta de La Coruña tenía su repercusión en Cambre, como la tenía en Oleiros, en Sada, en Arteijo, en Carral y otros pueblos de la periferia, pudiendo en definitiva afirmarse, que el estado social de Cambre, se identificaba -salvo contadísimas características propias, que más que a los métodos afectaban a la amplitud de los mismos- con el de todos estos pueblos, y el de todos estos pueblos con el de la ciudad de La Coruña; y que, cuando Coruña aconsejaba la violencia, encontraba sus más decididos ejecutores en esta zona colindante. Por eso, en el año 1934, volaron los de Cambre, la vía férrea en una extensión de 18 metros, en el lugar conocido por "las Tejeras", momentos antes de pasar el exprés, riñendo luego batalla con la Guardia Civil en la estación; e hicieron en otras ocasiones sentir al pueblo las molestias de la paralización absoluta, con el consiguiente cierre de tiendas y comercios, y la prohibición de entrada y salida de mercancías.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

martes, 23 de marzo de 2010

Iñás (Oleiros): Candamio prueba una vez más su lealtad y gratitud

Francisco Candamio, el albañil de Sada, aquel humilde obrero que ya una vez demostrara cumplidamente su lealtad y gratitud al hombre que tantas veces le diera trabajo a él y pan a sus hijos, no tarda mucho en ofrecernos un nuevo testimonio de la nobleza de su alma.

D. José Pubul, era en Sada elemento destacado del Frente Popular, lo que no obsta para que hayamos de alabar como se merece su gallarda actitud en el caso de Candamio.

Triunfante el Movimiento, Pubul es detenido y llevado a la cárcel. Se entera Candamio, y corre a casa del Comandante Molina para decirle: "Hay que salvar a vida deste home que me salvou a miña" y... Pubul, fue puesto en libertad.

Pero... pasan los días, y la actuación de Pubul vuelve a ser llamada a juicio. Detenido de nuevo, es conducido al cuartel de Falange de Coruña. Candamio estaba cumplido: una vez había salvado, al que le salvara una vez; estaban por consiguiente en paz.

Sin embargo, él no lo entiende así. Marcha a La Coruña y, acompañado de su esposa se presenta a D. Arturo -así llama él siempre al Comandante Molina- e intercede de nuevo por el detenido.

-¿Por qué llevó Vd. a su esposa? -le preguntamos nosotros.

-Antes dixéralle eu a D. Arturo que D. José me salvara a mín; e dimpois, levei a muller, pra que lle dixese que D. José lle salvara os fillos, cand'os tivera enfermos (1).

También ahora surtió efecto la recomendación de Candamio y la intervención de Molina. Pubul fue puesto el libertad, y emprendió un camino de regeneración al servicio de la Causa de España.

(1) D. José Pubul era el médico del pueblo.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

lunes, 22 de marzo de 2010

Iñás (Oleiros): Asalto a la casa Molina

Parroquia filial de San Pedro de Nos, participaba Iñás, en el orden social, de las mismas características de aquella, ofreciendo de peculiar en lo que a los sucesos del Movimiento se refiere, el asalto a la casa del Comandante Molina.

Eran las ocho y cuarto de la mañana del lunes día 20 de julio, cuando ante la obra en construcción de los Sres. de Pan, se detenía un coche en el que viajaban unos cuantos hombres armados, que obligan a los obreros que allí trabajaban, a que dejen las herramientas y les sigan. Los llevan en dirección a La Coruña, de donde habrán de volver (los que vuelvan) maldiciendo de los canallas que les engañaron.

Van todos, menos uno que, aprovechando el pequeño barullo que se armó al prepararse los demás para subir al coche que les esperaba, logra burlar la atención general y, saltando un pequeño muro, huye a campo travieso en dirección a la casa de D. Arturo Molina, donde muchas veces había encontrado trabajo, y, temiendo vuelva a repetirse el intento de quemarle la casa ensayado ya unos meses antes, le entera de la gravedad de la situación.

El Sr. Molina no necesitaba más para comprender el peligro, e inmediatamente dispone la defensa del inmueble ayudado por un hijo suyo, por Candamio -así se llamaba el obrero noble y fiel- y otros dos hombres.

Colocan sacos terreros en las puertas y colchones en las ventanas, y se asigna a cada uno su papel: los hombres, que eran cinco, a la defensa; las mujeres -la señora de Molina y dos muchachas que no quisieron marcharse a pesar de ser invitadas a ello- a preparar y servir municiones.

Organizada ya la defensa, transcurre la tarde del día 22 en calma absoluta. Pasan y repasan con mucha frecuencia coches cargados de escopeteros, sin que se vislumbre ni la menor intención de molestar a los moradores de la casa; pero... llega la noche, y la cosa cambia completamente de aspecto. Los defensores se habían parapetado en las cercanías de la casa, y vigilantes estaban, cuando oyen el ruido que producen en su chocar con el suelo, unas piedrecitas lanzadas a modo de descubierta.

Ya estaban los asaltantes en acción, explorando el terreno, para cerciorarse de si el campo estaba libre, o si por el contrario había enemigo.

Lo había. De ello se convencieron al oír el estampido de sucesivas detonaciones, unas 25, producidas por otros tantos disparos que los defensores hicieron hacia el lugar de donde les pareció partieran las piedras exploradoras. En vista de ello, los revoltosos acabaron por retirarse a buscar sin duda nuevos refuerzos, que no se hicieron esperar.

A las tres de la tarde del día siguiente, 21 de julio, vuelven a presentarse cuando descansaban todos los defensores, menos Candamio, que estaba de centinela en una ventana, provisto de unos gemelos, un rifle y una corneta con que da la señal de alarma al descubrir la presencia de unos quinientos hombres armados que se aproximaban, al tiempo mismo casi que, cogiendo el rifle, encañona el grupo numeroso de asaltantes.

-No dispares, le dice Molina que llegaba en este momento acompañado de su hijo.

-"Arrancaron-ma escopeta -nos dice él cuando le interrogamos- si non... facía chicha".

Molina parlamenta con las turbas:

-¿Qué desean Vdes.?

-Que nos entregue las armas todas, incluso la ametralladora que tiene en casa.

-Yo no tengo más que dos escopetas que no entrego, porque las tengo para mi defensa. Efectivamente, ametralladoras no tenía.

-Pues entonces le cortaremos la cabeza y quemaremos la casa.

-¿Son amenazas? No sigan por ese camino, sino disparo.

Los asaltantes no quisieron oír más: todos ellos, como obedeciendo a una consigna, se parapetan aprovechando muros, árboles y todo lo que pueden, y empiezan a disparar desde todas partes.

Contestan los defensores con tiros de escopeta y pistola, pues el rifle se encasquillara al segundo disparo, y ya no pudo volver a ser utilizado. Querían impedir que los asaltantes se acercasen a la casa, para que sobre ella no hicieran blanco las numerosas bombas que tiraban; tan numerosas que, muy pronto, tuvieron que salir a buscar más dinamita, que siguieron lanzando contra la casa, en artefactos, algunos de los cuales tenía que ser manejado por dos individuos, ¡tal era su peso!

Siguió el duelo cada vez más enconado, hasta las cinco de la tarde en que, viendo el Sr. Molina que las municiones se agotaban, dispuso la evacuación de las mujeres, diciendo a la suya, que él saldría luego con dirección a Mera, desde donde pasaría a Coruña para ponerse al lado del Ejército.

Quince minutos después de haber salido las mujeres, cuya retirada protegieron los defensores, salieron éstos burlando la vigilancia de los atacantes, que descubrieron la retirada cuando ya los fugitivos estaban a más de dos kilómetros.

Al darse cuenta de que habían sido burlados, unos marchan con dirección a Mera, otros salen con dirección a Sada, pueblo de Candamio, mientras otros, los más y más aprovechados, entran en la casa donde roban, destrozan y queman finalmente todo lo que no pudieron robar ni destrozar.

Los que fueron a Mera, se encaminaron directamente a casa del médico, cuya amistad con Molina conocían, y después de un registro escrupuloso, se retiraron... dejando a Molina dentro. Metido estaba, y envuelto en paja, en un fayado de la casa.

Más afortunados los de Sada, cogieron a Candamio en su casa y lo llevaron al Ayuntamiento primero y después a la plaza pública, encañonado por numerosas pistolas, para rociarlo con gasolina y quemarlo vivo.

Lo hubieran hecho sin duda, sin la oportuna llegada de don José Pubul que, a codazos, pudo abrirse paso a través del círculo de fieras que rodeaban a Candamio, y, aprovechando el ascendiente que tenía sobre la masa obrera, se lo arranca de entre las garras y lo devuelve a su casa, escoltado por tres escopeteros, mientras él queda convenciendo calmando a la muchedumbre.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.