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miércoles, 7 de julio de 2010

Vigo: buscando la normalidad

Paralizada en absoluto la vida en la ciudad desde las primeras haras del día 20 (1), fue uno de los cuidados primeros del Comandante Militar procurar que cuanto antes volviera aquella a la normalidad, lográndolo rápidamente, con el auxilio de la Comisión Gestora nombrada por él el día 23 (2), y con el concurso de la Federación Patronal.

Las comunicaciones telegráficas y telefónicas, objeto también de sabotaje en los días que siguieron a la declaración del Estado de Guerra, quedaron pronto restablecidas, gracias al laudable esfuerzo de todo el personal de teléfonos y parte del de telégrafos.

Con la misma actividad, aunque no con tanta rapidez, fueron también reparados los destrozos causados por los revoltosos en la vía férrea de lugares cercanos a la ciudad, y reanudada la circulación ferroviaria.

De esta manera, y respondiendo siempre a enérgicas medidas de la Autoridad Militar, recuperó Vigo, en muy pocos días, el aspecto normal de gran ciudad productiva y trabajadora, que ya no volvió a perder.

Sería de destacar, si ya no lo estuviese suficientemente por los hechos relatados, la personalidad del Comandante Militar de Vigo, Teniente Coronel D. Felipe Sánchez. Este, tenía estudiados tres planes de defensa de la ciudad; uno para caso de huelga o algarada de poca importancia; otro para caso de revolución y uno tercero intermedio. Sabía muy bien que el 20 de julio no podría aplicar ninguno de ellos, por estar hechos a base del efectivo normal del Batallón (450 hombres), y la colaboración anticipada de las fuerzas de la Guardia Civil y Guardias de Asalto (3); no conocía a ciencia cierta la actitud que podrían adoptar otras fuerzas de la plaza (4); la potencia y formidable organización del enemigo, había podido apreciarse días antes con motivo del asalto a la casa del Comandante Cuervo (5), y sin embargo..., sin contar con unos ni consultar a otros (6), lanza su gente a la calle, no ciertamente a impulsos de una palabra empeñada con nadie, sino cediendo a imperativos de su propia conciencia, y llevado sólo de su acendrado patriotismo (7).

Vigo, tiene ciertamente mucho que agradecer a este hombre extraordinario..., a D. Felipe (como familiar y cariñosamente le llaman todos los vigueses), de quien se ha valido la Providencia para librar a la ciudad de una segura catástrofe, y sumar a la causa de España, una de las más importantes y codiciadas plazas de España (8).

(1) Luz, agua y pan no llegaron a faltar en Vigo. La conducción del agua fue volada por los rojos, pero quedó reparada antes de 48 horas, y la Panificadora trabajó en todo tiempo, custodiada por la fuerza pública.

(2) Integraban esta Gestora: D. José Giménez García, comisario de Guerra; D. Sebastián García Retuerta, Secretario de la Presidencia; don Manuel Canellas, servicio de Aguas; D. Luis de Vicente, de Pompas Fúnebres; D. Luis Ferrer Mariño, de pabellones sanitarios; D. Eugenio Fadrique González, de Hacienda; D. Hipólito Reguenga Borrajo, de Fomento; D. Ángel Reboreda García, de Gobernación; D. Alfonso Crespo Martínez, de Beneficencia y Sanidad; D. Juan Cerqueira Domínguez, de Cultura y Arte.

(3) En el Batallón había sólo 280 hombres, de los cuales, sólo 150 podían ser movilizados pues con el resto había de atenderse a la defensa de tres cuarteles, ordenanzas de la plaza y otros servicios.

(4) La Compañía de Carabineros destacada en Vigo, al mando del Capitán Sr. Guevara, se puso desde el primer momento al lado del Mando Militar sin titubeos ni reservas de ninguna clase, y los guardias de Asalto secundaron muy pronto las órdenes y disposiciones de la Comandancia.

(5) En una hora había movilizado todas sus fuerzas y servicios.

(6) -"No sería digno (le hemos oído decir a este respecto) de una Autoridad Militar, consultar anticipadamente uno por uno a Oficiales y Suboficiales, pues en toda unidad disciplinada, el Jefe debe siempre mandar y los demás obedecer, siendo aquel responsable de todo lo que ocurra. Claro que como yo solo no podía hacerlo todo, tres Oficiales me ayudaron a copiar el Bando tirado en la multicopista y guardar sus ejemplares; pero, sin hablarles ni exigirles en ningún momento su colaboración.

(7) ¿Estaba Vd., mi Comandante, comprometido con alguien para un Movimiento de esta clase? -Sí, lo estaba: con mi propia conciencia desde el octubre de Asturias, y dispuesto desde entonces, a secundar en todo momento cualquier actuación encaminada a remover las causas que tan desastrosos efectos habían producido.

(8) Merecen también mención especial los Oficiales Carreró y Pavón, eficacísimos auxiliares de D. Felipe Sánchez en aquellas difíciles jornadas.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

martes, 6 de julio de 2010

Vigo: detención de dirigentes

Desbaratada la chusma revolucionaria en la Puerta del Sol, se concentró gran parte de ella en la Casa del Pueblo situada en la calle de García Barbón, donde los rojos habían construido algunas barricadas sirviéndose de los adoquines que días antes levantaran allí los obreros, a pretexto de hacer obras de pavimentación, pero, con intenciones sin duda -por la inusitada actividad que en el trabajo desplegaron- de servirse de aquellos materiales para sus fines de resistencia.

A tomar estas barricadas y la Casa del Pueblo salió, momentos después de declarado el Estado de Guerra, la 2ª Compañía alojada en el Cuartel del Castro, con una sección de ametralladoras. Ninguna resistencia encontraron estas fuerzas en las barricadas, tras las cuales no vieron... ni la sombra siquiera de los defensores.

Tampoco de la Casa del Pueblo hicieron los fugitivos una defensa seria.

Batida la fachada principal por una ametralladora colocada en la parte alta de la calle de Alfonso XIII, no supieron sus numerosos ocupantes resistir la primera embestida de las tropas del Ejército, ante las cuales huyen despavoridos los marxistas, buscando la salida, incluso por las ventanas del edificio, camino acaso tan peligroso, pero más corto (1).

El Ayuntamiento fue igualmente tomado sin resistencia, y fue en él donde se hizo la más importante redada de elementos extremistas: El Alcalde y todos los dirigentes del partido socialista, como eran los hermanos Bilbatúa, el diputado socialista Seoane y otros, fueron allí detenidos, juzgados sumarísimamente, y fusilados más tarde.

A partir de la noche de este primer día de la nueva España en Vigo, empezó, desde los tejados de las casas situadas en el centro de la población e inmediaciones de los cuarteles, un tiroteo, que continuó aún después de organizados en el interior de la población y en las bocacalles de acceso a la misma los servicios de protección y vigilancia con soldados, Guardia Civil, Guardias de Asalto y Milicias armadas con mosquetones y pistolas que el Regimiento tenía en depósito.

Fue este tiroteo (muy intermitente pero sistemático), la única señal de vida que en el casco de la población dieron los rojos a partir del día 20 (2). Estos, viendo fracasado el movimiento dentro de la ciudad, se corrieron a las barriadas extremas, haciéndose fuertes de un modo especial en la de Lavadores y el Calvario, en las que fueron ampliamente batidos, como más adelante veremos.

(1) Dícese, que esntre los que de modo tan valiente salieron de la Casa del Pueblo, estaba también la célebre "Calesa", jefe de una célula comunista y vendedora de de lotería, que hacía gala de sus ideas llevando constantemente blusa roja.

(2) A la cuarta o quinta noche habían desaparecido también los "pacos" merced a las eficaces batidas dadas por los jóvenes de "Falange", que sorprendieron e hirieron de muerte a unos cuantos.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

lunes, 5 de julio de 2010

Vigo: se declara el Estado de Guerra

La huelga no se declaró a la hora señalada. Descubierta la trama perdía ésta en eficacia, y el día 20, a la hora de entrar al trabajo, la vida en Vigo ofrecía un aspecto casi normal.

Poco había de durar sin embargo la normalidad: Minutos después de las ocho de la mañana, quedaba implantada la huelga general.

El Comandante militar -libre ya de la preocupación que le causara la presencia del "Jaime" que, sin avisar su visita, entrara el día anterior en el puerto cuyas aguas abandonó en las primeras horas de la madrugada del lunes (1)- comunica a las diez de la mañana con la División, para enterar a sus superiores de todo lo ocurrido en Vigo hasta aquel momento (2).

A las once y media le llaman de la División:

-¿Quién habla?

-El Jefe accidentar de la 8ª División Coronel Cánovas.

-A sus órdenes, mi Coronel.

-Declare Vd. inmediatamente el Estado de Guerra. Y, sin más explicaciones, cortaron la comunicación.

¿Sería verdad? D. Felipe Sánchez, en fuerza de tanto desearlo, no podía creerlo. La orden relámpago parecía sospechosa... D. Felipe, con temor de que sus sospechas se confirmasen, llama pasados unos minutos a la División para confrontar la orden recibida y, comprobada su autenticidad, juntó las manos, y dirigiendo al cielo una mirada en que se reflejaba toda su fe en Dios y todo su amor a España, exclamó: ¡ya era hora Dios mío! ¡Viva España! (3).

Seguidamente habla por teléfono (4) al cuartelillo de los Guardias de Asalto, y ordena que uno de los dos oficiales que mandaban aquellas fuerzas, se presentara en el cuartel de la cárcel, "para donde salía también él", acompañado de un cabo y cuatro soldados.

Al pasar por las inmediaciones del cuartelillo con el que acababa de comunicar, destacó a uno de los soldados de la escolta para que, acercándose allí, dijese a los Guardias que avisaran al otro Teniente que, de orden del Comandante, se personase también él en el Cuartel a donde su compañero había sido citado. ¡Eran los únicos entre todas las fuerzas de Vigo, de quienes se sospechaba (con sobrado fundamento) harían abierta oposición a toda empresa dirigida contra el Frente Popular!

Ya en el Cuartel de la Cárcel (5) el Comandante, llama al Capitán Carreró y le ordena prepare su compañía y salga inmediatamente a proclamar el bando declaratorio del Estado de Guerra (6).

La masa obrera seguía mostrándose impaciente y provocadora por las calles de la ciudad, y en las inmediaciones del Cuartel veíanse numerosos grupos observando una actitud sospechosa por demás. No pasó esto desapercibido al Comandante, quien dispuso salieran tres soldados a situarse sobre la terraza de una casa que existe frente al Cuartel, para que protegiesen la salida de la compañía-Carreró, mientras otros tres lo hacían desde la terraza de la casa llamada de "Esmeralda".

Dejemos al Comandante dedicado a la tarea de desarmar y detener a los dos oficiales de Asalto que ya llegaran al Cuartel (7), y a la de atraer después a la gente de este cuerpo que parecía indecisa (8), y acompañemos al bravo y malogrado Capitán Carreró, en la difícil y peligrosísima misión que le han encomendado.

Del cuartel del Regimiento de Mérida (edificio-cárcel) salió el Capitán Carreró seguido de un insignificante pelotón de soldados. Apenas en la calle, se vio rodeado de un crecido número de curiosos (llamémosles así) que superaba en mucho al número de hombres que llevaba.

Fijado el primer bando en la fachada de la casa que ocupaba la Comandancia de la Guardia Civil en Urzáiz, bajó la Compañía por esta calle hasta la encrucijada que forma Colón con la de Uruguay, en donde tuvo lugar la segunda lectura.

El populacho aumentaba cada vez más y continuaba siguiendo y estrechando a los soldados que soportaban estoicamente los destemplados gritos de ¡U. H. P.!.... ¡U. H. P.!.... con que la masa desorientada al parecer respecto a la actitud del Ejército, acompañaba el marcial desfile de la tropa.

Continúa ésta, calle de Colón abajo; dobla por la de Policarpo Sanz, y, al llegar a la Puerta del Sol (seguida siempre por la muchedumbre que había engrosado extraordinariamente) procede a proclamar por tercera vez el bando de guerra. Lo lee el Teniente ayudante, cuando, destacándose de la multitud un tal Lence, agente de Comercio, se abalanzó sobre aquél, e intenta quitarle el sable al mismo tiempo que le arrebata el bando. ¡El osado pagó allí mismo con la vida su locura, mientras los soldados -formando cuadro a la voz de su Capitán para defenderse de la avalancha de gente que les venía encima- hacen uso de sus fusiles, siendo contestados sus disparos por una infinidad de tiros de pistola y escopeta que partían de todas partes! (9)

La refriega fue rápida... pero cruenta (10). Así lo entendió también el Capitán de la Compañía que, de regreso al Cuartel cumplida su misión, entera al Comandante con estas palabras: -"Me he visto en la precisión de hacer fuego por haber sido insultada y agredida la fuerza por el público, y hemos hecho mucha sangre".

(1) No sin motivo preocupó a D. Felipe Sánchez la entrada del "Jaime". Tenía noticias de que de un momento a otro iba a recibir órdenes de declarar el Estado de Guerra y... la actitud de la Marina, era muy sospechosa y muy temibles los cañones del "Jaime".

(2) Recibió esta referencia el Comandante de E. M. Sr. Alonso, que poco después era detenido con Salcedo Molinero.

(3) No hablamos de memoria. Hemos tenido el honor de ser recibidos por este bravo militar de cuerpo pequeño y alma grande, y hemos visto como, al llegar a este punto de su relato, se transformaba su semblante, y todo su ser experimentaba un estremecimiento de significado indescriptible, cual si en efecto estuviese aún viviendo aquellos momentos emocionantes y decisivos.

(4) Aquí, como en otras ciudades, tampoco se acordaron los marxistas de cortar el teléfono. Se contentaron con incautarse de la Emisora de Radio, desde la que, y bajo la jefatura del Cónsul de Méjico Sr. Miguélez, lanzaban proclamas incitando al pueblo a que se armase, y anunciaban el triunfo del Gobierno de Madrid en todas partes.

(5) En donde quedó establecida la Comandancia trasladándola del local que ocupaba en la calle de Colón, muy reducido para aquellas circunstancias.

(6) El bando estaba ya previsoriamente redactado e impreso en la multicopista del Batallón, pues no se creyó prudente tirarlo en imprenta alguna.

(7) Estos, interrogados, contestaron que ellos no obedecerían más órdenes que las emanadas del Gobierno de Madrid.

(8) Luego que salió del cuartel la Compañía encargada de proclamar el Bando, salió también el Comandante acompañado de dos soldados dirigiéndose al cuartelillo de los Guardias de Asalto, a los que encontró armados y formados, con centinelas en las bocacalles próximas. Habló a los Guardias sobre los motivos que impulsaban a declarar el Estado de Guerra y les exhortó a que, como siempre, obedecieran a la Autoridad Militar y cumplieran con su deber. -¿Estáis dispuestos a secundarme? Un fervoroso y unánime ¡Viva España! contestó la pregunta del Comandante.

(9) Había en la calle, entre los verdaderos revolucionarios, una porción de curiosos que fueron los primeros en escapar, metiéndose algunos de cabeza a través de los cristales de los escaparates.

(10) Entraron en la Casa de Socorro unos 40 heridos, de los que 12 o 14 salieron cadáveres. Además, al Sanatorio del Sr. Troncoso fueron conducidos también algunos para ser allí asistidos de primera intención.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

domingo, 4 de julio de 2010

Vigo: la Comandancia Militar, enemigo "número uno" de los revolucionarios

Las fuerzas de la revolución apenas si tenían enemigo en la ciudad de la Oliva. Poco más de un centenar de falangistas que tenían que trabajar en las sombras, y algunos elementos de la J. A. P. muy entusiastas, muy patriotas, pero poco asistidos de la clase adinerada, eran muy poco, con toda su fortaleza y su gran corazón, para enfrentarse con las nutridas huestes del Frente Popular. Con todo, los muchachos de la contrarrevolución no se detuvieron ante las dificultades, ni se desalentaron ante el número.

Conocidos los propósitos del enemigo, intensificaron las reuniones a partir sobre todo del asalto a la casa del Comandante Cuervo, estratagema preparada por los partidos de izquierda para efectuar un recuento de fuerzas y ensayar su movilización, aprovisionamiento, etc. etc. (1), que por cierto resultó un verdadero modelo de en rapidez y organización.

La antirrevolución tenía sus reuniones en el Hotel Moderno, en la Plaza de Portugal o en donde las circunstancias aconsejaban. Muchos comentarios, mucho entusiasmo, mucho corazón como ya antes hemos dicho, pero... faltos sus defensores de recursos económicos que les fueron simplemente prometidos por las personas más obligadas a proporcionárselos, llegó el movimiento, y los encontró completamente desprovistos de armas.

El Frente Popular, soliviantado por las noticias que de África se recibían, comenzó el 18 de julio a repartir armamento que se guardaba en un túnel del ferrocarril y otros lugares. Algunos de aquellos escondites habían sido descubiertos por elementos de la J. A. P., que, llegado el momento, destacó unos cuantos jóvenes para que, en servicio de requisa, visitasen los tales depósitos. Lo hicieron; pero no estaban acostumbrados a estas operaciones de despojo, y, a pesar de que allí había armas, la sección de requisa, no dio con ellas. La J. A. P. pues, y Falange, no obstante sus mejores deseos e innegable patriotismo, no constituía un peligro para el triunfo de la revolución en Vigo.

El peligro para los marxistas estaba en la Comandancia Militar. Esto lo sabían ellos, y por eso trataron de inutilizar al Comandante D. Felipe Sánchez y asaltar la Comandancia, antes ya de proceder a la implantación de la huelga general.

A la caída de la tarde del día 19 de julio, el Comandante sería llamado al Ayuntamiento con cualquier pretexto, y allí sería secuestrado; grupos especializados procederían inmediatamente al asalto de la Comandancia, y a las dos de la madrugada del lunes 20, quedaría declarada la huelga general revolucionaria. Esto dispusiera el Comité del F. P. en Vigo, sin contar con que la trama había de ser descubierta, antes de que pudiera desarrollarse.

A las cuatro de la tarde del domingo, el Comandante don Felipe Sánchez, enterado de todo por un confidente, se trasladó del cuartel al castillo de San Sebastián con el Oficial de Comandancia y oficinas Militares, y con toda la documentación importante. A las seis fue llamado telefónicamente por el Alcalde de la ciudad Sr. Martínez Garrido, quien le dice, había llegado a su conocimiento que en los cuarteles del Batallón se propagaba la especie de que en la madrugada del día siguiente iba a declararse la huelga general y que esto no era exacto. -"Quien tal diga (continúa) falta descaradamente a la verdad. Yo había de agradecerle Comandante, se personase Vd. enseguida aquí en el Ayuntamiento, para hablar de esto y otras cosas".

-Siento no poder complacerle accediendo a sus deseos, porque, por orden del General de la División, estoy acuartelado desde el día de ayer; pero... ¡venga Vd. al Cuartel si tiene alguna cosa que comunicarme!

-Yo (repone el Alcalde) tampoco puedo salir, porque... también estoy acuartelado.

No sabemos si entraba en sus propósitos emplear nuevos argumentos para decidir al Comandante, porque éste, violentamente y sin despedirse siquiera de su amable interlocutor, cortó la comunicación.

(1) En el asalto de la Casa de Cuervo (escogida al azar como pudieron haber elegido otra cualquiera, pues el objeto era armar lío) unos obreros pertenecientes al grupo de asaltantes, (nuestro informante, prestigioso ingeniero, cuyo nombre lamentamos no poder consignar, conoce testigos de vista) dispararon desde la acera de enfrente sobre un pobre mendigo a quien causaron la muerte, tomando de ello ocasión para achacar el hecho al Sr. Cuervo, quemarle la casa, y armar el premeditado escándalo que moviese a la masa y facilitase el ver como funcionaban los resortes.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.

sábado, 3 de julio de 2010

Vigo: estado social

En la ciudad de Vigo existían, al estallar el Movimiento, 43 secciones en la Casa del Pueblo, correspondientes a los diversos oficios y profesiones, con un total de 5.985 asociados pertenecientes a la U.G.T. que, lo mismo que en Pontevedra, dominaba intensamente, constituyendo con la capital una zona considerada por Prieto como el reducto más firme y poderoso del socialismo español, con preferencia (relativa) hasta a Madrid y Asturias.

Fuera de la Casa del Pueblo, hallamos la Sociedad "Unión de Trabajadores de las Fábricas de conservas" con 3.245 socios pertenecientes también a la U. G. T., con exclusión de unos 750 que, dentro de esta misma organización, se habían constituido en cantón comunista. "Agrupación de Trabajadores de la Industria Pesquera y sus derivados de Vigo y sus contornos" eran también, con sus 2.600 afiliados, tributaria de la U. G. T.

La C. N. T. apenas si llegaría a los 800 afiliados: poca gente para las tres secciones en que se dividía.

El partido comunista estaba en condiciones de poder medir sus fuerzas con las de la C. N. T., aportando sus 750 socios al Frente Popular, que podía alardear de tener en Vigo más de 14.700 militantes y defensores.

De todos ellos, eran los comunistas los que más actividad desplegaban, en lo que a campañas revolucionarias se refiere. Constantemente -en los tranvías, debajo de las puertas, o simplemente abandonadas en las calles- aparecían hojas clandestinas incitando a la rebelión y glorificando a los revolucionarios de Octubre.

En una carta recogida meses antes del movimiento por agentes de la Guardia Civil, se daban instrucciones muy ingeniosas para el reparto de esta propaganda, con el menor riesgo para los repartidores. "Lucha contra el fascismo y contra la pena de muerte", era el lema preferido de la propaganda clandestina.

Aparte de esta clase de tribuna, tenían los comunistas de Vigo, como los de las demás ciudades de Galicia, otra más eficaz acaso, y desde luego más al alcance de todas las fortunas: En las fachadas de las casas, en las aceras, en los postes del alumbrado, en las carreteras y hasta en los árboles y piedras del campo abundaban los letreros con máximas comunistas y, toscamente dibujados, aparecían en todas partes la hoz y el martillo.

A la actividad comunista se juntaban los trabajos del "Socorro Rojo Internacional", que actuaba en Vigo siguiendo las instrucciones generales de la organización (1). Y si a esto añadimos la constante, abierta y descarada preparación bélica a que venían entregándose las masas socialistas -desbordadas ya a pesar de su superioridad numérica por la C. N. T., presa a su vez en las mallas comunistas (2)- tendremos una idea aproximada al menos, de la situación social de Vigo en julio de 1936.

(1) Anotamos a continuación las principales instrucciones:

1º Cada grupo de base designará un camarada que llevará una relación de todos los militantes del grupo, de una manera sólo legible para él; ésta será bien guardada. Este camarada figurará en la relación de camaradas, que el Comité local debe tener secretamente y en poder de un camarada no responsable y además bien simpatizante, para evitar su detención.

2º Caso de la detención de un Comité local o clausura de un local de éste, los secretarios de organización de grupo de base, se reúnen, y con la lista en su poder, constituyen un nuevo Comité local, que debe ser sólo conocido por los miembros responsables de cada grupo.

3º La forma de evitar la represión es la constitución de los grupos en los lugares de trabajo. Allí se puede seguir trabajando y se evita la represión.

4º En las fábricas y talleres, deben organizarse mítines volantes, a cargo de camaradas de otros grupos, para que el camarada que hable no sea conocido por obreros de aquella empresa.

5º Inmediatamente de ocurrir un golpe de fuerza contra las organizaciones del S. R. I. (Socorro Rojo Internacional) deben utilizarse todos los medios para hacer llegar a una dirección segura al C. E. (Comité de Enlace) a fin de que éste continúe su labor de dirección nacional. De todas partes de España pueden dirigirse cartas a camaradas destacados de diferentes organizaciones de Madrid, con el ruego de hacerlas llegar al C. E. del S. R. I.

6º En caso de la detención de miembros responsables, estos deben ser reemplazados por otros. Esto debe hacerse dentro de las 24 horas siguientes.

7º Para el enlace de las organizaciones de base, se utilizará a los camaradas probados de la organización por su compatibilidad y por su confianza política, y aquellos que son menos conocidos de la Política.

8º De todos los manifiestos, pasquines y carteles que editen los Comités locales, deben remitir al C. E. N. siempre cinco ejemplares para su archivo y para remitir al C. E. I.

9º Asimismo, se deben remitir dos ejemplares de toda la prensa obrera de la localidad sea de tendencia que sea.

(2) Con motivo de la huelga de los metalúrgicos, formaron un frente único la U. G. T. y la C. N. T. de Vigo, que estaba en manos de comunistas. Al efectuarse la unión, los elementos de la C. N. T., no más numerosos, pero sí más atrevidos y siguiendo las orientaciones de Largo Caballero, se impusieron y preponderaron en el F. P., desbordando a Viana, dirigente de Izquierda Republicana, que no pudo contenerlos.

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Texto procedente de la obra del canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, Revdo. P. D. Manuel Silva Ferreiro, Galicia y el Movimiento Nacional: paginas históricas, 1938.